¿Quién es Lyndon H. LaRouche?

11 de may de 2007

Lyndon H. LaRouche, devino, a lo largo de los setenta y los ochenta, una de las personalidades políticas internacionales más controvertidas de su época. La controversia, que abarca también cuestiones como su lucha por destruir el narcotráfico internacional y su papel iniciador en la formulación del programa que el presidente Ronald Reagan anunció el 23 de marzo de 1983 y que vino a conocerse como Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), tiene sus raíces en cuestiones político-económicas no sólo internas de los EU, sino mundiales.

La renovada demostración reciente de su calificación excepcional como pronosticador económico de largo plazo lo ha ubicado en el centro de la crisis sistémica general de la economía mundial, que hace erupción en la actualidad. Así que lo que viene al caso, a modo de currículum vitae, es aquello que ubique su carrera en relación con su papel real y potencial en los esfuerzos por resolver la crisis mundial presente.

LaRouche como economista

La posición de LaRouche como economista de renombre internacional y sus éxitos excepcionales como pronosticador de largo plazo resultan de sus descubrimientos originales de principio físico, que se remontan a un proyecto realizado en 1948–1952. Estos descubrimientos surgieron de su oposición a los intentos del profesor Norbert Wiener, devoto de Bertrand Russell, de aplicar a la comunicación de ideas la llamada "teoría de la información", como lo hizo en su libro de 1948 Cybernetics. Como parte del mismo proyecto, se opuso a los intentos de otro devoto de Russell, John von Neumann, de degradar los procesos económicos reales a soluciones de sistemas de desigualdades lineales simultáneas.

Como resultado de ese proyecto, LaRouche introdujo explícitamente nociones axiomáticamente alineales de cognición humana individual a la ciencia de la economía física fundada por la obra correspondiente de 1671–1716 de Godofredo Leibniz. La propia obra de LaRouche localizó el factor alineal determinante del aumento de la densidad relativa demográfica potencial de la sociedad en las relaciones de las que es ejemplo el papel del principio de las máquinas herramienta de ligar los experimentos que hacen para demostrar un principio con el perfeccionamiento de diseños tanto de productos como de procesos productivos.

En la búsqueda subsecuente de una norma métrica para este estudio del papel funcional de la cognición, LaRouche adoptó el punto de vista de Leibniz, Gauss y Riemann, según lo expresa la disertación de habilitación de Bernhard Riemann de 1852. Por eso, la aplicación de conceptos riemannianos a los propios descubrimientos de LaRouche vino a conocerse como el método LaRouche-Riemann.

Su obra se conoce sobre todo por el buen éxito de dos pronósticos de largo plazo. El primero fue elaborado en 1959-1960; pronosticaba que, de persistir los supuestos axiomáticos de la política de las presidencias de Truman y Eisenhower, el segundo lustro de los sesentas sufriría una serie de crisis financiero-monetarias internacionales que llevarían a la ruina de los acuerdos de Bretton Woods. Eso fue lo que ocurrió en el intervalo entre la devaluación de la libra esterlina de noviembre de 1967 y el rompimiento de los acuerdos de Bretton Woods del 15 y el 16 de agosto de 1971.

El segundo pronóstico se basó en las implicaciones de ese rompimiento de 1971. LaRouche pronosticó que, si las potencias dominantes recurrían a una combinación de formas monetarias cada vez más rapaces de medidas de austeridad, el resultado sería no una nueva crisis cíclica, sino, más bien, una crisis sistémica, una "crisis general de desintegración" del sistema global. Desde la crisis del mercado de valores estadounidense de octubre 1987, y las decisiones estratégicas, económicas, financieras y monetarias del lapso 1989–1992, el sistema financiero-monetario mundial quedó atrapado en la serie de sacudidas sísmicas que tienen lugar en la actualidad y que expresan esa crisis sistémica mundial o de "desintegración general".


Personalidad de polémica política

La obra y las actividades de LaRouche como economista siempre han confluido, desde que prestó servició militar en la India de la posguerra, con su adhesión permanente a lo que se ha llamado a menudo "un nuevo orden económico mundial justo": la urgencia de asegurarle a las que se llama a veces "naciones del Tercer Mundo" su pleno derecho a la soberanía nacional perfecta y al acceso al mejoramiento de sus sistemas educativos y economías aprovechando la ciencia y la técnica más adelantadas. A este respecto, LaRouche ha continuado la pelea contra la política del Imperio Británico y su Mancomunidad que tuvo, por los mismos motivos, el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt con el primer ministro de la Gran Bretaña de la época de la guerra, Winston Churchill.

En el mismo sentido, se opuso a los moldes políticos que en economía y asuntos conexos siguieron los gobiernos de los presidentes Truman y Eisenhower, y Nixon, Carter, Reagan y Bush (más notablemente). Hoy en día, en la política económica interna y externa de los EU, su postura se ejemplifica por su oposición indomable a las directrices pertinentes de Henry A. Kissinger, del Wall Street Journal de Robert Bartley, y de los doctrinarios neomaltusianos en general. En estas cuestiones de política interna y externa de los EU, LaRouche está alineado con la tradición de lo que se conoció otrora como "sistema americano de economía política", tradición patriótica antibritánica representada por la orientación de Benjamín Franklin y de adversarios de los dogmas del apologista de la Compañía de las Indias Orientales británica Adam Smith como el secretario de Hacienda de los Estados Unidos Alexander Hamilton, Mathew y Henry Carey, de Filadelfia, Friedrich List y el presidente Abraham Lincoln. LaRouche siempre ha apoyado la clase de medidas "dirigistas" propias de esa tradición del sistema americano, y la importancia que le da dicha tradición al fomento de la inversión en el progreso científico y técnico, así como al desarrollo de la infraestructura económica básica, en contra del "libre cambio" y dogmas semejantes de la escuela de Haileybury y la escuela positivista.

Desde sus estudios de 1948–1952, LaRouche siempre ha situado la base política profunda de la oposición entre los dos campos modernos de la política económica en la lucha de las fuerzas que encuentran su interés propio en la economía nacional, como los granjeros, los empresarios industriales y los trabajadores, en contra de esos intereses financieros oligárquicos que saquean a la economía nacional por medio de mecanismos de usura financieros y análogos.

En un aspecto conexo, LaRouche ha localizado la importancia histórica excepcional de la Revolución Americana y de la Constitución federal de los EU en el hecho de que, aunque las ideas de la Revolución Estadounidense fueron producto de la tradición europea del Renacimiento del siglo 15, la América del Norte estaba a la apropiada distancia estratégica de una Europa todavía dominada por esas combinaciones de aristocracia terrateniente feudal y oligarquía financiera feudal de las que es ejemplo la alianza Castlereagh-Metternich en el Congreso de Viena. De modo que los Estados nacionales de Europa surgieron principalmente como reformas cuasirrepublicanas parlamentarias dentro de naciones todavía regidas desde arriba por oligarquías feudales, como el Reino Unido, en vez de verdaderas repúblicas como la república federal estadounidense de 1789.

A este respecto, apenas LaRouche empezó a cobrar cierto grado de influencia política, primero dentro de los Estados Unidos y luego en el extranjero, entró en un conflicto político cada vez más acre con los sectores oligárquicos financieros y sus lacayos, tanto en los EU como en otros países. En los EU, se trata de una combinación de familias oligarcas ligadas, en el pasado, a los traficantes de opio de Nueva Inglaterra, banqueros de Manhattan de la tradición de Aaron Burr, Martin van Buren, August Belmont y J. P. Morgan, y aquéllos que se aferran a la tradición esclavista sureña.

Además, desde 1964–1972, LaRouche ha sido organizador destacado de la oposición al cambio de paradigma cultural de 1964–1972. Al respecto, se ha vuelto blanco importante de la acre enemistad de ideólogos de una variedad de sectas de la Nueva Era como la contracultura del rock, las drogas y el libertinaje sexual, los utopismos "posindustriales" en general y las formas "neomaltusianas" de las anticientíficas modas "ambientistas".

Como resultado de ello, LaRouche ha sido blanco de una serie de intentos conocidos de eliminarlo, hasta físicamente, ejecutados por toda clase de entidades oficiales y privadas dentro y fuera de los EU. De esos intentos son ejemplo el complot que dirigiera en 1973 el Negociado Federal de Investigaciones (FBI) de los EU, según se admite en documentos oficiales dados a conocer posteriormente, y la operación oficial estadounidense de 1983–1988 ejecutada al amparo de la orden presidencial 12333.


Campañas por puestos públicos

Desde 1976, LaRouche ha hecho campaña varias veces por el cargo de presidente de los Estados Unidos; siete veces, ha contendido por la candidatura presidencial del Partido Demócrata. En estos momentos, contiende por la candidatura presidencial de dicho partido para el año 2004. En cada una de las campañas respectivas de 1976, 1980 y 1984, el motivo central fue el mismo: la inevitabilidad práctica de un descenso prolongado en la crisis financiera y monetaria sistémica mundial, a menos que se adoptara cierto género específico de cambios de política económica, financiera, monetaria y social. En 1988, el tema de la campaña fue la caída inminente del sistema soviético —y la posible reunificación de Alemania a corto plazo—, que empezaría en Europa Oriental ya en 1989. En 1992, el tema fue el hecho de que se había iniciado la avalancha financiero-monetaria que amenazaba con producir un descarrilamiento financiero y monetario general en algún momento de la misma década. En 1996, ese estallido de una crisis sistémica financiero-monetaria mundial general era inminente. Las premisas ofrecidas para esta perspectiva fueron siempre las mismas, la posibilidad a largo plazo de una crisis de desintegración, prevista en las circunstancias del rompimiento de 1971 de los acuerdos de Bretton Woods.

En cada una de esas campañas, el remedio propuesto fue siempre el mismo: una reforma fundamental de los sistemas económico, financiero y monetario del planeta, con el acento en: a) el retorno a los mejores rasgos del sistema de Bretton Woods de los cincuentas; b) el reemplazo general del sistema de banca central con el tipo de banca nacional que el secretario de Hacienda de los Estados Unidos Alexander Hamilton le atribuyó a las implicaciones de la Constitución federal de los EU; c) un nuevo orden económico mundial justo en tanto nueva clase de asociación entre Estados nacionales soberanos; d) preferencia por el desarrollo en gran escala de la infraestructura económica básica, la producción suficiente de abastos y el fomento del aumento de la productividad per cápita por medio de la inversión en el progreso científico y técnico.

Un rasgo importante de las campañas de 1976–1984 fueron las proposiciones de medidas de cooperación científica y técnica entre los EU y la URSS, para realizar lo que el doctor Edward Teller calificó, a fines de 1982, de "propósitos comunes de la humanidad". Descuella entre esas proposiciones la versión original, de 1979, de la "Iniciativa de Defensa Estratégica" (IDE), incluida entre los puntos principales de la campaña de 1980 por la candidatura demócrata. En 1988, la IDE fue sustituida con un programa de "alimentos por la paz", basado en la previsión de que Europa oriental y la Unión Soviética sufrirían una crisis económica en cascada a partir de 1989. Para el 2000, la campaña se dirigió en lo principal a fomentar la pronta creación de un Nuevo Bretton Woods, con eje en la cooperación entre los presidentes de los EU y China, mucho antes de que llegara el año 2000. La campaña actual se propone auspiciar que el presidente actual de los EU realice ese objetivo. La finalidad es establecer una nueva forma de estabilidad financiera y monetaria mundial, congruente con los principios de un nuevo orden económico mundial justo, que se instaure a tiempo de impedir que el proceso actual de desintegración financiera, monetaria y económica hunda al planeta, muy pronto, en una era de tinieblas planetaria.


Ciencia y arte clásico

El rasgo central de todas las actividades de LaRouche es la gran importancia que le concede a las facultades cognoscitivas soberanas de la mente humana individual de cuyas funciones son mero ejemplo los descubrimientos comprobados de principios físicos. Desde sus descubrimientos originales de 1948–1952, siempre ha subrayado que los procesos de los que brota el descubrimiento de principios físicos son de naturaleza idéntica a aquéllos de los que brota la composición de metáforas en las grandes composiciones en las formas clásicas de poesía, música, tragedia y artes plásticas. LaRouche adquirió este punto de vista cuando rechazó el dogma romántico de Emmanuel Kant en la estética. En consecuencia, rechaza las nociones empiristas, cartesianas y positivistas tanto de la "ciencia objetiva" como de la separación entre la ciencia y el arte. Considera que la ciencia y el arte son intrínsecamente subjetivos, y no objetivos, o sea, la generación subjetiva de principios científicos objetivamente comprobables, de nuevas ideas engendradas como soluciones de metáforas.

Fueron éstas las consideraciones principales que lo llevaron a participar en la creación de una asociación científica, la Fundación de Energía de Fusión, a mediados de los setenta, y a apoyar el que su esposa, Helga Zepp LaRouche, fundara el Club de la Vida y el Instituto Schiller, en los ochenta. En los ochenta, puso en marcha un proyecto para aclarar ciertos principios decisivos de la composición de música clásica y su ejecución, proyecto del que resultó un importante libro. LaRouche trabaja actualmente con algunos de sus colaboradores en la formulación de mejores métodos de enseñanza, basados, entre otros, en modelos pedagógicos derivados de la obra científica de la cultura clásica griega, Leonardo da Vinci, Johannes Kepler, Gottfried Leibniz, Carl Gauss y Bernhard Riemann. El principio que subyace en este esfuerzo es que el educando debe conocer, en vez de meramente aprender, la materia reproduciendo el acto original de descubrimiento de un principio de tal manera que reexperimente los procesos mentales empleados por el descubridor original de ese principio. Ésta es la definición de LaRouche del método humanista clásico de educación.

 

Datos biográficos

 

Nacimiento: 8 de septiembre de 1922, en Rochester, Nueva Hampshire, EU.

Padres:    Lyndon Hermyle LaRouche, padre, consultor técnico internacionalmente conocido de fabricantes de calzado; Jessie Weir LaRouche.

Casado:    Diciembre de 1977, con Helga Zepp LaRouche, oriunda y ciudadana de Alemania; experta en Nicolás de Cusa y Federico Schiller; fundadora y directora del Instituto Schiller; personalidad política de Alemania.

Hijos:    Daniel Vincent LaRouche, nacido en agosto de 1956; especialista en procesamiento de datos.


Instrucción

Escuelas públicas de Rochester, Nueva Hampshire, y Lynn, Massachusetts; asistió a la Universidad del Noreste en 1940, 1941, 1942, 1946, 1947.

 

Servicio militar:

Ejército de los EU, 1944–1946; prestó servicio en India y Birmania.

 

Experiencia profesional:

Consultor gerencial, economista, 1947–1948, 1952–1972. Fundador (1974) del semanario Executive Intelligence Review; cofundador (1975) de la Fundación de Energía de Fusión; miembro del Instituto Schiller.

 

Libros:

¿Así que quieres aprender economía? (1984, 1995); La ciencia de la economía cristiana (1991).

 

Actividad política:

Contendiente por la candidatura del Partido Demócrata a la Presidencia de los EU: 1980, 1984, 1988, 1992, 1996, 2000, 2004.

Candidato del Partido Laboral a la Presidencia de los EU, 1976.

Candidato a representante federal, Virginia, 1990.

 

Condena

Declarado culpable de conspiración en diciembre de 1988, y encarcelado por ello de 1989 a 1994, en un juicio político que el jurista alemán profesor Friedrich A. Freiherr von der Heydte dijo en 1989 que era comparable con el escándalo del caso del capitán Alfred Dreyfus, de Francia: "Todo lo que hemos podido averiguar acerca del juicio contra Lyndon H. LaRouche no ha sido más que otro doloroso recordatorio de que la explotación del sistema judicial para alcanzar fines políticos es, por desgracia, un método usado repetidas veces en nuestros días tanto en Occidente como en Oriente". Ante una comisión que investigaba el mismo caso, el ex procurador general de los EU Ramsey Clark declaró el 2 de septiembre de 1994 que el caso LaRouche "representó una gama más amplia de ardides deliberados y atropellos sistemáticos, empleando el poder del gobierno federal, por un período más prolongado, que cualquier otro proceso incoado por el gobierno estadounidense en mi vida o que yo conozca".