Un 'milagro económico' alemán para Europa y el mundo entero

28 de agosto de 2012

por Kasia Kruczkowski

28 de agosto — Este artículo forma parte del Programa para un milagro económico en Europa del Sur, la región mediterránea y África. ¡Hay vida después del euro![1] que publicó EIR bajo la coordinación de Helga Zepp-LaRouche.

La experiencia de Alemania en la reconstrucción de posguerra nos brinda un ejemplo para estudiar cómo un sistema de crédito orientado a la producción, en vez de un sistema monetarista, permite que se reconstruya una nación rápidamente luego de su total destrucción. Los principios todavía se aplican hoy a los países del Mediterráneo.

La prosperidad de Alemania y su economía sólida se construyeron después de la Segunda Guerra Mundial bajo condiciones muy difíciles. La reconstrucción de la economía alemana, que se conoció como el "milagro económico", hoy la denigran a menudo los defensores del actual sistema, como algo que era inevitable, dada la destrucción total del país y la angustia profunda en ese momento. Tales argumentos, en realidad, evitan entender cabalmente los principios económicos aplicados en ese tiempo y han impedido el cambio de rumbo pertinente tan urgentemente necesario ya desde hace décadas, por alinearse con los intereses de los agentes globales del sistema.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la situación en Alemania era catastrófica: La mayoría de la infraestructura estaba destruida; en gran parte se desplomó el suministro de electricidad y combustibles para calefacción para la industria y la población; las raciones de comida eran pocas; y millones de refugiados del Este salían hacia las ciudades bombardeadas, donde más de un cuarto de las viviendas existentes eran inhabitables. La situación financiera no estaba mejor.

Alemania no era considerada solvente, y el gobierno no podía emitir bonos en los sistemas financieros internacionales para conseguir liquidez. Imponer una política de austeridad —que estúpidamente hoy se alaba como cura universal— era imposible por obvias razones.

¿Cómo es qué Alemania, en ese estado, iba a ganar la "confianza de los mercados"? Y más importante, ¿cómo iba a recuperar la confianza de la población en el futuro económico del país y de toda Europa?

No obstante, para finales de 1950, Alemania se había convertido en una de las principales potencias económicas y en un buscado socio en los mercados de exportación. Del desempleo masivo, después de la guerra, el país pasó al empleo pleno para finales de los 1960 (¡se crearon 7 millones de empleo en 7 años!). Incluso la deuda externa se pagó por adelantado, y al mismo tiempo, se elevaron tanto las inversiones como los niveles de vida.

No fue sólo la necesidad apremiante lo que condujo la reconstrucción, sino la determinación apasionada de la población, y la política de reconstrucción del gobierno, respaldado por el uso prudente de los fondos del Plan Marshall. Entre 1948 y 1952, entraron a Alemania cerca de $1.600 millones (cerca de 4 mil millones de marcos alemanes). Esta ayuda se puso a disposición de las empresas y de las comunidades locales, principalmente en forma de crédito estadounidense para la compra de bienes (comida y materias primas industriales).

La Corporación Financiera de Reconstrucción de FDR

La reconstrucción de Alemania estuvo influenciada por el éxito del modelo americano: la Corporación Financiera de Reconstrucción (CFR), que fue establecida en 1932 por el Presidente Franklin D. Roosevelt para salir de la Gran Depresión; esto requirió también obligar a los bancos "casino" a servir a la economía productiva.

En 1948, el banquero alemán Hermann Josef Abs inició la creación de una institución modelada en la CFR: el Kreditanstalt für Wiederaufbau (Corporación Crediticia de Reconstrucción, KfW por sus siglas en alemán).

El valor equivalente de las importaciones de Estados Unidos fue pagado a "cuentas homólogas", en el marco del Programa de Recuperación Europeo (PRE). Las autoridades estadounidenses liberaron fondos de estas cuentas para proyectos importantes en la implementación del Plan Marshall. El KfW recibió capital de las cuentas homólogas del PRE (3.700 millones de marcos alemanes) para el financiamiento de los proyectos de reconstrucción. Para eso, el KfW elaboraría una lista de las inversiones más urgentes, con una perspectiva de los productos y las máquinas requeridas, y encargaría a las compañías pertinentes a producirlos. Las compañías tenían que presentar una solicitud de préstamo al KfW con las propuestas correspondientes para las inversiones operacionales.

Pero el KfW sólo era el prestamista, si las instituciones de crédito privadas consideraban el préstamo demasiado riesgoso. Este era particularmente el caso en el carbón, gas, agua, electricidad y sectores de transporte. Aquellas inversiones públicas desencadenaron una cantidad considerable de inversiones privadas, que fueron apoyadas además por el gobierno.

En contraste con otros países europeos que recibieron fondos del Plan Marshall, todo el crédito para reconstrucción dado a Alemania fue pagado en las cuentas homólogas, de tal modo que su capital se incrementó, y siguió financiando grandes proyectos después de que expiró el Plan Marshall.

Luego de que el crédito invertido regresa al Fondo original, para que se pueda reinvertir en el proceso de producción, corresponde a la práctica de un mediano empresario que reinvierta sus ganancias de su compañía a fin de lograr una mayor densidad de flujo de energía, con las mejoras que conlleva en la calidad del producto y las capacidades de los empleados.

En Inglaterra y Noruega, por ejemplo, los fondos se usaron para pagar la deuda pública, o, como comúnmente decimos hoy en día, para equilibrar el presupuesto, lo cual empeoró la situación. Sólo en Alemania se invirtieron los fondos homólogos total y repetidamente en la reconstrucción. Las deudas externas se pagaron luego con los impuestos adicionales recaudados, para que este "fondo de inversión" siguiera disponible para préstamos futuros.

Haciendo las preguntas correctas

Hoy día, se puede y se deben hacer tales inversiones emitiendo crédito público, y el KfW debe de nuevo asumir su papel histórico.

Un presupuesto altamente endeudado no debe ser un impedimento para tomar una cantidad razonable de deudas nuevas. Lo que importa es evitar una espiral de endeudamiento sinfín, tal y como son los rescates bancarios, en especial desde 2007. Lo que se necesita es el financiamiento inicial del Estado, que promueva las inversiones privadas y finalmente lo pague por sí mismo gracias al impacto del crecimiento productivo.

En vez de insistir eternamente en la cuestión de los costos, lo cual no lleva a ningún lado, tenemos que hacer las preguntas correctas: ¿Qué trabajadores con qué capacidades requieren empleos importantes, y qué capacidades productivas están disponibles? ¿Qué proyectos de infraestructura se requieren, y qué inversiones se pueden hacer para crear capacidades adicionales?

Llegaremos rápidamente a la conclusión de que tal programa de inversión requiere al mismo tiempo un programa de entrenamiento masivo, porque, para llevar a cabo tales proyectos, necesitaremos muchos nuevos ingenieros, técnicos y trabajadores capacitados en el sector de la construcción y de la industria.

Debemos tomar en cuenta por supuesto que no estamos lidiando con un exceso de endeudamiento o la destrucción de la economía real en un país, sino con el derrumbe del sistema financiero transatlántico en su totalidad. La bancarrota de la UE y la política del FMI, que se basa en un enfoque monetarista, es más visible en el caso de Grecia. Pero más allá de Europa, la situación en otros países es similar, o incluso peor, que la de Alemania después de 1945. La cantidad de "ayuda" del FMI o de las diversas organizaciones de ayuda humanitaria no es el factor decisivo, como se evidencia en la falta de desarrollo de África y la mayoría de Asia.

El enfoque programático implícito del "milagro económico", que solía ser estudiado y admirado en el extranjero— inversiones públicas en infraestructura, una política crediticia regulatoria y dirigista— es incompatible con la degeneración de la Unión Europea en los últimos 20 años. Violan incluso una serie de disposiciones del Tratado de Maastricht, el Pacto de Estabilidad, etc. Ahí es donde reside el problema precisamente: el mandato liberal endémico de los mercados, con todos sus axiomas y tratados, desde Maastricht hasta el Mecanismo de Estabilidad Europea, constituyen un fracaso en bancarrota sin remedio, ¡y todo este tipo de acuerdos deben eliminarse de inmediato!

De hecho, "el milagro económico" no fue un milagro, sino el resultado del entendimiento de la economía imbuida en el humanismo, cuyo objetivo principal es el desarrollo del potencial creativo de nuestra población, y el bienestar de las generaciones futuras.

Es momento de revivir esta tradición de Alemania orientada hacia el futuro y convertirnos en un vínculo importante en una Europa fuerte de naciones soberanas.

Notas:

[1]:http://larouchepub.com/spanish/other_articles/2012/0620_helga_life_after_euro.html