Se puede y se debe sacar a Obama ¡ya!

19 de octubre de 2015

19 de octubre de 2015 — La situación se volvió de repente madura para la destitución inmediata del Presidente Obama de su cargo. En el mismo contexto, con su testimonio sobre Bengasi programado para el jueves 22 ante el Comité Selecto de la Cámara de Representantes, se espera también que Hillary Clinton quede fuera de circulación.

Durante el fin de semana el Presidente Obama recibió el impacto de cuatro ataques devastadores por sus crímenes durante su gestión. De mayor impacto fueron los nuevos detalles que siguen saliendo de los documentos sobre los drones, los documentos filtrados que muestran que el Presidente Obama, desde sus primeros días en el cargo, estuvo a cargo de un programa global de asesinatos, dirigido desde la Sala de Situaciones de la Casa Blanca, en el cual se escogieron miles de individuos para ser asesinados en Afganistán, Pakistán, Yemen y Somalia, bajo el programa de Obama de asesinatos con drones. Se calcula que el 90 por ciento de las víctimas de este programa de asesinatos en masa ni siquiera estaban en la lista de objetivos, firmada personalmente por Obama. No obstante, esas víctimas fueron clasificadas como terroristas y como enemigos combatientes para encubrir la magnitud de los crímenes de Obama.

Los documentos sobre los drones solo se hicieron públicos por primera vez el jueves 15, pero ya Amnistía Internacional ha exigido una investigación exhaustiva del Congreso. Más al punto, Lyndon LaRouche exigió el fin de semana que Obama sea destituido del cargo de inmediato, ya sea por un juicio político o invocando la 25ava Enmienda, y luego debe ser llevado a juicio ante un tribunal penal por asesinato en masa.

El domingo 18, la revista del New York Times publicó una extensa reseña del expediente que publicó Seymour Hersh en mayo de este año sobre el fraude de la versión que dio la Casa Blanca de Obama sobre la muerte de Osama bin Laden en 2011. Obama, junto con el entonces asesor de la Casa Blanca sobre contraterrorismo, John Brennan, y otros miembros del entorno íntimo de Obama, mintieron descaradamente sobre las circunstancias que rodearon la muerte de bin Laden, todo para inflar las posibilidades de reelección de Obama a costa de la verdad. Obama y su equipo inventaron un elaborado cuento al estilo de Hollywood sobre el operativo en Abbottabad, Pakistán, que le dio un papel estelar al supuesto trabajo de sabuesos de la CIA, cuando en realidad toda la información clave salió de un funcionario pakistaní quien proporcionó la ubicación precisa del líder de Al Qaeda, a cambio de los $25 millones de dólares de recompensa. La Casa Blanca, en su estilo típico, encubrió el papel de los saudíes quienes pagaron por años por la salvaguarda de bin Laden bajo el ojo vigilante de la agencia de inteligencia y seguridad pakistaní, la ISI. Aunque la revista del New York Times no quiso corroborar plenamente la versión de Hersh, finalmente presentó la primera cobertura prominente al público estadounidense sobre la verdadera historia del caso.

Luego, la organización Médicos sin Frontera (MSF), que goza de gran respeto en todo el mundo, intensificó su campaña contra Obama y dio a conocer nuevos elementos de evidencia para respaldar su acusación de crimen de guerra, los cuales muestran que la fuerza armada de Estados Unidos bombardeó deliberadamente al hospital de MSF en Kunduz, Afganistán, y luego envió vehículos pesados para enterrar la evidencia. Una fuente anónima del Pentágono confirmó que MSF había “hecho todo correctamente” para documentar la ubicación del hospital, de tal manera que estuviese colocada en una lista de lugares fuera de límites militares, una lista integrada por hospitales, escuelas y mezquitas que nunca deberían ser atacadas, incluso si hubiese evidencia de que hubieran combatientes de Al Qaeda o del Talibán en sus inmediaciones. Así que esto no fue más que otra operación de asesinato en masa de Obama, y podría ser pertinente que el bombardeo de Kunduz ocurrió en el momento en que MSF había declarado que se comprometía a derrotar el acuerdo de la Asociación Transpacífica, el acuerdo del cual Obama es el abanderado, porque ese acuerdo le negaría medicamentos genéricos que son indispensables para salvar vidas a más de 500 millones de personas pobres en todo el mundo.

El programa noticioso dominical de la cadena ABC aprovechó la circunstancia de que Hillary Clinton presentará su testimonio próximamente, y transmitió un programa especial donde documenta la manera en que Obama, Clinton, Victoria Nuland, y Ben Rhodes le mintieron al público estadounidense y encubrieron el asalto de Al Qaeda a las instalaciones diplomáticas de Estados Unidos en Bengasi, Libia, el 11 de septiembre de 2012, en donde fueron asesinados el embajador estadounidense Christopher Stevens y otros tres funcionarios estadounidenses. El programa de ABC refleja fielmente el informe que presentaron Lyndon LaRouche y Jeffrey Steinberg en el Club Nacional de Prensa de Washington, DC, en diciembre de 2012, donde demostraron que Obama y Clinton sabían, desde el momento en que ocurría el ataque, que se trataba de un ataque premeditado de Al Qaeda con armamento pesado, realizado por el grupo terrorista al-Sharia, afiliado a AQIM (Al-Qaeda en el Magreb Islámico). El programa de ABC implica a Nuland, Obama, Clinton y Rhodes, junto a Susan Rice, en la elaboración de las mentiras sobre el ataque en Bengasi, a sabiendas de que el ataque no tenía nada que ver con ninguna “manifestación espontánea” por la difamación del profeta Mahoma.

La segunda parte del mismo programa de ABC destaca una entrevista con el congresista Peter Hoekstra, quien dirigió la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes y ahora acusa a Obama de haber traicionado al dirigente libio, Muammar Gadafi, quien se había vuelto un aliado importante en la guerra contra los terroristas islámicos, y que el gobierno de Obama había entrenado y armado a los mismos terroristas que habían perpetrado la matanza del 11 de septiembre de 2012 en Bengasi.

Solo los documentos sobre los drones, por sí mismos, constituyen un auto de acusación penal contra Obama que va mucho más lejos que la norma de “delitos graves y faltas menores” necesaria para un juicio político. La destitución de Obama de su cargo es ahora la prueba de sensatez para el Congreso de Estados Unidos.

Hay una oportunidad, esta semana, para echar a Obama y comenzar el proceso de restaurar en Estados Unidos la norma constitucional, algo que se ha socavado de manera paulatina pero sistemática, durante los últimos 15 años de Bush y de Obama juntos. No hay nada más importante que hacer, empezando ya.