Saquemos ahora a Obama o enfrentaremos una inminente guerra global

1 de may de 2015

1 de mayo de 2015 — El miércoles 29 de abril, un grupo de 30 generales y diplomáticos retirados de Estados Unidos, Rusia, China, India, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Pakistán, Corea del Sur e Israel emitieron la grave advertencia de que el mundo está en grave peligro de extinción termonuclear. El informe publicado por la Comisión Global Cero, presidida por el ex subjefe del Estado Mayor Conjunto de EU, general James Cartwright, le pide a Estados Unidos y a Rusia que lleguen lo más rápidamente posible a un acuerdo para ponerle fin a la política de "lanzamiento tras advertencia", bajo la cual el mundo es cautivo de una doctrina de intercambios termonucleares inmediatos.

El informe de 100 páginas, el cual tiene como antecedente el artículo de opinión publicado en el New York Times el 19 de abril, firmado por el general Cartwright y el general ruso Vladimir Dvorkin, jefe de inteligencia retirado de la Fuerza de Cohetes Estratégicos de Rusia, refleja las advertencias que han estado haciendo durante los últimos cuatro años el estadista estadounidenses Lyndon LaRouche y otros, sobre el creciente peligro de una extinción termonuclear.

La contribución única de LaRouche a la campaña para evitar la guerra es el haber identificado los motivos de la creciente amenaza de un Aarmagedón termonuclear, en la desesperación del imperio británico ante el destino fatal de su dictadura financiera global, y el surgimiento de una alternativa verdaderamente humana en el las iniciativas del BRICS y de la Nueva Ruta de la Seda, encabezadas en concierto por China, Rusia e India.

El único problema con el llamado de los generales y diplomáticos —que por otra parte es apropiado— a reducir el peligro termonuclear poniendo fin a la doctrina de respuesta inmediata de lanzamiento tras advertencia, es que esto nunca sucederá, mientras Barack Obama permanezca en su cargo de Presidente. Obama es un títere consciente de las mismas fuerzas que están tratando desesperadamente de eliminar a la enorme mayoría de la raza humana, incluso corriendo el riesgo de la extinción termonuclear. No solo es un agente británico; es en mucho una reliquia de su madre y sus payasadas asesinas en Indonesia y otras partes del Sureste asiático.

Solo sacando a Obama de su cargo —con bases constitucionales ya totalmente a la mano— podrá el mundo volver a estar seguro.

El mismo factor Obama es evidente en la escalada hacia una guerra en el suroeste asiático. Con la purga de los últimos días en Arabia Saudita, no solo ha afianzado su poder el núcleo de la facción de al-Qaeda dentro de la familia real saudí, sino que a nombre de sus patrones en Londres, están llevando a la región a una guerra sectaria perpetua, que se está extendiendo por todas partes desde Yemen hasta la costa este del Mediterráneo en Siria y Líbano. El rey Salman ha firmado un acuerdo secreto con el Presidente Erdogan de Turquía para respaldar a las fuerzas de al-Qaeda en una campaña intensificada para derrocar al gobierno de Assad en Damasco, Siria.

Cuando los Jefes de Estado del Consejo de Cooperación de Golfo vengan a reunirse con Obama en Campo David el 14 de mayo, Obama va a estar listo para darle todo su apoyo a la campaña que hará estallar todo el suroeste asiático, el Golfo Pérsico, y la región este del Mediterráneo, en apoyo a la guerra encabezada por los saudíes a cambio de un apoyo nominal al acuerdo con Irán del P5+1.

De nuevo, Lyndon LaRouche estaba muy adelante con sus advertencias, hechas inmediatamente después del anuncio en Ginebra de un acuerdo marco del P5+1 el mes pasado, que a menos que Estados Unidos le pusieran un alto a Arabia Saudita, el acuerdo no iba a lograr nada que no fuera desatar una guerra regional más grande. Obama persiste en encubrir a los saudíes, al negarse a que se publique el capítulo de 28 páginas de la Investigación Conjunta del Congreso sobre el 11 de septiembre, un capítulo en donde se detalla el financiamiento saudí al ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001.

Por estos delitos —y muchos otros más— tenemos que sacar a Obama de su cargo ahora. Cualquier cosa que no sea esta acción inmediata coloca a la humanidad en riesgo de extinción. No solo es culpable el Presidente de crímenes en contra de la Constitución que ameritan juicio político; sino que su comportamiento —de arriesgar un Armagedón termonuclear— amerita su salida inmediata bajo la 25ava, Enmienda, la cual tiene disposiciones para la remoción de un presidente que ya no esté física o sicológicamente apto para servir.

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