Obama es el detonante de una guerra mundial

22 de abril de 2015

22 de abril de 2015 — Los acontecimientos de los últimos días ofrecen un recordatorio devastador de que mientras que Obama sea el Presidente de Estados Unidos, el mundo se mantiene al borde de una guerra generalizada, una guerra que se podría convertir rápidamente en una guerra de extinción termonuclear.

El problema no es Obama propiamente dicho. El no es más que un degenerado designado para cargar con la responsabilidad de los planes del imperio británico y sus fuerzas aliadas en Wall Street, que se están volviendo locos ante la realidad actual de que todo su imperio financiero trasatlántico se viene abajo, y que está surgiendo un paradigma alternativo, en torno al sistema emergente de los BRICS encabezado por China y Rusia. Las fuerzas que son los dueños de Obama, desde que ellos lanzaron su carrera política, están dispuestos a lanzar una Tercera Guerra Mundial antes de entregar su poder.

Lyndon LaRouche advirtió el martes que "estamos al borde de la extinción prácticamente, producto de los efectos en reacción en cadena de esta situación". La negativa de los británicos y Wall Street a ceder su menguante poder los está orillando, en desesperación, a hacer que Obama lance la Tercera Guerra Mundial. "Esta es la primera amenaza de extinción humana en la historia moderna", concluyó LaRouche.

Señaló también que el mero hecho de que todavía no se haya sacado a Obama del cargo, es la advertencia más clara de que círculos estadounidenses importantes, y la población estadounidenses en general, no tiene las agallas para evitar que ocurra este desastre. Saquemos a Obama del cargo y acabaremos con el peligro. Los británicos podrán seguir histéricos por la pérdida inminente de su imperio, pero no van a poder hacer nada. La quiebra del sistema transatlántico significa la muerte del imperio británico.

Rusia está recuperando su vitalidad y China está surgiendo como una fuerza amistosa y dominante en Asia, promoviendo una política de cooperación en donde todos ganan, entre todas las naciones de la región y por toda Eurasia. Nada más esto está enloqueciendo a los británicos.

Es vital que comprendamos los motivos detrás del peligro de guerra. Los acontecimientos de día a día no son más que los indicadores de ese proceso, señales de advertencia a lo largo del camino hacia un potencial destino aciago.

La Cuarta Conferencia sobre Seguridad Internacional en Moscú, celebrada el fin de semana pasado, dejó en claro que los líderes rusos entienden perfectamente el peligro inminente de guerra termonuclear. Fue el tema dominante de las principales presentaciones en la conferencia del Ministro de la Defensa de Rusia, Sergey Shoighu, el Ministro de Relaciones Exteriores, Sergey Lavrov, y el Jefe del Estado Mayor general Valery Gerasimov. En la lista de asistentes y oradores se contó con los ministros de la Defensa de todas las naciones claves de Eurasia: China, India, Irán, Pakistán, Corea del Norte, Grecia, Iraq, Indonesia, Mongolia, Serbia y Bielorusia, además de Sudáfrica.

En su intervención, Lavrov dejó en claro que el despliegue estadounidense y de la OTAN de los sistemas antimisiles balísticos (ABM) en zonas que hacen frontera con Rusia constituyen una amenaza de un primer ataque en contra de Rusia. El Presidente Obama ha alegado que los sistemas ABM estaban dirigidos en contra de Irán y que en caso de que se llegara a un acuerdo en el P5+1 sobre el programa nuclear de Irán, esto se iba a reevaluar. Ahora que está al alcance dicho acuerdo, Obama se ha negado a reducir o cancelar los despliegues de ABM, los cuales van a colocar componentes vitales del escudo de defensa antimisiles en Rumania y Polonia, justo sobre la frontera con Rusia.

Además, el gobierno de Obama está ampliando su Comando de Ataque Global, para incorporar tanto armamento convencional como armamento nuclear estratégico. Asimismo, el gobierno está desarrollando una nueva generación de armas nucleares tácticas, que van a tener su base en Europa y de ahí se podrán desplegar en bombarderos sigilosos y drones de largo alcance, armados con misiles crucero.

La situación en el Golfo Pérsico, en donde las mismas fuerzas saudíes que dirigieron los ataques originales del 11 de septiembre en contra de Estados Unidos (ataques que han encubierto dos presidentes sucesivamente, Bush y Obama) están metidas en una guerra poblacional en contra de su vecino Yemen, alegando que los rebeldes hutis en Yemen son fuerzas sustitutas de Irán, no es más que otro punto caliente de una guerra inminente. Cuando originalmente se anunciaron a principios del mes en Suiza, avances sustanciales en las pláticas P5+1, LaRouche advirtió que el acuerdo podría ser un detonador de la guerra, a menos que se aplastara a los saudíes. En vez de esto, Obama unió fuerzas con los saudíes en la campaña de bombardeo contra Yemen a pesar de las fuertes objeciones de las fuerzas armadas de EU, encabezadas por el Estado Mayor Conjunto y el Comando Central.

En la medida en que en las últimas 72 horas, el Golfo de Adén se ha llenado de barcos de guerra saudíes y estadounidenses, entre ellos el portaaviones USS Theodore Roosevelt y Obama amenaza con emprender acciones en contra de las embarcaciones comerciales iraníes, en ruta a Yemen, las intensas presiones de las fuerzas armadas estadounidenses y de otros círculos llevaron a los saudíes a anunciar el martes en la tarde un alto en su campaña de bombardeo. Durante el día el rey Salman puso en alerta a la Guardia Nacional Saudita ante posibles operaciones terrestres cruzando la frontera hacia Yemen. Las circunstancias del alto en las operaciones de último momento están por dilucidarse aún, pero el hecho sigue siendo que la región se encaminaba hacia una provocación de guerra generalizada estilo "Golfo de Tonkin", que solo se pudo parar en el último momento.

La destrucción de la civilización no es inevitable. Pero es prácticamente una certeza a menos que saquemos a Obama de su cargo. El es el detonador de una guerra mundial y sacarlo inmediatamente es la única opción legítima para evitar la guerra que tenemos en esta fecha tardía.