Presidenta argentina señala la "confusión, mentiras e interrogantes" que existen en la muerte del fiscal Alberto Nisman

21 de enero de 2015

21 de enero de 2015 — En una carta extensa publicada en su página de Facebook el 19 de enero, la Presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner plantea algunos puntos por esclarecer en el caso del aparente suicidio ese mismo día del fiscal especial Alberto Nisman, quien la estaba acusando a ella y a otros funcionarios del gobierno de encubrir el papel de Irán en el bombazo de 1994 al Centro social judío, AMIA. Se encontró el cuerpo de Nisman el mismo día en que él iba a presentar su evidencia en una audiencia en el Congreso.

Coincidiendo con la publicación de la carta, los medios sociales organizaron movilizaciones caceroleras en varias ciudades del país, bajo la consigna de "Todos somos Nisman", exigiendo "justicia" y llamando a la Presidenta "Cristina asesina". La consigna tiene la intención de evocar las marchas de "Todos somos Charlie Hebdo" en París la semana pasada, con la clara implicación de que la Presidenta argentina misma es una terrorista. Este clima de hostilidad hacia Fernández constituye también un riesgo a su seguridad.

Fernández recuerda que cuando fue diputada y senadora, prestó servicios en la comisión bicameral que investigó el bombazo contra AMIA de 1994 y conoce íntimamente los detalles del caso. Destacó que la coincidencia de la muerte de Nisman y sus acusaciones sensacionalistas en contra de ella y otros miembros del gobierno, se producen solo unos meses antes del juicio programado contra el juez Juan José Galeano y otros —agentes de policía, el ex director de inteligencia y el ex Presidente Carlos Menem— quienes deliberadamente sabotearon la investigación inicial sobre el bombazo contra AMIA, destruyendo evidencia, sobornando testigos y retrasando por años la solución del caso. Este nuevo juicio, dijo, podría aportar pistas decisivas para finalmente desenmascarar a los autores del bombazo de 1994.

Con estos antecedentes y en un medio ambiente internacional marcado por la horrorosa masacre de Charlie Hebdo en París, el fiscal Alberto Nismam interrumpió súbitamente su vacación de un mes en España, se montó en un avión de regreso a Buenos Aires y el 14 de enero acusó públicamente a Fernández y otros miembros de su gobierno de "encubrimiento agravado" del papel de Irán en el bombazo. Existen demasiadas preguntas sin respuesta sobre su comportamiento, dijo Fernández. ¿Por qué no le hizo saber al juez que presidía la causa que poseía dicha evidencia? ¿Alguien que planeaba hacer esas explosivas acusaciones y presentar un dossier de 300 páginas a los medios de comunicación, se iría por un mes de vacaciones a España, solo para cambiar de planes súbitamente y regresar a casa?

Claudio Lifschitz, quien ha denunciado las irregularidades en la investigación inicial del AMIA bajo el juez Galeano, le dijo a Página 12 que Nisman regresó porque lo estaban presionando los ex operativos del servicio de inteligencia del Estado (SIDE), que fueron despedidos recientemente por la Presidenta Fernández. El ex director de contrainteligencia del SIDE, Jaime Stiuso, quien trabajó estrechamente con Nisman, tiene vínculos bien documentados a la Mossad y la CIA, y según Lifschitz, pretendía utilizar el dossier de Nisman (¿lo habrá escrito él mismo?) para lanzar un "contragolpe" a la Presidenta.

Esa es una hipótesis, pero hay que mirar directamente al mismo imperio británico como los titiriteros en este caso. En su carta, Fernández les dio una repasada útil a los británicos. Refutando las acusaciones de Nisman de que ella le pidió a la Interpol que desechara las órdenes de arresto en contra de los seis iraníes acusados en el caso, señaló que el ex embajador de Irán en Argentina fue de hecho arrestado en Londres en base a la orden de la Interpol, pero que los británicos lo dejaron libre "por falta de pruebas". Subsecuentemente Londres le tuvo que pagar a Argentina una indemnización por esa decisión.