Monsanto, libre comercio, hambruna, y narcotráfico: el caso de Colombia

28 de agosto de 2013

28 de agosto de 2013 – Continúa sacudiendo a Colombia el paro nacional de agricultores que se inició hace una semana en contra de la entrega que ha hecho el gobierno del sector agropecuario a los depredadores de Monsanto y a los Acuerdos de Libre Comercio (ALC) con Estados Unidos y con Europa.

Las condiciones genocidas del ALC se muestran por completo en una de las primeras de estas que se ejecutan: el control de cuáles son las semillas que se pueden utilizar en el país para sembrar. Se le puede llamar la "cláusula Monsanto". Monsanto es la compañía bandera de un pequeño grupo de carteles que controla más del 60% del mercado de semillas en todo el mundo, y es muy conocido por su papel protagónico al imponer, donde quiera que un gobierno se lo permita, una política de confiscación, multas y cárcel en contra de los agricultores que violen sus términos. Nótese que es la misma Monsanto a la que periodistas investigadores de Area X de Uruguay, en una publicación del 5 de agosto del 2003, acusaron de que está afanosamente investigando cómo producir marihuana modificada genéticamente en Uruguay, país que hace poco legalizó totalmente la marihuana.

El gobierno de Santos en Colombia arrojó a sus agricultores en las garras del cartel de semillas. La semana pasada, en tanto que se extendía el paro agrícola, circuló ampliamente en Colombia un documental que mostraba imágenes de cómo la policía antimotines incautaba camiones cargados de sacos de semillas de arroz propiedad de agricultores furiosos de la localidad de Campoalegre, Huila. Luego se pudo ver como los sacos de la semilla supuestamente "pirata" eran llevados a un basurero, y allí despedazados y enterrados por una pala mecánica. Campoalegre no es ninguna pequeña villa escondida, sino la quinta ciudad más grande de Huila, y es la capital de arroz en el departamento del Hulia, con una tradición histórica en la producción de arroz. En esta operación, le fueron confiscadas a 20 familias 62 toneladas de semillas.

El documental, que realizó una compañía argentina se titula "9.70", por la Resolución 9.70, que fue emitida por el Instituto Colombiano de Agricultura (ICA) —la entidad gubernamental para la política agrícola— que criminaliza tanto el uso de semillas "no certificadas" como la práctica acostumbrada de guardar las mejores semillas de una cosecha para plantarlas al año siguiente. En el caso de la ciudad de Campoalegre, a los agricultores no solo les confiscaron la producción por la que habían trabajado tan duro, sino que además ahora enfrentan multas de 8 a 10 salarios mínimos. Los dueños de las compañías que secaron el arroz de los agricultores antes de procesarlo, enfrentan sentencias de cárcel de 4 a 8 años y el cierre de sus operaciones, acusados de que no estaban secando arroz sino que estaban produciendo semillas "piratas".

Colombia se encuentra en la encrucijada entre el istmo de América Central y el continente Suramericano, el Tapón de Darién, que es el sitio por el que pasaría el tren de alta velocidad que se necesita para unir al Puente Terrestre Mundial con el continente. Además Colombia tiene un enorme potencial agroindustrial, como lo ha documentado el semanario EIR en su estudio publicado en agosto del 2008 titulado How to Triple Food Production by Developing High-Speed Rail (Cómo triplicar la producción alimentaria desarrollando un tren de alta velocidad), http://www.larouchepub.com/other/2008/3532triple_food_rail.html. Hace 25 años Colombia exportaba alimentos (no solo café), pero hoy en día importa más del 70% de su consumo alimentario, padece un desempleo juvenil del 23% y tiene una economía que todavía está dominada por el narcotráfico, que con esta destrucción deliberada de la agricultura legítima, se verá fortalecido. Narcotraficantes y narcoterroristas están ganando terreno rápidamente, bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, anglófilo que se precia de ser amigo de Tony Blair y que "negocia" la legalización de las drogas con la narcoterrorista FARC, pero se rehúsa sentarse a dialogar con los agricultores en paro.