El punto vulnerable de la política de Obama: la alianza con la Hermandad Musulmana y al-Qaeda

10 de abril de 2013

10 de abril de 2013 — Ahmed Manai, presidente del Instituto Tunecino de Relaciones Internacionales y miembro de la Comisión de Observadores Árabes en Siria, le dijo a La Presse de Túnez que más de 6,000 jóvenes tunecinos entre los 17 y 30 años de edad están combatiendo ahora en Siria en contra del gobierno de Assad y reciben entrenamiento en Libia. Según Manai, este arreglo es producto del acuerdo al que llegaron el 11 de diciembre del 2011, en Trípoli, Libia. A esa reunión asistieron Rachel Ghannouchi, dirigente del partido tunecino de la Hermandad Musulmana, Ennahda; Youssef Qaradhaoui Rache Ghannouchi, ministro de Relaciones Exteriores de Qatar; Hamad Jabber bin Jassim al-Thani, Primer Ministro de Qatar; el segundo al mando de la Hermandad Musulmana en Siria; el dirigente del Consejo de Transición Nacional en Libia, Ghoulioune Abde Jelil; y el ex emir del Grupo Combatiente Islámico Libio (GCIL), afiliado a al-Qaeda, Abelhakim Belhadj, quien en ese entonces presidía el Consejo Militar de Trípoli. El acuerdo al que llegaron determinó el envío de armas y combatientes de Libia y Túnez a Siria.

Las bases para este acuerdo las en octubre del 2011 entre Jelil y Burhane Ghalioun, quien fue nombrado dirigente del Consejo Nacional Sirio en agosto del 2011 y de quien se sabe que está bajo la influencia de la Hermandad Musulmana siria. En esencia, el acuerdo del 11 de diciembre del 2011 fue una extensión de este acuerdo, que se concluyó inmediatamente después del asesinato de Gadafi el 20 de octubre del 2011. El partido Ennahda llegó al poder en Túnez en octubre del 2011.

Cabe señalar que Hamad Jabber bin Jassim al-Thani estuvo implicado en un tráfico ilegal de armas por valor de 500 millones de libras esterlinas, con la firma británica BAE Systems, de los cuales 7 millones de libras se transfirieron a dos fideicomisos en Jersey de los cuales Hamad fue nombrado el beneficiario. Finalmente, Hamad le pagó 6 millones de libras a las autoridades de Jersey, como "reparación voluntaria".

En noviembre del 2011, después del acuerdo entre Jelil y Ghalioun, Belhadj viajó a Turquía para reunirse con el Ejército Siria Libre. El mismo mes, 600 yihadistas del GCIL bajo el mando de Mahdi al Harati, segundo al mando del Consejo Militar de Trípoli bajo Bedhadj, entraron en Siria para combatir a Assad.

Ahora, según Giuliana Sgrena de la agencia noticiosa IPS, los medios de prensa tunecinos reportan que entre 6,000 y 10,000 hombres han salido de Túnez para ir a combatir en Siria; los medios de prensa de Argelia dicen que la cantidad podría estar más cercana a los 12,000. Las mezquitas y las organizaciones de caridad sirven de parapetos para este proceso de "reclutamiento". Se transporta los reclutas a Libia y luego, tras una breve estancia en Turquía, son enviados al frente en Siria. El primer punto de contacto de los jóvenes combatientes en Siria es con la filial de al-Qaeda, Jabhat al Nusra.

Según Sgrena, este reclutamiento tiene todas las marcas de una red criminal de trata de seres humanos. Las familias de los jóvenes reclutas sospechan que "intereses poderosos y acaudalados tienen metidas sus manos en el tráfico de combatientes, dado que algunas de las familias han recibido hasta $4,000 en pago por cada uno de los reclutas yihadistas". Así mismo, creen que "también los reclutadores mismos reciben una comisión. Muchos denunciaron al gobierno por permitir que siga adelante este negocio con vidas humanas".

Los expertos creen que la declaración del dirigente de Ennahda, Rachel Ghannouchi, dado a conocer a través del Ministerio de Religión, en el sentido de que "no le sugerimos a los jóvenes que se vayan pero no tenemos derecho a impedírselo" es equivalente a admitir que el gobierno no tiene planes de ponerle un alto a esta práctica y de aprehender a los involucrados.

Sgrena también informa que los clérigos reclutan a mujeres y niñas de hasta 14 años para que "abracen la yihad a través del matrimonio" viajando a Siria para satisfacer las necesidades sexuales de las fuerzas contra Assad. El fenómeno ha cobrado fuerza después de que un líder religioso saudí, Mohamed al-Arifi emitió una fatwa en diciembre del 2012 para permitir los "casamientos temporales" de algunas veces solo unas horas, de jovencitas con insurgentes sirios. Aunque luego revocó su edicto, después de que estalló la indignación pública, esa práctica todavía continúa.