Los principios a considerar: UNA NUEVA VIDA PARA NUESTRA SOCIEDAD

10 de julio de 2012

Los principios a considerar:

UNA NUEVA VIDA PARA NUESTRA SOCIEDAD

Lyndon H. LaRouche, Jr.

Viernes 6 de julio de 2012

Volante para ser impreso por ambos lados,
en formato PDF (4 páginas).

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La nueva crisis económica:

El Cuatro de Julio de 2012, las voces de algunos de los personajes más respetados citados por la prensa británica en Londres, conmocionaron a los medios políticamente sensibles del planeta, con la publicación de un informe entre cuyas fuentes se incluía a los miembros de un círculo de personalidades públicas de los círculos pertinentes de lo más respetable de Gran Bretaña. Esas voces habían anunciado que algunos elementos decisivos de la prensa prominente de ese imperio famoso había pedido de repente la eliminación de los bancos británicos nominalmente más ricos en el mundo, a fin de rescatar tanto a Gran Bretaña como a Estados Unidos de una catástrofe terrible. Los proponentes británicos pertinentes plantearon la cooperación entre Estados Unidos y Gran Bretaña en este respecto específico.

La opinión contraria en esta materia, se ha centrado en personas del entorno de esos círculos financieros prominentes del mundo, que parecen haber intentado, hasta ahora, parecer inmutables ante el anuncio de su muy publicitado hundimiento hacia una virtual probabilidad de su extinción política. ¿Alguien dijo dinosaurios?

Algunos preferirían preguntarse ¿cómo influirá esto en las posibilidades políticas del Presidente estadounidense Barack Obama y las de su putativo rival electoral, Mitt Romney? ¿Algún ángel dejó caer amablemente algo con la intención de que pase como "dura justicia del Cielo" en las filas de Wall Street y esos candidatos por igual? El consejo es: No se preocupen de las posibilidades de cualquiera de los candidatos Romney u Obama ahora. Si las noticias recién llegadas de Londres no estuviesen sustentadas solidamente en hechos, las noticias hubiesen sido diferentes. La noticia pertinente, la verdadera, es y seguirá siendo un hecho sólido para los archivos. No hay esperanza para las posibilidades de los que han sido, hasta este lunes pasado, algunos de los bancos nominalmente más poderosos e instituciones especuladoras afines del mundo transatlántico.

En cuanto a esta cuestión, tengan lucidez. Estas instituciones financieras condenadas a futuro se han hundido en un estado prácticamente global de bancarrota sin remedio desde que se eliminó la ley original de Glass-Steagall en Estados Unidos; el efecto de esto comenzó a apoderarse de las comunidades transatlánticas durante la segunda mitad de 2008, con el inicio de lo que se habría de llamar la gran estafa del "rescate". El resultado ha sido que las economías de Estados Unidos y de Europa occidental y central han estado condenadas fatalmente hasta ahora, desde que se eliminó la ley Glass-Steagall el 12 de noviembre de 1999 (una acción insensata que se hizo a nombre de la insensata monstruosidad de la ley Gramm-Leach-Bliley que hizo posible el gran derrumbe económico transatlántico de 2007-2012).

Ciertamente, el respaldo a la Glass-Steagall que hay entre los pertinentes círculos propiamente prestigiosos del Reino Unido, está totalmente justificado y es por otro lado meritorio; cuando menos, eso es lo que se ve desde mi punto de vista como economista y como estadista. Tal ha sido mi autoridad en dichas materias y también entre los más significativos de los demás economistas prominentes en lo que consta en Estados Unidos, desde mi exitoso pronóstico económico inicial de agosto de 1956, que se verificó a fines de febrero y principios de marzo de 1957, durante la peor crisis de posguerra, casi una depresión en ese momento.[1]

La cuestión pertinente del informe que se ha de hacer en ese respecto, es el hecho, en general, entre la mayoría de los que se podrían considerar razonablemente como economistas destacados, de su dependencia generalmente consistente en la necedad del pronóstico estadístico basado en los efectos pasados, en vez de de pronosticar realmente con base en el futuro efectivo, como lo hice yo a fines de agosto de 1956, al componer mi pronóstico singularmente exitoso de febrero-marzo de 1957.

Ahora bien, los promotores británicos pertinentes de una reforma inmediata necesaria, han propuesto cooperar con Estados Unidos en esfuerzos tendientes a poner bajo control esta situación de crisis actual, mediante un cambio muy radical de las condiciones posteriores a 1999 que llevaron a los mismos Estados Unidos, así como a Gran Bretaña, a la deriva de algo mucho peor que una mera depresión: una crisis de desintegración económica general que está aun en un estado avanzado con una destrucción en marcha en este momento presente. Mi recomendación es que el gobierno de Estados Unidos debe considerar emitir una propuesta inmediata de cooperación con los ciudadanos apropiados de Gran Bretaña en ese respecto específico.

Esa recomendación mía se presenta bajo condiciones de tipo elemental. Primero, que la cooperación propuesta sea como lo establecen las partes británicas pertinentes. Segundo, que sea un compromiso a compartir los beneficios de un bien común, en la confianza en lo que han hecho siempre mis predecesores para quienes tengo una alta consideración, en esencia, desde la ruptura con una Gran Bretaña imperialista desde la separación de nuestras naciones por las cuestiones de la Paz de París de febrero de 1763, y la diplomacia de tales como John Quincy Adams y el Presidente ejemplar Franklin D. Roosevelt y su círculo específico de cooperación durante su período como Presidente.

La reserva es que la parte británica concurra en un principio establecido de compromiso con un interés humano común en cuestiones relacionadas. Mi tendencia sería a avanzar rápidamente hacia conversaciones exploratorias con las partes pertinentes.

¿En quién podemos confiar?

Hay varios motivos convincentes para creer en la fe de esos británicos que han presentado esta sugerencia a los ciudadanos de Estados Unidos.

Primero, la especie humana ha entrado recientemente en una situación planetaria bajo la cual la guerra general en la forma de guerra termonuclear, o algo pronto más allá de tales dimensiones de acción, no es una opción factible. Hemos pasado ya el momento en que la especie humana se podía empeñar en el empleo de tales medios, incluso cuando las cuestiones a favor de un conflicto sean extremadamente convincentes. Este principio se ha manifestado con notable excelencia en la acción entre los miembros del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. La urgencia de una cooperación general a favor de un bien común es, al presente, mucho más imperativa que en ningún momento del pasado. Hay precondiciones muy especiales para tal tipo de perspectiva de confianza sobre las condiciones ante nosotros en este momento. Las relaciones con Rusia en este mismo respecto, han sido excelentes recientemente, y hay justificada confianza de que dicha relación con Estados Unidos es inherentemente deseable en el interés natural de ambas partes.

La mayor probabilidad relativamente de peligro viene, de hecho, de las medidas de una política más o menos programada para suprimir los requerimientos científicos y afines de una política para avanzar el nivel científico de progreso de las condiciones humanas per cápita en este planeta. Este progreso se ha de obtener mediante el avance tecnológico promovido por la ciencia en el avance del grado de la densidad de flujo energético efectiva per cápita y por kilómetro cuadrado del territorio habitable.

De hecho, en la historia conocida de las especies vivientes sobre la Tierra e implícitamente más allá, la capacidad para mantener incluso las especies existentes exige el beneficio de un aumento constante en la densidad neta de flujo energético de las especies vivientes que habitan la Tierra. Francamente, los esquemas de tales proponentes de una dudosa "Segunda Ley de la Termodinámica", de Rudolf Clausius y demás, van en dirección contraria a toda noción competente actualmente de la biología de nuestro planeta. Una suposición contraria, como la que se lanzó durante el siglo 19, es producto de conjeturas oligárquicas imperialistas británicas, mientras que el criterio científico competente demuestra lo opuesto directamente; esas son reliquias de la ideología oligárquica.

Esta cuestión del "medio ambiente", tanto en la Tierra como en las consideraciones pertinentes del sistema solar, muestran una indispensable tendencia extendida al aumento de la "densidad de flujo energético", en especial en la existencia de la especie humana. El inicio de la humanidad en la necesidad creciente de atención a las cuestiones que están fuera de la esfera actual de la habitación humana sobre la misma Tierra, exige nuestra atención a los cambios en la característica del clima dentro y más allá del sistema solar como tal. En tanto que ya hemos avanzado más allá de la fisión nuclear y hacia órdenes superiores de fusión termonuclear y consideraciones de la materia-antimateria, el aumento de la densidad de flujo energético mediante la ciencia que es esencial para la existencia humana continuada en este planeta, es la norma obligatoria para medir la cordura expresada en el comportamiento humano en general.

Se ha de reconocer que entre algunos casos, llamados "culturas tradicionales", se tiende a resistir este énfasis en el progreso cultural promovido por la ciencia. Tales creencias constituyen graves errores, y en última instancia, errores suicidas culturales en potencia. Debemos de gestionar los problemas de relaciones sociales así definidos; pero, no debemos permitir que eso nos engañe hasta creer que la gente que comparte tales culturas son efectivamente expresiones viables de la especie humana. No es agradable sugerir que las especies animales son intercambiables con las identidades humanas; pero, la existencia continuada de las especies animales existentes depende de las formas de apoyo que les permite la ganadería humana, ya sea para nuestro provecho económico o nuestro disfrute tomado en la compañía de cierta compañía animal.

El principio general en esta cuestión, es el aumento acelerado necesario de la densidad de flujo energético creado, disfrutado y utilizado por la especie humana.

A lo que he escrito a este respecto hasta aquí, debo agregar algo que recibe poca atención hasta ahora, pero que constituye un aspecto decisivo de la capacidad de la humanidad para la futura existencia de nuestra especie.

Esto pertenece, inclusive, a cuestiones que tienen que ver con lo que se define de costumbre como el papel del principio de la metáfora en las funciones más esenciales del progreso del desarrollo de la mente humana. En este respecto, se tiene que decir también, en cuanto a la decadencia, en especial como la fomentaba el malvado Congreso por la Libertad Cultural de 1950, que la degradación deliberadamente dirigida de las culturas humanas populares y afines ha dejado tras de sí un patrón de creciente degeneración intelectual y moral con tales efectos que, las personas de las partes iniciales del siglo 21 son culturalmente lisiadas con relación a sus ancestros representativos. Esta tendencia del fenómeno se correlaciona con el deterioro en la productividad per cápita que ha sido la tendencia desde la muerte del Presidente Franklin Roosevelt, y en especial desde el asesinato del Presidente John F. Kennedy. La pérdida de la transmisión de una composición artística clásica en desarrollo, como la representa el principio efectivo de la metáfora, como la herencia legítima de vivencia del joven por parte de los mayores, ha introducido tendencias de bestialidad en una de las generaciones más sumamente cultivadas de las mismas nacionalidades; esto es señal de la mayor amenaza a la existencia continuada de la especie humana. El desarrollo intelectual de la humanidad se debe elevar siempre, si se ha de sostener una mejora duradera.

Para mi, en lo personal, como alguien que "aprendió a masticar" con el principio de la metáfora, esa tendencia de una secuencia de calidad cultural en decadencia, en descenso desde el abuelo, al hijo adulto, al hijo es la más horrorosa de las experiencias que ha presentado la vivencia del siglo 20 y la entrada a las décadas iniciales del siglo 21.

Ser humano es sentir la participación propia en un progreso en cuestiones que tienen que ver con los verdaderos poderes de la mente humana que están como alojados en el rol de la metáfora. Todo el gran arte y toda la gran ciencia, también, dependen del progreso efectuado a través de los medios asociados formalmente con la metáfora, o dicho de otro modo, el empleo repetido que hace Johannes Kepler a la referencia de la "hipótesis vicaria" (e.g., la noción ontológica de metáfora). He llegado así a reconocer el valor del consejo tan práctico como científico de Wolfgang Köhler a Max Planck sobre el tema de la autoorganización de los procesos mentales, tal como la autoorganización de la memoria, de la mente humana.

Gran Bretaña y Estados Unidos

Es mi visión cultivada, desde que me empapé algo a fondo en la obra de Filippo Brunelleschi y de Nicolás de Cusa, que debemos entender la relación del desarrollo del papel extendido de Europa en los asentamientos europeos de las Américas, a partir de la influencia directa de Cusa en instigar el acontecimiento exploratorio de la civilización europea en las Américas. Por una circunstancia de ese acontecimiento, u otra, la característica más determinante de esa colonización, se ha ubicado en el desarrollo específico de la Colonia de la Bahía de Massachusetts bajo el liderato de los Winthrops y los Mathers. Fue principalmente la acción de Guillermo de Orange en la supresión de esa fase cuasi autónoma de la colonización lo que dejó mayor influencia en la colonización dentro de la región a partir del papel de los Winthrops y los Mathers a través del papel de Benjamin Franklin, en Nueva Inglaterra y hasta Virginia. Mis ancestros que se esparcieron desde la colonia de Massachusetts hacia Ohio, ejemplifican los nexos culturales que se pueden trazar desde la punta de lanza del proceso que lleva desde principios del siglo 17 hasta el establecimiento de Estados Unidos como nación continental, mediante la obra del Presidente John Quincy Adams y el papel del Presidente Abraham Lincoln como un protegido de la carrera de Adams, lo que presenta una clave de lo que salvó efectivamente a Estados Unidos bajo las condiciones de la Guerra Civil.

Es esencial mirar hacia uno mismo y las raíces culturales de uno, ya sea que lo que descubramos sean noticias placenteras o no.

O para resumir este punto:

El error común y grave en la enculturación entre los estadounidenses y otros actualmente, es la visión de la perspectiva de nuestra muerte como la separación de la persona de la secuela de ese relato. No debe ser una especie de "fetiche" con respecto a la descendencia. Sería agradable disfrutar de la expectativa de lo que será el resultado de nuestra existencia cuando ésta termine. Sea como fuere, la existencia de una realidad para nuestra lealtad, depende del resultado del desarrollo desde adentro, y más allá de la generación nueva, mucho más aún que la del descendiente personal. Lo decisivo no es una simple heredad; lo decisivo es la cualidad del desarrollo que se encuentre entre los herederos, cuando menos algunos de los herederos. A mi edad actual, con una memoria activa de abuelos nacidos a principios de los 1860, y un vistazo durante mi niñez a un ancestro vivo de una época algo anterior, de un dragón escocés y su hermano un capitán marino significativo, hay, para mí, más de un siglo y medio de personajes familiares en lo personal que tocan los elementos conocidos biológicamente de una ascendencia.

Hay una cierta ventaja específica y responsabilidades que le acompañan que se ha de considerar al reconocer un cierto grado de medios inmortales que ligan grandes masas de identidades conocidas personalmente que definen al "yo móvil y mi familia" del proceso de desarrollo de la cultura que uno reclama. En los mejores casos, la noción extendida de familia se remonta a un nexo con las grandes pirámides, a las verdades no descubiertas de la Guerra de Troya.

El punto que destaco como algo importante en la esfera de la cuestión implícita que tus acciones incitan en mí, tiene un significado científico específico, un significado que se ilumina con el asunto que han presentado las novedades recientes que me llegan desde Londres.

En esencia, siendo yo una persona cuya mayoría de otrora amigos cercanos, parientes y demás, "su bulla temporal" ha expirado, la vida significa, para mi, tanto lo que una vez fue, lo que significó, y mi intención para el futuro de la humanidad. Sobre todo, debe significar nuestra parte en la selección de eso por lo cual es digno vivir todavía entre quienes vienen después de nosotros.

La cuestión crucial que planteo aquí es que, en tanto que nuestra especie viva más (quizás), y expanda nuestro alcance intelectual hacia la misión ampliada que da el progreso científico y relacionado para avanzar nuestros apetitos intelectuales, nuestras mentes se vuelven más trascendentes en sus apetitos. La identidad biológica se disminuye en tanto que la vivencia del poder de la mente humana hace gigantes de lo que otrora fuera el lamentablemente mal informado.

Dicho esto hasta aquí, nos lleva a la previsión de un tiempo venidero, en el que vivencias tales como un viaje de una semana mediante la fusión termonuclear transformará a nuestros ciudadanos de terrícolas a maestros en la gestión del espació cercano. No se trata solamente de un viaje a algún lugar extraño, sino una elevación de nuestra especie a un sentido de la grandeza de los deberes a los que nosotros, como parte de la humanidad, hemos ascendido. De este modo, pensaremos de este siglo presente en la Tierra como el lapso de una vida, pero también de los cambios dentro de nuestro sistema solar, de los cuales llegaremos a ser parte, ciertamente en espíritu intelectual y también probablemente en vivencia personal.

Notas

[1] La salida exitosa de esa recesión profunda de 1957-1961, surgió alrededor de las fases iniciales del gobierno de corta vida del Presidente John F. Kennedy, lo cual fue rápidamente revertido en una tendencia de largo alcance hacia una caída económica sistémica bajo las condiciones creadas con el lanzamiento de una insensata elección de guerra de Estados Unidos en Indochina.