LaRouche responde a una pregunta desde Brasil: Necesitamos una movilización global para derrotar al imperio británico

2 de may de 2011

por Lyndon H. LaRouche, Jr.

Lo que sigue se escribió como respuesta a una pregunta que se envió para la videoconferencia del 19 de abril [1] desde Brasil, acerca de si hay una conspiración para aplastar al dólar estadounidense y sustituirlo con un dólar imperial, utilizando quizás al real brasileño.

Hay dos requerimientos importantes que deben cumplirse, por parte de las naciones y entre las naciones, si se ha de rescatar a la civilización de la crisis de desintegración general que ya se nos echó encima, de la comunidad de naciones trasatlánticas primero, y por ende, de todas las naciones y pueblos. En esta respuesta a su pregunta, me reservo mis propuestas sobre las acciones opcionales para Brasil para la parte final de este informe, hasta haber completado los planteamientos mas amplios, esencialmente preliminares, sobre el marco histórico general y el marco estratégico actual, debidamente resumidos para aclarar la cuestión del monetarismo históricamente.

Lo primero, para todas y cada una de estas naciones, es ponerle fin a los sistemas monetaristas existentes, para reemplazándolos por un sistema de crédito como el que está implícito en un entendimiento competente de la Constitución Federal de Estados Unidos y de la Ley Glass-Steagall de 1933.

Segundo, una vez que el dólar estadounidense haya regresado a un modo de sistema de crédito, en vez de un sistema monetarista, requerimos un acuerdo de tipos de cambio fijos entre las naciones cooperantes.

Ahora bien, considere los momentos relevantes de esa situación de crisis actual, y cómo se llegó a su existencia actual.

Cuatro imperios romanos

Después de la derrota y desplome del podrido imperio persa (aqueménida) por parte de Alejandro el Magno, a la muerte de Alejando le siguió el surgimiento subsecuente de la primera de lo que habría de convertirse en un total de cuatro formas sucesivas de ese Imperio Romano (Bizancio, el sistema "Veneciano Viejo" de las cruzadas, y el actual, el imperio del Nuevo Partido Veneciano), este último conocido como el Imperio Británico que viene dominando al mundo con una forma monetarista (v. gr.,"keynesianismo", "poskeynesianismo") de virtual imperio actualmente.

Desde que se estableció el conjunto dominante de culturas en el mundo, lo que es decir, prácticamente, desde que surgió la forma monetarista de imperios, con centro en el Mediterráneo, hasta la fecha actual del Imperio Británico, la vida intelectual al interior de los sistemas de gobierno por todo el mundo en general, ha estado dominada por una noción de dinero anticientífica, moralmente corrupta, como instrumento de valor económico dentro de un sistema monetarista. Los hábitos mentales asociados con el antecedente de largo alcance de dominio imperial del mundo por parte de los sistemas monetaristas gobernantes en lo político, ha fomentado la influencia extendida de la ilusión que le atribuye formas de valor económico, físicamente eficientes, a las unidades monetarias. Esos hábitos mentales de pensamiento monetarista, son los obstáculos más significativos para la organización exitosa de una recuperación económica general del sistema planetario, una recuperación que tiene que empezar dentro del sistema trasatlántico actual, mediante el recurso de la necesaria medida de reforma iniciadora, el restablecimiento en Estados Unidos de la ley Glass-Steagall de 1933.

La historia moderna del caso

Para situar el caso, tenemos que empezar con los momentos más relevantes del período más pertinente, en términos del intervalo más pertinente entre el hundimiento de Europa en las profundidades de la "Nueva Era de Tinieblas" del siglo 14, hasta la Paz de Westfalia de 1648. Este es el período del ascenso del Renacimiento del siglo 15 con centro en Florencia, el intervalo desde 1492 hacia 1648 de guerras religiosas, hasta el resurgimiento del Cuarto Imperio Romano, en el período del ascenso del "Nuevo Partido Veneciano" que afianzó el poder de un nuevo Cuarto Imperio Romano con sede en Londres, en el transcurso de la ascensión e Guillermo de Orange en Gran Bretaña, hasta esa Paz de París de febrero de 1763 en donde quedó establecido el Imperio Británico como el Cuarto Imperio Romano bajo el liderato de lord Shelburne.

El rasgo crucial de este intervalo fue el efecto de los acontecimientos revolucionarios en torno al gran Concilio ecuménico de Florencia de 1438-1440. Aunque la forma de poder imperialista se restableció en Europa en el tiempo que va desde el estallido de las guerras religiosas durante el período desde 1492 hasta la Paz de Westfalia en 1648, siguió no obstante luego de que se introdujeron los fundamentos científicos y constitucionales de una forma moderna de civilización Europea, con motor en la ciencia. El factor negativo más decisivo durante los años infernales de las guerras religiosas entre 1492 y 1648 fueron los efectos combinados del conflicto resultante del choque entre el progreso científico moderno con motor en la ciencia asociado con el gran Concilio ecuménico de Florencia, por un lado, y por el lado opuesto los esfuerzos por reanudar una aproximación a la tradición de los tres períodos precedentes de imperios romanos, la tradición de lo que se conoce entre los estudiosos clásicos como el pacto de acuerdo que todavía se conoce como el "principio oligarca"; como esa tradición específica del culto délfico Apolo-Dionisio que se afianzó con el acuerdo entre el rey Felipe de Macedonia y los aqueménida.

Esta colisión se complicó por el choque en las filas de lo que había sido el principio de la tradición imperial romana de vieja data, entre el legado de esa facción veneciana cuyo instrumento era su pelele, el clínicamente demente Enrique VIII de Inglaterra, la llamada facción "protestante", y la tradición de los sistemas oligarcas de las tres fases precedentes de las formas anteriores del Imperio Romano. De este enfrentamiento surgió Estados Unidos, como reflejo de las reformas culturales que se vieron expresan en la aparición de Estados Unidos como república constitucional, en conflicto con ambos, con la nueva forma de Imperio Romano conocida como Imperio Británico basado en el Nuevo Partido Veneciano asociado con Guillermo de Orange, y con las reliquias de la tendencia Habsburgo hacia preservar cierta aproximación de las expresiones anteriores de la serie de imperios romanos. Llegaron a una componenda donde salió favorecido el Londres de lord Shelburne, el mismo que definió el Imperio Británico como el nuevo Imperio Romano, al introducir una parodia de aristotelismo diseñada por Paolo Sarpi, el sistema de un liberalismo délfico moderno, basado en el irracionalismo intrínseco de un dogma procartesiano del Nuevo Partido Veneciano, el mentado sistema liberal de "placer y dolor".

No puede haber una reforma competente de los sistemas monetaristas mundiales —que se están desintegrando— sin una comprensión de la crisis de la tradición imperialista europea, que se expresa como el conflicto entre los principios de la Constitución Federal de EU y la tradición de liberalismo sarpiano que ha dominado a Europa desde el período de guerras religiosas recurrentes en el marco de las culturas europeas. Para entender adecuadamente este aspecto de la cuestión, a fin de obtener un resultado práctico decente para la situación actual, se tiene que entender la enfermedad del liberalismo moderno como el origen de la crisis de desintegración general que actualmente embiste, con centro en el sistema trasatlántico.

El papel de Nicolás de Cusa

La ciencia europea moderna, de la cual ha dependido el éxito de la las economías europeas modernas, la pusieron en marcha los seguidores de La docta ignorancia del cardenal Nicolás de Cusa. Se tiene que entender la contribución de Nicolás de Cusa, en gran medida, como una reflexión de su propuesta inicial de adoptar una organización moderna de la sociedad en estado nacional (Concordantia Catholica). Una de las consecuencias más importantes de esto fue el empeño específico de Cusa de cruzar los grandes océanos a fin de de reconstruir los elementos preciosos de la cultura europea lejos de la Europa de su tiempo que se había puesto a si misma en peligro después de la caída de Constantinopla. Fue la propuesta específica de Cusa, en la forma de una copia que le llegó a Cristóbal Colón en Portugal, lo que impulsó a los grandes navegantes del Atlántico de esa época, a cruzar el Atlántico hasta la tierra de una masa continental que los científicos importantes desde Eratóstenes sabían que estaba a una distancia conocida al otro lado. La influencia de la visión de Cusa se refleja en la famosa obra Utopía de sir Tomás Moro de Inglaterra.

Sin embargo, la realización del propósito de Cusa en este respecto, fue derrotada en los territorios de los Habsburgo en las Américas, y, de este modo, se pospuso hasta las iniciativas del Asentamiento de los Peregrinos en Providencia y el período de la cédula real original de la Colonia de la Bahía de Massachusetts, antes del reinado británico del Nuevo Partido Veneciano de Guillermo de Orange. Esta colonia introdujo la práctica de un sistema crediticio, en vez de seguir con la práctica del sistema monetarista de la Europa actual.

La existencia del ejercicio de los sistemas monetaristas es más antigua que la práctica del monetarismo de la secta de Delfos, pero su influencia como forma dominante de gobierno en la sociedad centrada en el Mediterráneo se incorporó más profundamente a la cultura europea bajo el dominio imperialista en todo Europa de cuatro imperios monetaristas sucesivos desde las negociaciones en la Isla de Capri entre Octaviano y los sacerdotes de la secta de Mitra. De esta manera, como Cusa lo había previsto, para crear una salida al poder continuado de las formas recurrentes de Imperio Romano en Europa, los europeos dedicados a este fin se vieron obligados a salir del estrecho campo de influencia de los sistemas monetaristas existentes centrados en torno al Mediterráneo.

Entre las acciones iniciales llevadas a cabo por Guillermo de Orange del Nuevo Partido Veneciano, estuvo la supresión del sistema crediticio de la Colonia de la Bahía de Massachusetts. Sin embargo, la reforma más notoria lograda bajo la creación de la Constitución Federal estadounidense original fue el establecimiento de un sistema crediticio, en reemplazo y en oposición a la participación en la práctica de un sistema monetarista europeo. Es esa virtual enfermedad venérea de las economías conocida como sistema monetario con sede en Londres y la colonia británica conocida como "banca de negocios de Wall Street", la gran amenaza que cae como una epidemia de peste negra sobre el sistema transatlántico actual. La ley Glass-Steagall de 1933 fue la afirmación de un regreso al principio constitucional estadounidense de un sistema de crédito en vez de un sistema monetarista.

A través de toda la prehistoria e historia de Estados Unidos bajo su constitución actual, la batalla constante al interior de Estados Unidos y sus funciones de política exterior, ha sido prácticamente una guerra entre, los patriotas que con pleno conocimiento están comprometidos con el principio del sistema crediticio, como fue el caso del Presidente Franklin Roosevelt, y las inclinaciones monetaristas traidoras del Wall Street controlado por los británicos y sus lacayos, como los casos particularmente virulentos de los presidentes Bush (ambos) y Barack Obama.

Si Estados Unidos no retorna, de modo rápido y tajante, a la ley Glass-Steagall original de 1933, no hay posibilidad en Estados Unidos, ni en otras regiones del sector transatlántico, de evitar el desplome hiperinflacionario de todo el sistema transatlántico actual que ya se nos echó encima. En otros lugares más allá, el sector asiático no podría sobrevivir al desplome general del sistema transatlántico.

La actual pandemia verde

La amenaza de desintegración general del sistema mundial que está en curso no se puede superar si no se le impone una derrota política al imperio británico, a su actual monarquía y sus cómplices. En este respecto hay dos factores importantes que se deben considerar:

Primero están las cuestiones de la ciencia física. Entre estos y otros factores estrechamente relacionados, tenemos la "enfermedad verde", llamada ambientalismo. Si no se abandonan de inmediato los efectos inherentemente hiperinflacionarios de las mentadas prácticas ecologistas, la supervivencia de la civilización transatlántica está condenada de antemano a un pronto desplome mucho peor que el que experimentó Europa en la "Nueva Era de Tinieblas" del siglo catorce. Eso significa el cese inmediato y necesario del títere británico conocido como Presidente Barack Obama, por medio del Capítulo Cuarto de la Enmienda Veinticinco de la Constitución Federal de Estados Unidos. Si no ocurre eso, no es posible la existencia continuada de Estados Unidos, lo que significa un desplome seguro de la región transatlántica en su totalidad.

Segundo, la vida en la Tierra está actualmente en peligro de extinción potencial por los efectos acelerados del aumento previsto de grandes terremotos (de 8 grados o más) y volcanes, y los sucesos letales relacionados en los patrones climáticos, en todo el planeta, en especial en las regiones del llamado "Cinturón de Fuego", pero que se extiende a otras partes. Aunque existen los medios para pronosticar estas catástrofes sísmicas en cierto grado importante, en las Américas o en Europa no hay un compromiso significativo hacia enfoques capaces de tales mediciones, aparte de Rusia y Ucrania.

En este aspecto de la situación que acabamos de mencionar, ya tenemos medios suficientemente confiables para obtener pronósticos relativamente bastante confiables con los cuales los gobiernos podrían actuar para salvar una gran cantidad de vidas humanas; pero los fanáticos "ambientalistas" representados por la monarquía británica, se han constituido en líderes del saboteo de incluso esas capacidades de pronostico que se podrían activar. Mientras tanto, en los años venideros son previsibles estos fenómenos catastróficos, así como el clima extremadamente malo relacionado.

Notablemente, la hostilidad británica y de casos comparables de hostilidad a la cordura en estos asuntos, son reflejo de la tradición profundamente arraigada del principio oligárquico del legendario Zeus del Olimpo. Solamente el "fuego prometeico" de la ciencia nuclear y termonuclear y las exploraciones espaciales podrían satisfacer los medios disponibles competentes para convocar la resistencia de la humanidad a estas fuentes actuales de amenazas físicas plausibles a la existencia de la vida humana en el planeta. La vida humana que según se indica existe en este planeta por escasos dos a tres millones de años, está ahora amenazada por ciertos patrones recurrentes, tales como el ciclo galáctico de 62 millones de años, pero de manera más definitiva, por la tolerancia permanente a un indiferencia "verde" a las realidades cósmicas de la actual crisis que representan los patrones de terremotos y volcanes inherentemente pronosticables, y las formas extraordinariamente violentas de patrones climáticos que ahora se esperan, atribuible a los factores sísmicos.

Tenemos que considerar activamente, como la primera gran prioridad, que nuestra resistencia a los efectos de tales eventos sísmicos importantes y su efectos "climáticos" relacionados, depende de un aumento sumamente intenso de la productividad económica-física de las poblaciones nacionales, per cápita y por kilómetro cuadrado, de tal forma que se asegure la corrección de lo que sería, de lo contrario, una pérdida neta catastrófica. Esto significa prácticamente la cancelación de la totalidad de la mentada "agenda verde", y de manera global, simplemente para tener la energía necesaria para defender a la humanidad contra los efectos de este "clima" excepcionalmente malo. Lo "verde" se debe clasificar ahora como una forma pandémica de enfermedad mental, mortal y amenazadora. Necesitamos una tasa de aumento muy rápida de la densidad energética efectiva per cápita y por kilómetro cuadrado, un efecto, motivado, en principio, por el espíritu que Estados Unidos convocó bajo el liderato del presidente estadounidense Franklin Roosevelt para la Segunda Guerra Mundial.

Se tiene que cancelar la totalidad del plan de Obama y lo que se le parezca, y se le tiene que dar marcha atrás de plano, bajo un plan motorizado por la ciencia y a marchas forzadas.

Esto significa una movilización a nivel global de los Estados nacionales y entre los Estados nacionales.

De esta manera, la restauración de la ley Glass Steagall en Estados Unidos, pondrá en bancarrota buena parte del componente sin valor real de la acumulación puramente especulativa de riqueza puramente monetaria y ficticia. Sin embargo, eso también significa acabar con las acumulaciones de capital ficticias, a fin de movilizar un alza general súbita y vigorosa de la productividad y el empleo per cápita, poniendo un gran énfasis en la infraestructura económica básica de alta calidad, algo parecido a la movilización del gobierno de Roosevelt para la Segunda Guerra Mundial.

Por lo tanto, llevar a la bancarrota a la burbuja monetarista británica es, primero que todo, inevitable en cualquier caso. Posponer el desplome de la burbuja sería la peor opción que la humanidad no podría tolerar bajo las condiciones de este tiempo de crisis. Es indispensable la eliminación de los sistemas monetaristas de especulación.

La reforma de los sistemas financieros de las naciones tiene que estar acompañada de un sistema de cooperación con tipos de cambio fijos, más o menos planetario, entre Estados nacionales respectivamente soberanos. Esto requiere de un cambio de los sistemas monetarios, a un sistema crediticio global, definido por los requerimientos de un patrón global de inversiones físicas que suministre las "plataformas" económico-físicas de las cuales depende el impulso y el sostenimiento de un incremento rápido de la productividad per cápita y por kilómetro cuadrado a nivel planetario.