El bebé del Congreso todavía necesita que lo cambien

22 de may de 2010

21 de mayo de 2010 (LPAC) — Luego de que el Senado estadounidense, aprobó el jueves por la noche el proyecto de ley del senador Chris Dudd sobre regulaciones financieras, Lyndon LaRouche la calificó de inmediato como "la mejor ley que podía comprar el dinero sucio". La ley, sin la enmienda Glass-Steagall, y despojada de cualquier normativa a los derivados, es pura basura completita, comprada y pagada para y por la industria de los derivados financieros y por la Bóveda (the Vault), como se conoce al consorcio de bancos de Boston que representan la última encarnación viva de la Compañía de Indias Orientales británica. Y todo lo que se está diciendo sobre esta ley, en particular por Obama, no son más que un bojote de mentiras.

El Presidente Obama demostró, una vez más, que es un idiota y un traidor a Estados Unidos. Y con algunas pocas excepciones, los miembros del Congreso estadounidense, en especial del Senado de Estados Unidos, demostraron que son unos cobardes en absoluto.

Los estadounidenses muy pronto repudiarán al Senado, cuando se den cuenta de la burla que se acaba de llevar a cabo. La indignación de los electores se va a despertar ahora completamente. Ya vimos, con el resultado de las elecciones primarias del martes 18 de mayo, que los estadounidenses están en estado de sublevación total contra el liderazgo de ambos partidos, el Demócrata y el Republicano. El Presidente Obama hizo una fuerte campaña a favor del Senador Arlen Specter, hasta el punto de tratar de sobornar al Diputado Joe Sestak ofreciéndole un alto cargo en su Gobierno, si retiraba su candidatura en las primarias. Los electores mostraron su rechazo a Obama, mucho más de lo que rechazaron al Senador Specter. En Kentucky, el candidato de Mitch McConnel escogido a dedo para el puesto vacante para el Senado de Estados Unidos, fue aplastado por Rand Paul, en otra muestra de repudio brutal a los poderes establecidos en Washington.

Lyndon LaRouche comentó sobre los acontecimientos de esta semana: "No hay nada que sea más repugnante a los estadounidenses que el presidente Obama, exceptuando al Congreso de Estados Unidos".

Ahora bien, no es este el momento de molestarse y de quejarse. La realidad fundamental es que el mundo se dirige, inmediatamente, hacia una precipitación a una nueva y muy oscura, era de tinieblas, a menos de que forcemos al Congreso a reinstaurar la ley Glass-Steagall, así como lo especifica la enmienda Cantwell-McCain. Y se debe clausurar todo el mercado de derivados. ¡Acabar con ellos, ya!

El 78% de los estadounidenses quieren la glass-Steagall, y no le van a permitir a un puñado de perdedores en el Congreso y en la Casa Blanca que se interpongan en su camino. El Presidente, en su infinita estupidez, se ha metido en una trampa para su enjuiciamiento. Al jugar un rol personal, que sabemos que jugó, para aniquilar a la Glass-Steagall, por el momento, el Presidente logró intensificar el disgusto que sienten los estadounidenses por él. Van a exigir su remoción del cargo, en la primera oportunidad. ¿Un cheque en blanco de entre 13 y 24 billones de dólares para los peces gordos de Wall Street, y ni un centavo para la creación de empleos o para la inversión en infraestructura? No estamos de acuerdo con eso, señor Presidente.