Reviven el Programa T4 de Hitler en la "reforma" de Obama a la atención médica

30 de may de 2009

30 de mayo de 2009 (LPAC). El siguiente artículo aparecerá en la próxima edición de Executive Intelligence Review del 5 de junio.

REVIVEN EL PROGRAMA T4 DE HITLER EN LA 'REFORMA' DE OBAMA A LA ATENCION MEDICA

por Nancy Spannaus

En julio de 1939, se celebró en Berlín, Alemania, una conferencia de profesionales de la medicina. Entre los participantes estuvieron los profesores de planta de siquiatría y los directores de los departamentos de siquiatría de las principales universidades y escuelas de medicina de Alemania, los profesionales más respetables en sus respectivos campos muchos de ellos. El tema: ¿Cuál serí el criterio para determinar qué pacientes serían considerados como "vidas que no valen la pena ser vividas", y cuál era la manera más "práctica y barata" de sacarlos del sistema de salud por ser una carga, mediante la muerte.

De este modo, empezó a echarse a andar la maquinaria burocrática de lo que se conoce como el programa de genocidio de Adolfo Hitler usando la "eutanasia", un programa que asesinó a cientos de miles de alemanes no judíos y finalmente, millones de judíos, así como también no alemanes

Ese programa, que había empezado años antes, en contra de los prisioneros en los campos de concentración y los niños incapacitados, oficialmente se hizo vigente en octubre de 1939, cuando Hitler firmó su propia autorización personal y secreta para el programa con el título "La destrucción de las vidas que no valen la pena ser vividas".

"Reichsleiter Bouhler y el Dr. Brandt son los encargados con la responsabilidad de ampliar la autoridad de los doctores, que se designarán por nombre, con el fin de que los pacientes que se consideren incurables según el mejor juicio humano disponible sobre su estado de salud, les puedan otorgar una muerte compasiva".

Para llevar a cabo este programa, Hitler y sus asociados nazis perversos habrían de utilizar a cabalidad el aparato "profesional" que se había puesto en operación, asi como también la ideología popularizada de la eugenesia, engendrada por los británicos, que se había vuelto cada vez más dominante en Alemania desde que los poderosos financieros británicos y de Wall Street habían ayudado a llevar a Hitler al poder. El asesinato tendría que proceder con la mayor "eficiencia en costos" y profesionalismo, con el fin de ahorrar fondos para los proyectos preferidos del estado nazi, y no desperdiciarlos en tratamientos "ineficientes".

Si esto suena familiar, debería serlo. Porque las propuestas que está poniendo sobre la mesa de discusiones ahora el gobierno de Obama las siguen prácticamente a pie juntillas. Primero, los "expertos" deciden cuál es un cuidado "eficiente", teniendo en mente principalmente la "eficiencia en costos" para descartar los tratamientos "inapropiados". Estas normas se convierten en ley, en términos de cuál es el servicio médico que se va a pagar. Luego otros expertos llevan a cabo de manera eficiente estas decisiones, a través del aparato hospitalario existente.

El resultado, como en la Alemania nazi, es que de un plumazo, se condena a muerte a millones de personas.

El programa T4

El programa T4, que se estableció mediante una orden secreta de Hitler, recibió su nombre por la dirección de su oficina en Berlín, Tiergarten 4, que albergaba la organización coordinadora del programa, el Grupo de Trabajo de Sanatorios y Asilos del Reich. Estaba a cargo Philip Bouhler, jefe de la Cancillería y el Dr. Karl Brandt, médico personal de Hitler y el funcionario médico en jefe encargado de todo el territorio.

La primera tarea fue diseñar un cuestionario que se usaría para ubicar por categorías a la población interna designada. Se diseñaron cuatro categorías:

1.- Pacientes que sufren de enfermedades específicas que no pueden trabajar o que solo pueden trabajar en trabajos mecánicos simples. Estas enfermedades incluían la esquizofrenia, epilepsia, enfermedades seniles, parálisis resistente a la terapia, retardados mentales y enfermedades parecidas.

2.- Pacientes que han sido internandos constantemente en los últimos cinco años.

3.- Pacientes que dementes criminales

4.- Pacientes no alemanes

Aunque incluía estas categorías, el cuestionario en general daba la impresión de un estudio estadístico más bien neutral, que también ahondaba en las biografías de los pacientes, su situación financiera y cosas parecidas (ver fascimil). Estaba acompañado de un cuestionario para la institución que alojaba al paciente, con preguntas sobre el personal, las camas disponibles, preguntas sobre el presupuesto. Ponía un énfasis significativo también en detallar las capacidades de trabajo de los pacientes.

El primer cuestionario se envió en octubre de 1939, el mes en que Hitler firmó la orden de hecho. Se enviaron a los hospitales del Estado y a otras instituciones públicas y privadas que tenían pacientes mentales, epilépticos, retardados mentales, y otras personas incapacitadas. La responsabilidad de llenarlos, a menudo en un corto tiempo, recaía en los doctores de esas instituciones.

Estos cuestionarios se enviaban después a páneles de tres o cuatro expertos en siquiatría, quienes indicaban sus opiniones sobre si el paciente (a quien nunca habían visto, mucho menos examinado, y de quien no conocían su historial médico) debía vivir o morir. Cada "experto" tomaba su decisión independientemente, y le pasaba el cuestionario al siguiente. Las alternativas de los expertos eran, efectivamente, solo una de dos opciones: un signo de más en rojo, lo que significaba la muerte, o una raya en azul, que significaba la vida. Ocasionalmente alguno de los siquiatras pondría un signo de interrogación en el espacio en blanco.

Los cuestionarios, de los cuales se habían hecho muchas copias, se enviaban a un jefe experto, que daba su aprobación al juicio último. En este nivel "superior", no había otra alternativa más que vivir o morir. De hecho, el "experto de alto nivel" no tenía que guiarse por las recomendaciones que se le hacían. Su juicio no tenía apelación. A partir de este momento, era cuestión de enviar de regreso la decisión a las instituciones pertinentes, en donde se llevaba a cabo la disposición final del paciente, enviándolo a uno de los "centros de asesinato" designados.

Estos centros, también, eran supervisados por personal médico, quienes supervisaban los asesinatos y quienes eran los responsables de elaborar los certificados de muerte fraudulentos que se enviaban a los familiares de quienes habían sido señalados de tener vidas que "no valen la pena ser vividas".

Consejos de expertos

Volvamos al tiempo presente, en donde estamos en las primeras fases del programa de eutanasia nazi (llamado "reforma"), promovido por el gobierno de Obama y sus "expertos" en sicología conductista. Empieza con el dictamen de que no hay suficientes recursos para proporcionar atención médica para todos, especialmente para aquellos "al final de su vida" y que no se puede rehabilitar "eficientemente". En otras palabras, los axiomas nazis de que hay vidas "que no valen la pena ser vividas". Al menos de acuerdo con las prioridades de gastos que ha establecido el gobierno, es decir, lo primero es salvar a los bancos.

El segundo paso es que el gobierno cree esos "paneles de expertos" que determinarán los criterios de quien recibirá servicios médicos y quien no los recibirá. Ya de hecho, el llamado paquete de estímulos de Obama ha creado uno de estos paneles, el "Federal Coordination Council for Comparative Effectiveness Research" (Consejo Coordinador Federal de Investigación sobre Eficiencia Comparativa). Este consejo de 15 miembros está conformado por "expertos" con las mejores credenciales, muchos de ellos médicos, que tienen la tarea de "coordinar la investigación" sobre los valores relativos de los tratamientos. Aunque explícitamente alegan que el Consejo no va a emitir, directamente, ningún juicio sobre los tratamientos y pagos, está claro que la investigación que ellos conducen tiene la intención de hacer precisamente eso.

Es particularmente ominoso el hecho de que uno de los miembros del consejo, el Dr. Ezekiel Emanuel, esté entrenado en "bioética", una disciplina dedicada precisamente a determinar un criterio para decidir quien debe vivir, y quien debe morir. Es también de crucial importancia el hecho de que el jefe de la Oficina de Administración y Presupuesto (OMB por siglas en inglés) de Obama, Peter Orszag, ya haya establecido su juicio genocida de que son innecesarios alrededor de un 30% de los servicios y procedimientos actuales en los servicios de salud.

Es claro que el Consejo de Eficiencia Comparativa no es más que el principio del genocidio, si no se para en seco este plan nazi.

Veamos algunas otras propuestas.

Una de ellas fue hecha por el exsenador Tom Daschle, a quien el Presidente Obama quería nombrar secretario de Salud y Servicios Humanos, y zar especial sobre Salud de la Casa Blanca. El plan de Daschle, como lo presenta en su libro "Crítico: Qué es lo que podemos hacer sobre la crisis en salud" del 2008, se centra en torno a la creación de una Junta Federal de Salud todo poderosa, que tendría la capacidad de actuar sin interferencias políticas, como sucede con la Reserva Federal en el sistema monetario.

La Junta Federal de Salud de Daschle tendría una junta de gobernadores ("médicos clínicos, gerentes de prestaciones de salud, economistas, investigadores y otros expertos respetables") que encabezarían un enorme equipo de analistas que elaborarían decretos obligatorios sobre políticas en las áreas de seguros y los servicios médicos per se. La junta determinaría qué tratamientos son, desde su perspectiva, "los que tienen mayor valor clínico y costos más eficientes". Ellos promoverían la "calidad" "usando pautas basadas en la evidencia y haciendo los recortes en los servicios inapropiados". Además, la Junta Federal de Salud "vincularía los incentivos con un servicio de alta calidad", un término rebuscado que significa pagarle a los doctores por mantener los costos bajos y retener pagos por procedimientos no autorizados.

Daschle dice que la Junta Federal de Salud es una "fijadora de normas", pero, de hecho, se convertiría en el dictador sobre quien vive y quien muere.

Paralela a la propuesta de Daschle está una legislación presentada por el senador Jay Rockefeller (D-WVA) el 20 de mayo. Rockefeller propope que la Comisión Asesora sobre Pagos de Medicare (MedPAC, creada en 1997) se extienda de su mandato actual para asesorar sobre tarifas de pago para los 44 millones adscritos al Medicare, establecer listas de normas de tratamientos autorizados, y hacer que se acaten las regulaciones sobre los ofrecimientos de los servicios de salud y los reembolsos. El comunciado de prensa de Rockefeller afirma que quiere que MedPAC esté compuesto de "expertos independientes" al estilo de una "agencia ejecutiva tomando como modelo la Reserva Federal".

(Medicare, es el servicio medico gubernamental para mayores de 65 años).

Agrega: "Tenemos que sacar al Congreso de su papel actual... Es ineficiente e inefectivo; no somos expertos en servicios de salud y el ser un cuerpo deliberativo significa que no podemos mantener el paso con un mercado de servicios de salud en rápida transformación".

Sabían o debieron haber sabido

Cuando los doctores nazis y otros, fueron juzgaods por crímenes en contra de la humanidad y genocidio en los Jucios de Núremberg, después de la Segunda Guerra Mundial, muchos alegaron que ellos solo tenían las mejores intenciones, otros que solo cumplían órdenes. De hecho, voluntariamente sirvieron de "expertos" o piezas burocráticas en una maquinaria de asesinato en masa, de cuyo resultado estaban totalmente conscientes.

Aunque no existe duda de que la degeneración de nuestra cultura, en términos de valorar la vida, ha avanzado una gran distancia en las últimas décadas, preparando así a la población para que acepte hoy la eutanasia nazi, todavia se puede parar al aparato semejante al que creó Hitler. Se tiene que parar ahora, antes de que los "expertos" médicos y económicos lleven de nuevo a cabo un genocidio.

Entre las fuentes principales para este artículo se encuentran "A Sign for Cain, An Exploration of Human Violence" por Fredric Wertham y "The Nazi Doctors" por Robert Jay Lifton.