Una propuesta de rescate "criminalmente demente"

18 de septiembre de 2008

17 de septiembre del 2008 (LPAC).— "La patología de esta crisis consiste en que, si no te le adelantes y la enfrentas desde una posición de fortaleza, devora al vínculo más débil de la cadena y luego prosigue a devorar al que le sigue", afirman Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal, el ex secretario del Tesoro Nicholas Brady y el ex contralor de la moneda Eugene Ludwig en un artículo editorial del Wall Street Journal del 17 de septiembre. Dicha descripción del problema es adecuada, mas la solución que proponen, que el gobierno federal adquiera todo el papel malo del sistema bancario, sería en palabras de Lyndon LaRouche "criminalmente demente". El trío escribe que "ahora mismo el sistema está obstruido con cantidades enormes de papel tóxico de bienes raíces que no se pagará de acuerdo a los términos originales". Y "a su vez, este papel no puede soportar enormes cantidades de instrumentos financieros estructurados, apalancados hasta 30 veces". Sin embargo, lo que proponen es un nuevo "mecanismo de resolución" basado en la Resolution Trust Corp. (RTC), la agencia creada para supervisar el derrumbe del sector de ahorro y préstamos a finales de los 1980 y principios de los 1990. "Este nuevo organismo gubernamental podría acaparar el papel problemático al precio justo del mercado", almacenándolo y dándole "la oportunidad a que una buena parte recupere una porción de su valor".

La misma edición del Urinario de Wall Street contiene también artículos de Lawrence Lindsey, ex asesor presidencial en política económica, y de Steven Rattner, ex banquero de Lazard ahora administrador de fondos, impulsando fantasías locas similares. Lindsay propone un "corta fuegos" alrededor del sistema de pagos, y señala que "casi 40% de los activos del sistema bancario no están protegidas por la FDIC", el fondo gubernamental que garantiza los depósitos. También propone que se le permita a los bancos más libertad en valorar los activos que tienen en los libros, como una forma de mejorar sus posiciones de capital. Rattner sugiere que se necesitan bancos más grandes, y destaca que "hasta el vanagloriado Goldman Sachs y el venerable Morgan Stanley pueden resultar demasiado pequeños para permanecer independientes".

De modo interesante, Lindsey cita a Isaac Newton y Rattner a Friedrich Nietzsche, un caso típico de mentes muertas citándose entre sí, a la vez que exponen ideas muertas para salvar un sistema financiero muerto.

La única "posición de fortaleza" desde la cual hacer frente a esta crisis, es la que defiende Lyndon LaRouche, que empieza por admitir la verdad sobre el estado del sistema financiero mundial y tomando las decisiones difíciles que emanan de esa verdad. Tratar de rescatar este sistema en bancarrota, como lo están intentando de manera desesperada los banqueros, detonará una explosión hiperinflacionaria de la misma fuerza destructora que golpeó a la Alemania Weimar en 1923, sólo que en una escala mucho más grande y global. Al ver los acontecimientos del día, LaRouche dijo: "Esto es como la Alemania Weimar en noviembre de 1923".