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¿Fraude electoral por computadora en EU? ¡SÍ, y son los británicos!

21 de noviembre de 2020
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21 de noviembre de 2020 — Si buscan alguna interferencia extranjera en el proceso electoral de Estados Unidos, olvídense de Venezuela y hasta de George Soros. Son los británicos otra vez.

Y no se trata nada más de una interferencia en las elecciones. Ya es hora de acabar con las políticas de gobierno e ideologías culturales que han sido forjadas por los británicos.

Pero primero las elecciones.

Varias demandas legales siguen acumulándose en los tribunales y más testigos directos se han ofrecido a prestar testimonio de lo que han visto (o de lo que no han visto): cómo ponerle una fecha atrasada a las boletas que llegaron por correo; lotes de boletas inusualmente uniformes; paquetes de boletas en las que solo se llenó la opción presidencial, y las opciones al Congreso están vacías; a los observadores electorales se les negó la oportunidad de observar de manera significativa el conteo de votos; en algunos sitios se dieron instrucciones de no verificar la identidad o la firma de las boletas, etc., etc.

En cuanto al fraude electrónico, la compañía Dominion Voting Systems (que tiene su sede en Canadá, un dominio de la Mancomunidad Británica de naciones cuyo jefe de Estado es la reina Elizabeth), cuyas máquinas contaron 1,3 millones de votos en Pennsylvania, se echó para atrás en su compromiso de presentarse a atestiguar el viernes en una audiencia en Harrisburg, capital del estado.

¿Y qué de Smartmatic, la otra compañía de máquinas de votación acusada de innumerables fechorías? Su presidente es el lord Mark Malloch-Brown, un Caballero Comendador de la Orden de San Miguel y de San Jorge, miembro del Consejo Privado del Reino Unido. En un principio la compañía la crearon unos ingenieros venezolanos y en 2005 compró la compañía Sequoia Voting Systems (uno de los principales proveedores de máquinas de votación en Estados Unidos) a la compañía británica De La Rue, donde los venezolanos quedaron como socios menores. En 2014, se creó una nueva compañía tenedora, SGO, la cual tiene a Smartmatic como su caballito de batalla. SGO tiene como presidente al barón Malloch-Brown, y entre sus otros directores están los dos venezolanos que le dieron origen a Smartmatic, además de sir Nigel Knowles, quien fue el Alto Sheriff de Londres. Es completamente absurdo y ridículo seguir insistiendo en que se trata de una compañía “venezolana”; es una compañía británica. Y los que alegan que a Malloch-Brown lo controla George Soros son ridículos: ¡Es totalmente al revés!

Malloch-Brown tiene una larga carrera en perjuicio de la democracia en el mundo. Él ayudó a derrocar a Ferdinand Marcos en las Filipinas en 1986; fue parte del grupito, junto con Soros, que estableció el Tribunal Penal Internacional (utilizado casi exclusivamente en contra de dirigentes africanos), y promueve la doctrina británica de la “Responsabilidad de Proteger” (conocido en inglés con el acrónimo “R2P”) que se trata de un sofisma cínico contra el orden de las soberanías nacionales vigente desde el Tratado de Westfalia, que se utiliza como pretexto para las guerras de cambio de régimen, como en el caso del mandatario libio Muamar Gadafi; fue también uno de los creadores de la “revolución rosa” de Saakashvili en Georgia.

Hay varios otros factores británicos por desarraigar.

La sede del poder de Gran Bretaña reside en la City de Londres, el enclave de una milla cuadrada en donde se dan los mayores flujos financieros del mundo y que concentra a los principales especuladores financieros. Su poder se mantiene en base a la financialización de la economía, que se promueve a través de tales dogmas anticientíficos (y contrarios al Sistema Americano de economía política) como el mítico “libre comercio” y de la “mano invisible”, mediante los cuales se tiende a sacar las mayores ganancias financieras mientras que se reduce la capacidad productiva de la economía física. El propagandista de la Compañía de Indias Orientales británica, Adam Smith, no es ningún amigo del mundo. El intento de introducir las monedas digitales en los bancos centrales es el siguiente paso al plan de introducir tasas de interés negativas y ocasionar un “cambio de régimen” en las finanzas internacionales y nacionales, mediante el cual los bancos no solo podrán fijar las tasas de interés, sino que además van a decidir muy directamente hacia dónde va el dinero, para eliminar la facultad reguladora de los gobiernos sobre los bancos.

Otro factor central para impedir el crecimiento de la economía, es la ideología británica del maltusianismo, que se ve en el actual movimiento Verde, cuya figura simbólica es la adolescente Greta Thunberg. Pero quien realmente está tomando la iniciativa en el “enverdecimiento” de la economía es Mark Carney, el ex gobernador del Banco de Inglaterra y actual vocero de la ONU para imponer las “finanzas verdes” en el mundo, una idea que consiste en negar financiamiento a la industria y a la agricultura que no utilicen “tecnologías verdes”, con las que ninguna industria y ninguna actividad agropecuaria puede funcionar a gran escala..

Entonces, ¿lo “Verde” es malo?. Pues sí, y bastante mortífero. A diferencia de cualquier otra forma de vida, los humanos cambiamos nuestra relación con el resto de la naturaleza mediante los descubrimientos que nos permiten elevar nuestras facultades productivas y crear nuevos recursos. Ese es el medio por el cual, a través de milenios, hemos aumentado nuestra población en órdenes de magnitud, más allá de los gorilas. El punto de vista “Verde” niega esta diferencia, con su axioma de que los recursos son limitados y llega a la conclusión de que el crecimiento mismo está “destruyendo” el planeta, y en aras de “defender al planeta”, proponen reducir la población humana en el planeta a un número mínimo: Negar las inversiones que no sean Verdes es negar el desarrollo a regiones del mundo severamente subdesarrolladas, al mismo tiempo que reduce el potencial económico del llamado sector desarrollado.

Y por supuesto, la única forma en que esa pequeña isla ha mantenido tanto poder por siglos ha sido manteniendo a sus adversarios (o quienes pudieran descubrir que deben ser sus adversarios) peleando unos contra otros o contra el enemigo equivocado. Aquí entra el Rusiagate en Estados Unidos y la multiplicidad de pecados que se le achacan a China.

Al mostrar y divulgar (y desclasificar lo que esté clasificado de secreto de Estado) la interferencia electoral británica –la cual hemos visto a montones en el esfuerzo de los últimos cuatro años por perjudicar, deslegitimar y hasta dar marcha atrás a los resultados del triunfo electoral del Presidente Donald Trump en 2016— se consigue desenmascarar los orígenes de las verdaderamente malignas ideologías que corrompen las universidades, las instituciones y la cultura.

El espíritu de la Revolución Americana, el triunfo sobre el imperio británico y su modo de ver al mundo, exige que Estados Unidos termine de una vez por todas con la mentada “relación especial” con sus abusivos primos británicos, y que colabore con sus aliados naturales como Rusia y China, en el logro de las metas comunes de la humanidad, hacia el desarrollo del enorme potencial para el desarrollo científico y económico listo para florecer ante nuestros ojos.