El problema con las encuestas; ¡es que son lineales, estúpido!

7 de noviembre de 2020

6 de noviembre de 2020 — La razón por la cual casi todas las encuestas que se hicieron sobre el posible resultado de las elecciones en Estados Unidos fracasaron miserablemente, tiene muy poco que ver con que los electores de Trump sean “tímidos” y que no les guste hablar con los encuestadores. En parte, las firmas encuestadoras más grandes subestimaron intencionalmente el grado del respaldo a Trump, como parte de lo que el Presidente Trump denominó como la “supresión de las encuestas”. Y también tiene que ver con el hecho de que, en tiempos de una crisis sistémica como la que vivimos hoy, el comportamiento pasado de las personas tiene muy poco poder de predicción sobre lo que van a hacer en el futuro, independientemente de lo que puedan pensar esas personas.

Lyndon LaRouche con frecuencia hablaba de cómo funciona el proceso de una huelga de masas. En tiempos normales, el comportamiento de la mayoría de las personas será predecible, porque sus instituciones todavía funcionan, cuando menos parcialmente, y por lo tanto no están inclinados a darle una patada al tablero. En momentos de una crisis de desintegración, cuando todas las instituciones fallan o se han colapsado de un todo, así como hoy, les embarga un estado de ánimo en contra de las instituciones dominantes, que produce un comportamiento que no es una mera extensión lineal del pasado, ni tampoco son manipulados tan fácilmente por los medios de comunicación masivos, como ha sucedido en el pasado. LaRouche reconoció de inmediato este fenómeno en la victoria electoral de Trump en el 2016, y destacó que estaba en marcha un proceso internacional, no un proceso nacional. Se mostró que LaRouche estaba en lo correcto cuando sucedió la votación por el Brexit en el Reino Unido, con las elecciones italianas, los Chalecos Amarillos en Francia, la victoria de calle del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y así por el estilo. Lo que sucedió en Estados Unidos el 3 de noviembre del 2020, es una extensión y profundización, de ese proceso internacional que se encuentra en pleno desarrollo todavía.

Un artículo en la revista The Economist de Londres, tomó nota de este nuevo fenómeno. El artículo que fue publicado el 4 de noviembre se titula “Why the Polls Overestimated Support for Joe Biden” (Por qué las encuestas sobrestimaron el apoyo a Joe Biden) y revisa los hechos que ya son bien conocidos sobre qué tan mala fue la lectura que hicieron las encuestadoras sobre la población, y qué tan erradas estuvieron sus encuestas tanto sobre la campaña presidencial como de las campañas para el Congreso. Pero en vez de hacer hincapié en el supuesto factor de la “timidez”, el artículo señala que sucedió algo más: “Estos errores reflejan una debilidad general de los modelos cuantitativos. Nuestro personal responsable de las estadísticas extrapola las pautas históricas hacia el futuro y explora los posibles errores en sus suposiciones. Cuando decimos que un candidato dado tiene una posibilidad de ganar del 60%, lo que en realidad queremos decir es que el 60% de los candidatos al pasado en una posición similar salieron ganando”.

Si la gente solo actuase linealmente, es decir, dejasen de actuar como seres humanos, entonces los encuestadores atinarían siempre.

NIKE AIR HUARACHE