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Ramasimong P. Tsokolibane renovó su declaración: ¿Quieren salvar vidas? Una crisis de hambruna extraordinaria exige una respuesta extraordinaria

octubre 20, 2020
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17 de octubre de 2020 —Yo, Ramasimong Phillip Tsokolibane, soy el dirigente del movimiento de LaRouche en Sudáfrica.

A principios de esta semana, pedí a nombre de millones de africanos que sufren hambruna, una movilización internacional para salvarlos a ellos y salvar la vida de otras cientos de millones de personas de todo el mundo que también enfrentan una muerte por inanición en el corto plazo.

Yo apelé a Donald Trump, en su capacidad de ser la persona más poderosa del planeta, en virtud de su cargo como Presidente de Estados Unidos, a que asuma la responsabilidad que le impone la Constitución de Estados Unidos, y que movilice todos los recursos de su nación, tal como la capacidad de producir alimentos que tienen los grandes granjeros de Estados Unidos y las capacidades logísticas de las fuerzas armadas estadounidenses, para producir los alimentos y hacerlos llegar donde se necesiten.

Señalé que en este esfuerzo, se le deben unir las fuerzas de las otras grandes potencias, como Rusia y China, y respaldé el llamado que hizo la gran dama, Helga Zepp-LaRouche, presidente del Instituto Schiller, para que se lleve a cabo una cumbre en la que se discutan los medios para resolver las grandes crisis que enfrenta la humanidad, tal como la pandemia global y esta crisis de hambruna, que están relacionadas.

Quiero ratificar mi convicción, la cual sé que comparte la señora Zepp-LaRouche: estas crisis requieren de una respuesta global extraordinaria, en la que la totalidad de nuestros recursos, incluyendo las de las poderosas capacidades militares de las grandes potencias, se deben utilizar, no para mutilar o para asesinar personas, sino para salvar sus vidas. Ha llegado el momento de hacer una reevaluación radical y dar un nuevo propósito a las capacidades de la humanidad, a fin de que pueda sobrevivir a esta crisis enorme.

Este no es un asunto para debatir. La gente está muriendo por millones, y muy pronto van a morir varios millones más, y nosotros, todos nosotros, nuestros dirigentes, como el Presidente Trump, y todos nuestros ciudadanos, tenemos que tomar la decisión de salvarlos y tomar las medidas necesarias, como naciones e individuos, para asegurar que así sea.

Quiero recalcar la advertencia que hizo David Beasley, del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que podrían morir de inanición más de 300,000 personas al día, a menos de que se tomen medidas de inmediato. Yo no conozco al señor David Beasley, sin embargo me atrevo a decir que él estaría de acuerdo conmigo en que incluso su programa, que actualmente tienen la mejor capacidad de distribución de alimentos en el mundo, no puede hacer frente a esta crisis, incluso si estuviera a la mano de inmediato todo el dinero que él ha solicitado.

Décadas de subdesarrollo, impuestas por los poderes financieros del imperio británico y sus instituciones globalistas, como el asesino Fondo Monetario Internacional (FMI), han dejado al mundo sin siquiera la infraestructura básica, como carreteras, para hacer llegar los alimentos a muchas zonas rurales, donde ya la gente está muriendo de inanición.

Ciertamente, el PMA debe jugar un papel para hacer posible una solución, sin embargo el PMA no es la solución, y tampoco el PMA ha pedido nunca el tipo de movilización que yo estoy planteando hoy. Y eso sucede porque hasta la gente mejor intencionada se ve atrapada en un paradigma en el cual se ve forzada por “las circunstancias” a aceptar la muerte de mucha gente, a causa de la inanición o de enfermedades, como algo doloroso pero inevitable. Yo por mi parte, y la señora LaRouche por otro, nos rehusamos a aceptar esta forma de pensar defectuosa.

Tenemos que movilizarnos desde la perspectiva de que la vida de cada uno de los seres humanos vale, incluyendo la de millones sobre millones de vidas de negros en África; que cada vida es preciosa; que cada una se tiene que apreciar y cultivar. Ese millón de almas no pueden prosperar y buscar la felicidad que viene con una vida productiva, mucho menos existir siquiera, sin el apoyo material, cultural y espiritual de una economía en crecimiento.

Primero deben tener lo suficiente para comer. El derecho a alimentarse debe llegar a entenderse en general como un derecho humano básico, como lo es el derecho a una atención médica adecuada. Como ciudadanos de nuestras naciones, pero también como miembros de la raza humana, debemos luchar para transformar este entendimiento moral y convertirlo en política pública, haciendo responsables a nuestros mandatarios del principio del bienestar general, como se consagra en ese glorioso documento, la Constitución de Estados Unidos, y en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), como lo redactó la señora Eleanor Roosevelt en 1947.

De nuevo le hago el llamado al Presidente Donald Trump, como respuesta a la advertencia que hizo su amigo, David Beasley: movilice todos los recursos que tiene en su haber su gran nación, Estados Unidos, para salvar al África de la hambruna y la muerte. De a los granjeros estadounidenses la misión de alimentar al mundo. Yo estoy seguro que van a estar a la altura del desafío. Ordénele a las fuerzas armadas estadounidenses, que tienen la mejor capacidad logística de cualquier nación o combinación de naciones en el mundo, que planifiquen cómo podrían hacer llegar los alimentos desde los productores a quienes los necesitan. Yo estoy seguro de que ellos pueden hacer esto. Haga un llamado al resto del mundo a que se una en esta iniciativa moral. Señor Trump, los tiempos exigen que usted sea el dirigente que necesitamos. ¡Hágalo ya!

También pido que este asunto se trate y se discuta en la Comisión para la Coincidencia de los Opuestos, que fue establecida recientemente por la señora Zepp-LaRouche, en especial para abordar temas como este. Apoyo plenamente el llamado que ella hizo para hacer una movilización extraordinaria para crear un sistema global de salud pública para poder hacer frente a la crisis de la pandemia. África necesita el ejército de trabajadores de la salud y médicos voluntarios, que ella ha propuesto crear.

Debemos hacer estas cosas. ¡Salvar millones de vidas, cuyas muertes pueden y deben impedirse!

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