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El día del trabajo, y el día de LaRouche

8 de septiembre de 2020

9 de septiembre, 2020 – El lunes 7 es el Día del Trabajo en Estados Unidos, en un reconocimiento al poder del trabajo, que fue considerado pertinente (aunque no se estableció legalmente sino dos décadas después) en el mensaje del Presidente Abraham Lincoln sobre el Estado de la Unión al Congreso, el 3 de diciembre de 1861. Al mismo tiempo que le informaba al Congreso que se estaba imponiendo de nuevo el “despotismo” en los estados escindidos del sur, Lincoln atacó sutilmente la idea de que la libertad solo implica la existencia de instituciones democráticas y derechos populares. Condenó explícitamente la idea que hay entre muchos estadounidenses, de que la posición y el poder del trabajo se podría considerar como algo fijo, ya sea en la servidumbre o como “libre” asalariado de por vida, mientras que el capital nuevo por si solo eleva el poder de producción. Lincoln decía:

“No se necesita… que se haga un argumento general en favor de las instituciones populares; pero hay una cuestión, con sus conexiones, no tan trillada como las demás, por lo cual les pido me pongan un poco de atención. Es el efecto de colocar al capital al mismo nivel, si no es que por encima, del trabajo, en la estructura de gobierno. Se asume que el trabajo solo está disponible en relación con el capital; que nadie trabaja a menos que alguna otra persona, que tiene el capital, de alguna manera por el uso que le da a este, induce a otro a trabajar. Cuando se asume esto, se considera enseguida si es mejor que el capital contrate trabajadores, y de ese modo los induzca a trabajar con su consentimiento, o comprarlos, y llevarlos a esto sin su consentimiento. Llegando a este punto, es natural concluir que todos los trabajadores son, o trabajadores contratados o lo que llamamos esclavos. Y además, se asume que cualquier persona que sea una vez trabajador contratado, queda fijo en esa condición de por vida.

“Ahora bien, no existe tal relación entre el capital y el trabajo, como se supone, ni tampoco existe tal cosa como la de un hombre libre fijo en la vida en la condición de trabajador contratado. Estos dos supuestos son falsos, y todo lo que se infiere de ellos no tiene fundamentos.

"El trabajo es anterior, e independiente, del capital. El capital es sólo el fruto del trabajo, y nunca podría haber existido si el trabajo no hubiera existido primero. El trabajo es superior al capital, y merece más la consideración mayor".

El martes 8 de septiembre, Lyndon LaRouche habría cumplido 98 años, el economista y estadista cuya obra, El Poder de la Razón, fue solo una de las innumerables obras, grandes proyectos, e iniciativas audaces por medio de las cuales elevó la idea del poder del trabajo al poder ilimitado de la razón humana. Desde su más temprana obra importante sobre economía, Economía Dialéctica, Lyndon LaRouche demostró el concepto de Lincoln de que la fuerza de trabajo productiva es la creadora previa del capital, y de nuevas y superiores formas de trabajo productivo, por medio de la invención creativa.

Pero fue mucho más allá. Lyndon LaRouche superó a cualquier economista físico, al menos desde Gottfried Leibniz, al pronosticar y explicar qué tan alto pueden elevar las más pobres de las fuerzas laborales del mundo, sus facultades físicas, culturales y científicas, en períodos de décadas, por medio de grandes proyectos de desarrollo.

En su concepto del poder del trabajo, LaRouche entendió la idea fundamental de Leibniz de la capacidad de la razón humana para crear “trabajo artificial” en máquinas de todo tipo; el apasionado concepto de Percy Shelley en la elevación poética del potencial de la “huelga de masas” de la mente pública que percibe el inicio de una crisis y espera un cambio; el descubrimiento de Alexander Hamilton de que el crédito era el efecto del poder del trabajo futuro en el presente; la oposición personal feroz de Abraham Lincoln a cualquier cosa que pareciera esclavitud física o mental; la capacidad de Beethoven para componer música para el entendimiento superior de mejores generaciones aún por nacer; y mucho más.

Lyndon LaRouche hizo del poder de la razón lo primero y “precedente” al poder del trabajo; y que el trabajo utilizando la razón para descubrir, es primero y “precedente” a muchas, muchas formas de nuevo capital que podía estallar como una fuente a partir de un descubrimiento científico. Y él se educó a sí mismo —siendo un genio— al comprometerse en todo tipo de trabajos productivos arduos, así como explicó Lincoln el progreso de los poderes de un trabajador libre, en el discurso ya mencionado que dio al Congreso.

Un día entonces para recordar a Lyndon LaRouche, y pensar en su exoneración y propagar sus ideas por medio de muchos más eventos como la conferencia reciente del Instituto Schiller.