Medidas económicas del Congreso, de la Reserva Federal y del gobierno han polarizado la crisis socio-económica en Estados Unidos

26 de agosto de 2020

26 de agosto de 2020 — La desigualdad económica siempre ha aumentado con cada crisis después de que se eliminó el sistema de Bretton Woods, cuando los gobiernos no crearon nuevos proyectos productivos para la economía nacional; en esta crisis, la desigualdad ha estallado en una mayor polarización de inequidad, con las medidas que han tomado la Reserva Federal, el Congreso y el gobierno de Trump.

El mercado de bienes raíces, sobre todo de vivienda, está totalmente dividido en Estados Unidos. Hay 17 millones de hogares que enfrentan una “crisis hipotecaria” con amenazas de embargo, y una “crisis de desalojo” mucho más grande en las viviendas de alquiler que ya está sucediendo aunque un poco reducida con las medidas de emergencia que adoptó Trump en su orden ejecutiva. Pero al mismo tiempo, la venta de las viviendas existentes y las viviendas nuevas es hoy sustancialmente mayor que el año pasado; de hecho mayor que su nivel más alto desde 2006. La mediana del precio (no el promedio) de las viviendas existentes está por arriba de $300,000 dólares, un 8.5% mayor que en julio pasado; la mediana del precio de nuevas viviendas es de unos $370,000. Las nuevas casas en construcción son más grandes que hace un año.

¿Por qué? Los trabajadores y empleados en Estados Unidos que han conservado su empleo durante los últimos 5 o 6 meses (en su mayoría empleados de oficina en el gobierno, en las empresas y en la industria particularmente) han visto que su ingreso ha aumentado durante el cierre de la economía por la pandemia, gracias a los cheques de alivio que envió el gobierno y al aplazamiento del pago de impuestos, y en algunos casos de clase media alta, los ahorros familiares han aumentado para quien los tiene invertidos en el mercado de valores que la Reserva Federal ha mantenido vivo artificialmente; los intereses de las hipotecas son los más bajos en la historia. En este sector de clase media, algunos están comprando casas más grandes con cuartos extra para que sirvan de oficina o centro de trabajo.

Por otro lado, los trabajadores que han perdido su empleo, se encuentran en el tramo más bajo de la escala de ingresos; han recibido cada uno $3,000 dólares de ayuda del gobierno en un período de seis meses, lo cual se reduce a $600 dólares al mes; luego el apoyo por el desempleo, que recibía $600 a la semana, terminó el 31 de julio y pasaron semanas sin que el Congreso tomara ninguna decisión, hasta que el ejecutivo emitió un decreto para mantenerlo, pero solo en $400 a la semana. Este sector tiene muy poco, o nada, de ahorro familiar y han quedado en una situación de vivir al día, dejando de pagar el alquiler o hipoteca de la vivienda, pero ahora en una situación de total incapacidad de poder hacerlo y con la expectativa de quedar en la calle.

En las empresas y negocios la situación es equivalente. La Reserva Federal, mediante su programa de “emisión cuantitativa” y otros mecanismos para inyectar liquidez en los mercados financieros desde septiembre del año pasado, han ayudado a las grandes corporaciones, que han emitido más bonos de deuda que se mueven a través de los mercados bursátiles, de tal modo que la deuda corporativa se encuentra en un nivel récord y sigue en aumento. En 2020 la emisión de bonos corporativos ha alcanzado un extraordinario monto anualizado de $2.5 billones de dólares; las corporaciones que emiten bonos de categoría AAA han vendido más bonos este año en 6 meses que lo que vendieron cualquier año completo antes. Incluso las empresas ya súper endeudadas que solo pueden vender “bonos chatarra” (o sea, intereses más altos) también han elevado sus emisiones en seis meses. La Reserva Federal va a mantener las tasas de interés cerca de cero en el futuro previsible. Incluso las empresas que prácticamente, o desde el punto de vista judicial, están en quiebra, se les ha permitido emitir bonos (por ejemplo, Hertz, Chesapeake Energy, etc.). Lo mismo con corporaciones que habían salido del mercado de bonos en febrero o marzo, como Boeing. Toda esta deuda inflada corre el riesgo de estallar en el momento en que la Reserva Federal empiece a elevar sus tasas de interés un poquito.

En contraste, las pequeñas y medianas empresas (pymes) que se financian a través de créditos bancarios (que no tienen la capacidad de emitir bonos para sacar financiamiento del mercado bursátil), prácticamente han quedado fuera de toda posibilidad de financiamiento, ya que los bancos no les están prestando. Todos los programas anunciados por el gobierno y la Reserva Federal para ayudar a la pequeña y mediana empresa, incluso para refinanciar la deuda municipal (conocidos como “mecanismos para préstamo a las necesidades de la calle”) se quedaron en los bancos sin utilizarlos. A los bancos no les importa tener ahí esos fondos, porque están concentrados en invertir todos sus activos en bonos y acciones y el mercado de derivados. De ahí que las bancarrotas entre las pymes se han disparado.

Para el 17 de agosto, 45 compañías con más de mil millones de dólares en activos, se han registrado para bancarrota en el Capítulo 11 (en 2009, durante los meses de la crisis financiera, se registraron en comparación 38 empresas). Además hay 157 compañías con obligaciones de más de $50 millones que han solicitado ayuda por quiebra en el Capítulo 11.