Nuevas revelaciones: FBI dirigió la guerra económica de “Lava Jato” contra Brasil y el encarcelamiento de Lula

7 de julio de 2020

7 de julio de 2020 – El portal noticioso The Intercept y la publicación Agencia Pública de Brasil publicaron la semana pasada más información que demuestra que tan minuciosamente dirigió el FBI de Estados Unidos la operación de “Lava Jato” (Autolavado) que destrozó la economía de Brasil, derrocó a la Presidente Dilma Rousseff y puso en la cárcel al ex Presidente Lula da Silva, con lo cual le allanaron el camino al actual Presidente Jair Bolsonaro para ganar la elección. Las revelaciones demuestran también que el equipo del FBI que dirigió la operación Lava Jato se solapa con el aparato golpista que dirigió Robert Mueller contra el Presidente Donald Trump, algo que el propio Trump debería de tomar nota por su propia seguridad.

Las revelaciones están sacudiendo a Brasil. “El objetivo era Petrobras. [los campos petroleros] de Pre Sal. Y las compañías brasileñas que ganaban licitaciones de compañías estadounidenses en el Medio Oriente. Algún día se va a contar esta historia en todas su verdad”, señaló el ex Presidente Lula da Silva en un tuit el 1º de julio pasado.

En octubre de 2015 viajaron hasta Curitiba, Brasil, unos 17 agentes del FBI y del Departamento de Justicia de EU, para planificar con el entonces juez Sergio Moro (jefe del equipo de Lava Jato) el asalto contra la compañía petrolera estatal, Petrobras, y la principal compañía de ingeniería y constructora del país, la multinacional Odebrecht, con el cuento de “combatir la corrupción”. Algunos de los textos que intercambiaron los fiscales de Lava Jato y que fueron revelados, revelan que el equipo de Lava Jato no informó de manera deliberada al Ministerio de Justicia brasileño de la presencia de los extranjeros, como lo exigen las leyes brasileñas; la entonces Presidente Dilma Rousseff era uno de los objetivos.

La delegación estadounidense la encabezó George “Ren” McEachern, quien dirigía entonces la Unidad de Corrupción Internacional (ICU, por sus siglas en inglés) del FBI, que se encarga de aplicar la Ley de EU sobre prácticas corruptas en el extranjero (FCPA, por sus siglas en inglés) la cual le permite a los funcionarios estadounidenses perseguir a funcionarios extranjeros por supuestos actos cometidos en el extranjero y que no implican para nada a Estados Unidos. McEachern se llevó consigo a Jeff Pfeiffer, un agente del FBI experto en contabilidad forense. En 2017, Pfeiffer fue reasignado al equipo de Robert Mueller para la investigación contra el ex jefe de la campaña de Trump, Paul Manafort.

Poco menos de un año después, otro de los miembros del equipo que viajó a Curitiba, Mark Scheers, regresó varias veces a Brasil para participar en interrogatorios de funcionarios de Petrobras, algunos de los cuales duraron hasta nueve horas en una ocasión.

Los funcionarios del Departamento de Justicia de Estados Unidos se aseguró de sacarles acuerdos de “culpabilidad” para reducir sentencias, y mediante estos acuerdos comprometieron a Petrobras y a Odebrecht a que pagase a Estados Unidos más de $4,000 millones de dólares entre las dos entidades, para solucionar los casos en su contra. Algunos de los agentes del FBI todavía están en São Paulo “cada semana para tratar casos diferentes relacionados con la FCPA”, se jactó David Brassanini, el actual jefe de la oficina del FBI en Brasil, en una conferencia internacional que se llevó a cabo en São Paulo en mayo de 2019.

La actual jefa de la ICU del FBI, Leslie Backshies, otra participante en las sesiones de planificación en Curitiba, y que se le acredita por haber jugado un “papel decisivo para el FBI” en la operación Lava Jato, reconoció sin rodeos a la agencia Associated Press, en una entrevista publicada el 5 de marzo de 2019, que la ICU se ha utilizado para derrocar gobiernos que no son sumisos, en todo el mundo; “en Malasia, el Presidente no se reeligió. Hemos visto caer Presidentes en Brasil. Estos son los resultados de casos como este”, se jactó con la AP.

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