Cómo se pergeñó la inteligencia falsa sobre Rusia, Afganistán y Trump

2 de julio de 2020

2 de julio de 2020 — Está quedando en evidencia la dizque “inteligencia” que sustenta el cuento que publicaron el The New York Times y The Guardian el pasado 27 de junio, según el cual la agencia de inteligencia militar rusa estaba pagando recompensas al Talibán por matar soldados estadounidenses en Afganistán. El Presidente Donald Trump publicó un tuit el domingo 28 en la noche, donde señala que las agencias de inteligencia encontraron que esa “inteligencia” no era creíble: “Intel acaba de informarme que ellos no encontraron que esta información es creíble, y por lo tanto no me la reportaron ni a mí ni al @VP. Posiblemente se trata de otra farsa fabricada sobre Rusia, quizás fue el Noticiero Falso @nytimesbooks, con el fin de hacer quedar mal a los republicanos!!!”

Cualquier análisis razonable del cuento del NYT tendría que empezar con lo que se dice es la principal fuente de esa inteligencia, a saber, los interrogatorios a militantes y criminales afganos capturados. El ex oficial de inteligencia de la Armada e inspector de armas de la ONU, Scott Ritter, destruye el cuento del NYT simplemente poniendo el foco, primero, en quién condujo esos interrogatorios. Ritter señala, en un artículo editorial que publicó RT, que la evidencia sugiere realmente que el cuento se originó en el Directorio Nacional de Seguridad Afgano, en colaboración con la CIA. Ritter informa que las fuerzas armadas estadounidenses en Afganistán tienen prohibido interrogar a los detenidos desde que se firmó el Acuerdo Bilateral de Seguridad en 2014, lo cual significa que los militares no son la fuente de esa “inteligencia”.

“Sin embargo, la CIA, no está incluida en el acuerdo”, explica Ritter. “De hecho, la CIA, a través de su amplia relación con el Directorio Nacional de Seguridad (DNS) está en posición única para interactuar con el DNS a través de todas las fases de las operaciones de detención, desde la captura inicial hasta el interrogatorio sistemático”.

Ritter plantea que lo más probable es que el DNS, con o sin conocimiento o apoyo de la CIA, fabricó los informes de inteligencia de los interrogatorios a los detenidos para crear un cuento que respalde la permanencia de las tropas estadounidenses en Afganistán; luego esos informes se los pasaron al agente o agentes de la CIA en el terreno. El cuento sería que “Rusia ha ofrecido recompensas para que maten a soldados estadounidenses”. Pero, señala Ritter, “no hay ninguna corroboración, nada que permita que esa ‘inteligencia’ en bruto se pueda convertir en algún producto digno de ese nombre”. Esto no descarta que algún agente de la CIA con algún interés personal, opuesto a los planes de Trump de sacar a las tropas de Afganistán o de mejorar las relaciones con Rusia, le haya dado vida a los informes de los detenidos.

Entonces, “en ese punto, un oficial anónimo, frustrado por la falta de atención que le puso ‘el sistema’ a la ‘inteligencia’, contactó al New York Times y le filtró la información, dándole el giro más perverso posible. El New York Times mezcló los informes de los detenidos con sus antiguos artículos sobre la GRU [inteligencia militar rusa] para producir un cuento totalmente inventado sobre las actividades ilícitas rusas con el fin de denigrar al Presidente Trump en medio de una campaña de reelección muy peleada”.

En medio de todo esto, Ritter se ocupa de refutar la idea misma de que los rusos quisieran hacer una cosa como esa. “En septiembre de 2015, el Talibán capturó la ciudad norteña afgana de Konduz y la mantuvo por 15 días. Esto generó ondas de choque en toda Rusia, lo que llevó a Moscú a reconsiderar su enfoque sobre cómo tratar con la insurgencia afgana. Rusia empezó a buscar acercarse al Talibán, con pláticas diseñadas a poner fin al conflicto en Afganistán”, escribe Ritter. Cita a Zamir Kabulov, el representante especial del Presidente Vladimir Putin en Afganistán, para indicar que el interés común de Rusia y del Talibán reside en el combate al ascenso del Estado Islámico en Afganistán. Pero incluso si Rusia tuviese la inclinación de que hubiera una victoria del Talibán, como lo sugiere el cuento de marras, “lo último que Rusia buscaría lógicamente con algún plan, sería un plan para que Estados Unidos se quedara en Afganistán”, escribe Ritter. “Que Estados Unidos se salga de Afganistán… es la posición rusa, y cualquier funcionario de la CIA que valga, sabe esto”.

Ya el cuento está circulando por todas partes y tanto el Washington Post como el The New York Times han agregado más cuentos con referencias a más agentes de inteligencia anónimos que “confirman” el cuento original. Mientras tanto, los rusos y el mismo Talibán han negado la veracidad del cuento. Zamir Kabulov lo calificó de noticia falsa diseñada para impedir el retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán.

“Es claro que hay algunas fuerzas en Estados Unidos que no quieren salirse de Afganistán, y quieren una justificación para sus propios fracasos. De eso se trata todo”, le dijo Kabulov a la agencia RIA Novosti, según la reseña de RT. “Realmente no deberíamos perder tiempo comentando sobre esas mentiras obvias”, concluyó.