Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Llamado de Helga Zepp-LaRouche a los ciudadanos estadounidenses: Lo que el mundo necesita de Estados Unidos

25 de may de 2020
helga-june2018.jpg
Helga Zepp-LaRouche

25 de mayo de 2020 – A continuación reproducimos el texto del llamado de Helga Zepp-LaRouche a los ciudadanos estadounidenses, que es el capítulo final del documento de LaRouche PAC recién publicado, “El Plan LaRouche para reabrir la economía de Estados Unidos: el mundo necesita 1,500 millones de nuevos empleos productivos”.

Hemos llegado al punto en que los ciudadanos de Estados Unidos tienen que evocar la mejor tradición de su historia: la Revolución Americana, la Guerra de Independencia contra el imperio británico, los principios expresados en la Constitución y en la Declaración de Independencia, y los principios del Sistema Americano de economía que desarrollaron Alexander Hamilton, Henry Clay y Henry C. Carey.

La esencia de todos estos aspectos de la historia de Estados Unidos está muy bien enunciada en el Preámbulo de la Constitución:

“Nosotros, el Pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer justicia, asegurar la tranquilidad interna, proveer la defensa común, fomentar el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros y para nuestra posteridad, promulgamos y establecemos esta Constitución para los Estados Unidos de América”.

El propósito de la Constitución, como se expresa en el preámbulo, de fomentar el bienestar general no solo de la generación actual, sino también para todas las generaciones, contiene un rechazo implícito a la llamada política del “valor del accionista” y del libre mercado desenfrenado de la globalización, que antes y ahora promueve el imperio británico, que no solo ha ampliado la brecha en Estados Unidos mismo entre una casta de mil millonarios cada vez más ricos y el número creciente de empobrecidos, sino que también es causante del subdesarrollo catastrófico de los llamados países en desarrollo.

Es claro que el mundo no regresará nunca a la misma situación que existía antes de que brotara la pandemia del coronavirus. Nos encontramos en un punto de inflexión absoluto de la historia, en donde vamos a poder poner en orden al mundo con el programa que hemos delineado en estas páginas, para derrotar el subdesarrollo, o nos veremos amenazados con hundirnos en una era de tinieblas. La fase de globalización irrestricta, que han intentado imponer los protagonistas de un mundo unipolar —en particular después del colapso de la Unión Soviética en 1991, y que condujo a una ola global de protestas, como fue la elección de Donald Trump— se acabó para siempre.

Lyndon LaRouche había pronosticado la catástrofe que ahora se desenvuelve ante nuestros ojos en todos sus aspectos, desde su caracterización de la desastrosa destrucción del sistema de Bretton Woods por el Presidente Nixon en 1971 y sus pronósticos del peligro del brote de pandemias como resultado de la política monetarista, hasta el derrumbe sistémico del sistema financiero. Durante el mismo período, que abarca medio siglo, él presentó una cantidad de soluciones sin precedente, para superar la crisis en Estados Unidos y en el mundo, y es en ese mismo espíritu que se presenta este programa aquí.

Cualquier persona honesta que lea estos análisis y propuestas programáticas hoy, a la luz de la pandemia en curso y de la destrucción de la economía real, concluirá en que Lyndon LaRouche fue un hombre de la providencia. La idea de la providencia no en el sentido estrictamente religioso, sino en que todo su método de pensamiento está muy en concordancia con los principios del universo físico, que sus análisis y propuestas creativas fueron de una tremenda precisión, casi profética. Pensó y trabajó “en armonía” con la intención del universo, y entendido correctamente, con la intención del Creador.

Por lo tanto, el mayor crimen cometido contra LaRouche por su injusta encarcelación y vilipendio durante toda su vida por parte del mismo aparato macarthyista que está detrás del intento de golpe en marcha en contra del Presidente Trump, no es solo la infame injusticia que se le hizo a LaRouche en lo personal, sino que por encima de todo, se le ha hecho sumamente difícil a los estadounidenses y a otros en el mundo, tener acceso a estas soluciones. Las enormes dificultades que ha soportado la población ahora debido a la conjunción de la pandemia y de la crisis económica, en muchos sentidos son resultado de la persecución política de este pensador extraordinario. Y desafortunadamente, sus advertencias, de que nadie estaría a salvo si se tolerase su persecución, se han confirmado. Cuando se considera, por ejemplo, cómo ha sido procesado el general Flynn, viene a la mente la famosa frase de Martin Niemöller: “Cuando los nazis vinieron por los comunistas, me quedé callado; yo no era comunista. Cuando encerraron a los socialdemócratas, me quedé callado; yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron por los sindicalistas, me quedé callado; yo no era sindicalista…”

Ya es hora de que Lyndon LaRouche, el hombre y sus ideas, sea exonerado plenamente, y yo en lo personal hago un llamado al Presidente Trump para que lo haga.

Pero las ideas de Lyndon LaRouche siguen vivas, como lo destaca este programa para crear 1,500 millones de nuevos empleos productivos en todo el mundo. Estados Unidos ha llegado a un punto de inflexión en su historia, en el que las ideas en la tradición de la promesa de la Constitución de Estados Unidos se harán realidad, o si no, la reconquista financiera de la colonia americana por parte del imperio británico hundirá al mundo entero, junto con Estados Unidos, en una era de tinieblas.

Este es el momento en que el requerimiento de Nicolás de Cusa –quien había sentado los fundamentos para la república estadounidense desde el siglo 15 con sus obras, empezando con su Concordantia Catholica—se ha convertido en una cuestión de supervivencia para el mundo entero. Cusa estableció que la única base legítima para la existencia de una nación es su compromiso con el bien común de toda la nación, y a esa misma relación entre todas las naciones. Esa fue precisamente la intención de Benjamin Franklin, de la Constitución de Estados Unidos y de la Declaración de Independencia contra el imperio británico. También fue el concepto de política exterior del Presidente John Quincy Adams, que Estados Unidos fuese parte de una alianza de repúblicas completamente independientes y soberanas, unidas en conjunto por una idea común, que Estados Unidos no fuese llamado a “ir al extranjero en busca de monstruos para destruir”.

La clave para construir esa alianza tan urgentemente necesaria hoy en día, es la cooperación positiva entre Estados Unidos y China. La pandemia del coronavirus ha dejado claro de manera indiscutible que la menguada capacidad industrial conjunta de la economía global está muy lejos de ser suficiente para alimentar y sostener con dignidad a la población mundial de hoy. La cooperación entre las dos economías más grandes del mundo es por lo tanto un requisito esencial para vencer el impacto de la pandemia, la hambruna y la pobreza en África, Iberoamérica, partes de Asia e incluso regiones de Europa y de Estados Unidos.

A pesar de que, gracias a las manipulaciones de los servicios secretos británicos y de los políticos anglófilos en Estados Unidos, se ha hecho ya un enorme daño a la relación entre Estados Unidos y China, a través del “juego de echar la culpa”, con relación al origen y manejo del coronavirus, y aunque la actual campaña contra China evoca las memorias más sombrías del período de McCarthy, la cooperación constructiva entre Estados Unidos y China no solo es absolutamente posible, sino que también señala el camino hacia una nueva era en la historia de la humanidad. Esta era se debe caracterizar por la superación de la geopolítica y la promoción del bienestar general de todas las naciones de este planeta.

Dados los problemas existenciales que enfrentan muchas personas en Estados Unidos debido a la pandemia, no hay quizás mucha conciencia pública de la enorme brecha que existe entre la imagen de que gozaba Estados Unidos en el mundo a la hora de la Revolución Americana y durante las presidencias de George Washington, John Quincy Adams, Abraham Lincoln y de Franklin Delano Roosevelt, y el Estados Unidos que ha librado guerras sinfín en todo el mundo desde que terminó la Unión Soviética, bajo los gobiernos de Bush y de Obama. Estados Unidos era considerado por todos los círculos republicanos del mundo como el templo de la libertad y el faro de la esperanza, como el país cuya Constitución sirvió de modelo para las aspiraciones republicanas de muchos países en todo el mundo. Pero la admiración y amistad cedió el paso durante los gobiernos de Bush y de Obama, al temor, o peor, al poderío militar estadounidense.

Son cinco minutos para la medianoche, para cumplir la promesa de una relación constructiva con el Presidente Xi Jinping y con China, que surgió en los primeros días del gobierno de Trump. Dado el descrédito total del “Rusiagate”, y el probable proceso judicial contra los confabulados en el golpe inspirado por los británicos, no hay nada que impida una cooperación constructiva entre Estados Unidos y Rusia, como se ha indicado entre la NASA y Roscosmos. Si Estados Unidos toma ahora la iniciativa en el programa de reconstrucción económica y la creación de 1,500 millones de nuevos empleos productivos en el mundo, y ayuda a hacer que la Nueva Ruta de la Seda se convierta en el Puente Terrestre Mundial, entonces Estados Unidos volverá a recuperar el lugar que antes tuvo ante los ojos del mundo entero: como pionero de la libertad y la esperanza para toda la humanidad.

— Helga Zepp-LaRouche