Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Pompeo dice que todo está bajo su control, como decía Bolton. Pero, ¿quién tiene el control en Washington?

22 de may de 2020
pompeo-may13-2020.jpg
El secretario de Estado de Estados Unidos, Michael R. Pompeo, sale rumbo a Israel el 13 de mayo de 2020. (Foto del Departamento de Estado por Ron Przysucha / Public Domain).

22 de mayo de 2020 — El 29 de enero de este año, el Presidente Donald Trump comentó sobre su ex Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, a quien despidió en septiembre pasado, que “si le hubiera escuchado, ya estuviéramos en la Sexta Guerra Mundial”. Sin embargo, el compañero de Bolton, Mike Pompeo, todavía es el Secretario de Estado, y está haciendo todo lo que está en su poder para llevar a Estados Unidos a una confrontación con China y con Rusia, lo cual podría llegar a convertirse en una guerra nuclear global, ya sea por intención o por accidente. El lunes 18, el Presidente Trump puso su firma en una carta de cuatro páginas al director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, la cual contiene una pila de mentiras sobre China (y sobre la OMS), muchas de las cuales se ha documentado públicamente que son puros inventos salidos de las redes de inteligencia británica.

Luego, el 19 de mayo, la Casa Blanca emitió un documento que se dio a conocer el 21 de mayo, de nuevo con la firma del Presidente Trump, titulado “United States Strategic Approach to The People’s Republic of China” (Enfoque estratégico de Estados Unidos hacia la República Popular de China). En el párrafo de inicio, alega que “Pekín reconoce abiertamente que busca transformar el orden internacional para alinearlo con los intereses y la ideología del Partido Comunista Chino”. Luego dice que la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) está “diseñada para reformular las normas, estándares y redes internacionales para adelantar los intereses globales y la visión de Pekín”, y que “Estados Unidos juzga que Pekín intentará convertir los proyectos de la IFR en influencia política indebida y en acceso militar”.

Por supuesto, hay una cierta ironía aquí. El mundo entero, y en especial las naciones del sector en desarrollo, saben muy bien que el autor de ese documento, quienquiera que sea, no expone el enfoque de China para la ayuda para el desarrollo mediante la Franja y la Ruta, sino más bien lo que ha sido la política de las naciones transatlánticas desde larga data, el mentado “consenso de Washington”; (es decir, el autor no se muerde la lengua porque se envenena). Ese “consenso”, mejor llamado “consenso de Wall Street”, nunca ha significado asistencia financiera para construir infraestructura, en ninguna parte del mundo; y cuando hubo asistencia financiera siempre ha estado condicionada a la sumisión política de los deudores hacia los acreedores. Y las naciones que rechazaran esas condiciones, recibirían muy probablemente el destino de Iraq, Libia, pero ciertamente nunca recibirían ningún tipo de ayuda en absoluto. Una de las quejas más socorridas hacia la IFR, en realidad, es que China no pone ninguna condicionalidad política, sino que aborda las necesidades de desarrollo de las naciones independientemente de la forma de gobierno que tenga. Y por eso, los adversarios de China atacan a los países que colaboran con la IFR como “países que cooperan con los tiranos”.

Desafortunadamente, el Presidente Trump parece haber aceptado la idea de que es necesario confrontar a China para asegurar su reelección en noviembre. Ayer publicó un tuit en donde alega que “China está empeñada en una enorme campaña de desinformación porque están desesperados porque Sleepy Joe Biden gane la carrera presidencial”. Por supuesto, la respuesta de Pekín a la descabellada mentira de que China es responsable de la pandemia de COVID-19, ha sido la de señalar que el gobierno de Trump acusa a China para cubrir su respuesta fallida al coronavirus. Hace un mes apenas que Trump señalaba que la culpa de la falta de respuesta no era de China, sino, correctamente, al hecho de que los gobiernos de Bush y de Obama habían desmantelado las capacidades de salud pública de Estados Unidos, que “dejaron la alacena vacía”, como decía. Si él se hubiese mantenido en esa verdad, es probable que China hubiera estado de acuerdo.

El hecho brutal es que la pandemia y el encierro en los hogares han exacerbado la ya severa crisis del sistema financiero occidental, que no es más que un residuo de la nefasta respuesta fallida de Bush y de Obama a la crisis financiera de 2009, cuando rescataron a los bancos insolventes en vez de reformar al sistema bancario en base a la reforma de la Ley Glass-Steagall de Franklin Roosevelt, como insistió Lyndon LaRouche constantemente.

Los casi $2,000 billones de dólares (millones de millones) en deuda pendiente en derivados financieros y la burbuja de todo (deuda corporativa en el centro) lo que constituyen los activos de Wall Street, simplemente no se puede rescatar, a pesar de los constantes consuelos del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que ofrece una “liquidez ilimitada”. El coronavirus y el virus de la especulación son igualmente de mortales, y son un reto para toda la raza humana. Así que nada menos que toda la raza humana se tiene que comprometer a realizar los cambios revolucionarios necesarios, para evitar el desastre y para lograr un nuevo paradigma para la humanidad, como lo concibieron los próceres de Estados Unidos, así como Franklin Roosevelt y Lyndon LaRouche, y por lo cual lucharon todas sus vidas.

Una cumbre de las cuatro potencias de mayor peso, con Trump, Putin, Xi Jinping y Modi, es el punto de partida urgente y necesario.

Alle Artikel