El coronavirus fuera de control fractura las instituciones brasileñas; en marcha crisis de gobierno

5 de may de 2020

5 de mayo de 2020 — Actualmente Brasil tiene diagnosticado el mayor número de casos de COVID-19 de cualquier país en desarrollo. Para el 3 mayo el registro oficial está en 110,000 casos, pero la proporción de pruebas de despistaje en el país es apenas de 1,600 por cada millón de personas. Un estudio que publicó el 3 de mayo la Universidad de São Paulo estima que los casos brasileños desde el comienzo de la epidemia en el país podrían ser de hasta unos 1.6 millones de casos, la cantidad más alta en el mundo en un país (Estados Unidos está cerca de 1.2 millones de casos registrados, en un país de 330 millones de habitantes). Brasil es “ya el epicentro mundial del coronavirus”, en opinión del doctor Domingo Alves, del Laboratorio de Inteligencia de la Salud de la Escuela de Medicina de la Universidad de Sao Paulo, que llevó a cabo el estudio.

Edmar Santos, el Secretario de Salubridad del tercer estado más poblado de Brasil, Rio de Janeiro, advirtió la semana pasada que se aproxima un gran aumento de las muertes en el país, que se va a parecer a lo que pasó en Italia, España y en Estados Unidos, en las próximas tres o cuatro semanas. Las morgues de la ciudad ya están en crisis. La lista de espera para una cama en las unidades de cuidado intensivo para tratamiento de COVID-19, es de 360 pacientes en su estado, según informó. Para el lunes 4 de mayo, NO hay camas disponibles con personal adecuado para tratar pacientes de COVID-19 en todo el sistema de salud pública de la capital del estado, Rio de Janeiro. La ciudad (con una población de más de 6.7 millones de habitantes) espera poder abrir 500 camas en un hospital de campo, en espera de contratar más personal de salud profesional y a la espera de la llegada de equipo médico de China esta semana.

El horror que se ha vivido en Manaos, capital del estado Amazonas, es cada día peor. Los muertos se están enterrando en fosas comunes en masa, ya que se realizan más de cien sepelios por encima del promedio diario de muertes antes de que azotara la COVID-19. Los ataúdes se están agotando. El alcalde Arthur Virgilio, hizo una petición urgente al gobierno federal la semana pasada para que envíen más ataúdes. Ahora Virgilio está haciendo llamados a sus colegas alcaldes y a los gobernadores para que hagan lo que él no hizo: convenzan a la gente a que se quede en casa. El alcalde se lanzó en críticas contra el Presidente Jair Bolsonaro, quien está exigiendo a los estados que anulen sus restricciones a las actividades públicas a nombre de la “libertad”. Virgilio le dijo al diario londinense Guardian que Bolsonaro “ofrece libertad, pero es una libertad falsa que puede representar una especie de genocidio”.

Por lo pronto, el Presidente Bolsonaro ha endurecido su posición de continuar con un plan de “inmunidad del rebaño”, y despidió al Ministro de Salubridad hace dos semanas, porque éste insistía en que se adoptaran medidas urgentes para atender a la salud pública. Cuando le preguntaron a Bolsonaro la semana pasada qué pensaba de que el registro oficial de muertos ya pasa la marca de los 5,000, respondió: ¿Y a mí qué?... ¿Qué quieren que haga? Yo no soy un mesías”. El video con sus declaraciones se hizo viral al poco rato, y su popularidad cayó por debajo del 30% por primera vez.

La catástrofe que se desenvuelve en Brasil ha abierto las puertas a la desintegración del gobierno, de manera completamente fuera de control, y como es de esperarse, todas las fuerzas políticas del país están al asecho, tanto las fuerzas patrióticas brasileñas como las fuerzas anglófilas de la casta dominante aliadas a los británicos, que tratan de tomar posición para tomar el control en la medida que se desenvuelve el caos. Una agrupación militar del gabinete de gobierno anunció un programa de infraestructura para reconstruir al país el 24 de abril, pero el hombre de Wall Street en el gabinete, el ministro de Finanzas, Paulo Guedes, se opuso al proyecto. Al mismo tiempo, el principal agente clave de Londres y de las redes corruptas del Departamento de Justicia de EU, el ministro de justicia, Sergio Moro, que como juez llevó el caso de “Lava Jato” dizque contra la corrupción, renunció y empezó a hacerle la guerra a Bolsonaro por “corrupción”, una maniobra que todo mundo ve como “las ratas que abandonan el barco que se hunde” en busca de una mejor ubicación.

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