Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Causa y Efecto

23 de marzo de 2020
LYN_euro_conf_2-25-12.jpg
Lyndon LaRouche habla a una conferencia europea el 25 de febrero de 2012, desde los estudios de LaRouchePAC. (Foto: LaRouchePAC)

Lyndon LaRouche habla a una conferencia europea el 25 de febrero de 2012, desde los estudios de LaRouchePAC. (Foto: LaRouchePAC)

Causa y Efecto

23 de marzo de 2020 – A menudo, el mayor obstáculo para resolver un problema es la identificación errónea de su causa. En especial durante los momentos de gran turbulencia social y económica de un “cambio de fase”, como el de hoy en día. Las viejas “reglas del juego” han dejado de funcionar, incluso las que parecen explicar la relación causa-efecto en los tiempos normales. No obstante, mucha gente, incluso personas bienintencionadas, retroceden a las viejas formas de pensar, disfuncionales, sobre cómo funciona realmente el mundo.

¿Por qué hay una pandemia global del coronavirus? No se debe a que “a los chinos les gusta comer murciélagos vivos”; no es porque alguna agencia de inteligencia perversa inventó un arma biológica en algún laboratorio secreto (aunque la abierta defensa de semejante genocidio maltusiano que hacen sujetos como el príncipe Felipe deja mucho que pensar); y no se trata tampoco de que son “fenómenos naturales” que siempre suceden y simplemente hay que dejarlos que sigan su curso.

El mundo se ve arrasado por una pandemia de coronavirus hoy precisamente por los motivos que advirtió Lyndon LaRouche que sucedería, y por ningún otro: por la caída en la densidad relativa potencial de población de la humanidad, de manera sistemática y drásticamente por debajo de la población real. LaRouche explicó que eso sucede como resultado de políticas financieras y económicas que favorecen a la especulación y no a los avances científicos y tecnológicos que conllevan una producción económica-física ampliada. En un discurso que dio el 17 de enero de 1998 en una conferencia del Instituto Schiller en Virginia, LaRouche advirtió:

“Estamos al borde del mayor colapso financiero conocido en la historia de la civilización europea desde el siglo 14, cuando ocurrió lo que se llamó la Nueva Era de Tinieblas, parte de un proceso en el cual aproximadamente la mitad de la población de Europa desapareció por la enfermedad y la hambruna, y varios tipos de demencia. La culminación de lo que, entonces, al igual que hoy, fue el colapso del sistema bancario, financiero, el llamado sistema bancario lombardo. Durante ese período, la mitad de las municipalidades, las parroquias de Europa, desaparecieron. Un tercio de la población de Europa, en un período de tiempo bastante corto, desapareció por la enfermedad, la hambruna y por los conflictos. Estamos al borde de cosas así, no solo en Asia, no solo en Sudamérica, sino aquí en Estados Unidos mismo. No en algún momento del siglo próximo, sino este año”.

En el mismo discurso, LaRouche declaró: “Vean alrededor nuestro. No tomen los eventos uno a la vez y traten de explicarlos. Vean el proceso”.

El coronavirus mortal que amenaza a la especie humana y el cáncer financiero igualmente mortal de $1,800 billones de dólares que ha hecho metástasis en todo el sistema financiero transatlántico, son parte del mismo proceso; son efectos producidos por la misma causa, y por lo tanto están sujetos a la misma solución.

Lyndon LaRouche propuso una vez enterrar políticamente a Wall Street y a la City de Londres, tan hondo que no se pudiera ni oler la pestilencia nunca más. Ese entierro tiene un nombre: se llama Glass-Steagall, la reorganización por bancarrota de un sistema financiero transatlántico canceroso para congelar los activos especulativos y a la vez mantener las funciones vitales de la banca comercial relacionadas a la población y a la producción física esencial.

Simultáneamente a esa medida, Lyndon LaRouche especificó en sus famosas Cuatro Leyes que es necesario establecer sistemas crediticios nacionales hamiltonianos para financiar el verdadero desarrollo; crear un Nuevo Sistema de Bretton Woods para fomentar conjuntamente proyectos de infraestructura global de alta productividad, tales como el Puente Terrestre Mundial; y fomentar la investigación científica avanzada en campos como la energía de fusión, las ciencias espaciales y la biofísica óptica. Este planteamiento lo sintetizó su viuda, Helga Zepp-LaRouche, en su conferencia del sábado 21 de marzo de 2020:

“Se tiene que reinstaurar la Glass-Steagall; ¡ya! ¡No esperen! No la dejen en un segundo plano. El Presidente Trump prometió en la campaña electoral de 2016 muchas veces que el implementaría la Glass-Steagall, y ahora es exactamente el momento para hacerlo.

“Lo que eso quiere decir, es que las mismas medidas que tomó Franklin D. Roosevelt en 1933 se deben implementar exactamente igual ahora. Mi finado esposo insistía, ‘no cambien el tema’. Los argumentos de que los mercados hoy son más complicados y que necesitan los derivados, él siempre rechazó categóricamente eso. Esto quiere decir, básicamente, que se pone un cortafuegos entre la banca comercial y la banca de inversión; y los bancos comerciales se ponen bajo la protección estatal a fin de que puedan seguir proporcionando crédito a la economía real, a la pequeña y mediana empresa, al comercio, al minorista, a todas esas cosas que son esenciales para la economía real. Pero se separa por completo a la banca de inversión. Eso quiere decir que, los bancos de inversión ya no tengan acceso a los ahorros de los bancos comerciales, y que no sean rescatados con el dinero de los contribuyentes.

“Dado que algunos de estos instrumentos financieros son complicados, como el caso de los fondos de pensión y otros instrumentos legítimos que pertenecen a los ahorros de vida de la gente, y que por lo pronto están entrelazados con los derivados y todo el aspecto de casino del sistema financiero. Es por eso que se tiene que hacer una pausa; se tiene que congelar todo y luego una comisión estatal tiene que investigar qué hay de validez en esos activos y se tienen que proteger y separarlos. Eso puede ser complicado, pero se tiene que hacer.

“Luego, obviamente, si se elimina la parte de la banca de inversión del sistema financiero, no habrá suficiente liquidez. Y es por esto que Lyndon LaRouche decía que en ese momento se tiene que restablecer la banca hamiltoniana, se tiene que establecer un banco nacional, no en un solo país, sino que prácticamente en todos los países; y luego se tienen que conectar a esos bancos nacionales a través de tipos de cambio fijo. Se tienen que hacer acuerdos de largo plazo entre ellos para hacer inversiones en proyectos bien definidos de reconstrucción; reconstrucción del sector de la salud, proteger y reconstruir la soberanía en el área de la agricultura, para reconstruir las regiones asoladas por la guerra como el Sudoeste de Asia. Remediar de una vez por todas las razones por las que el continente africano y otras naciones del hemisferio sur son tan vulnerables. Lo cual quiere decir, sinceramente, empezar a industrializar a estos países, los países de África y los países de Latinoamérica y de Asia, y se les tiene que ayudar a construir infraestructura como precondición para la producción industrial y el desarrollo de la agricultura.

“Y de ese modo se generan las condiciones para crear un sistema de salud suficiente en cada país. Todo esto se tiene que hacer simultáneamente, y obviamente no será algo sin contratiempos, pero si no se sigue esa dirección, el peligro es que no solo el coronavirus regresará con ganas, sino que no habrá absolutamente nada que impida el brote de nuevos virus y nuevas enfermedades.

“Y por lo tanto, es un deber absoluto que se corrijan los errores de las últimas varias décadas, en especial los últimos 30 años de desregulación de los mercados, de darle a los especuladores todo el derecho a hacer lo que les de la gana y reducir el bien común”.

Esa fue la recomendación programática de Lyndon LaRouche para erradicar la causa de los problemas que enfrentamos.