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La Fase III del golpe de Estado en Washington: Traición en altas esferas, mientras que el golpe fascista en Ucrania se vuelve en su contra

2 de diciembre de 2019
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El Presidente Donald J. Trump, junto con la Primera Dama Melania Trump y el vicepresidente Mike Pence, presentan a Conan, ces Conan, el perro militar Belga Malinois, a los corresponsales de la fuente el lunes 25 de noviembre de 2019. (Foto Oficial de la Casa Blanca por Andrea Hanks).

2 de diciembre de 2019 — El ex Inspector de Armamento de la Organización de Naciones Unidas, Scott Ritter, quien (además de Lyndon LaRouche) denunció la farsa de las “armas de destrucción masiva en Iraq” antes de la invasión de Bush y Cheney en el 2003, le vuelve a hacer otro gran servicio a su país y al mundo, en otro momento de crisis máxima. En un extenso artículo que publicó Consortium News el miércoles 27 de noviembre (https://consortiumnews.com/2019/11/27/scott-ritter-the-whistleblower-and-the-politicization-of-intelligence/), Ritter presenta un cuadro bien documentado de quién es realmente el mentado “denunciante”, el “anónimo”, que desató el proceso de inquisitoria para un juicio político en contra del Presidente de Estados Unidos. Todo aquel que verdaderamente esté preocupado ante el peligro inmediato que enfrenta Estados Unidos y la paz mundial, debe leer este artículo de principio a fin de, “Scott Ritter: The ‘Whistleblower’ and the Politicization of Intelligence” (Scott Ritter: El “denunciante” y la politización de la inteligencia).

En tres párrafos, Ritter explica la gravedad del caso que plantea: “La queja del denunciante ha abierto la posibilidad de la politización de la comunidad de inteligencia, y por consiguiente, la utilización de las instituciones de seguridad nacional como arma política, en contra de un Presidente en funciones.

“Como les mostraré, esas acciones constituyen una patente traición, y mostraré hasta qué punto esta conducta ha contaminado a la comunidad de inteligencia y a sus funciones periféricas del gobierno, incluyendo al Consejo de Seguridad Nacional y al Congreso mismo, y solo se conocerán siempre y cuando se lleve a cabo una investigación de lo que, en retrospectiva, no es más que una gran conspiración de parte de quienes supuestamente tienen la tarea de mantener la seguridad de la nación, y que más bien quieren revertir la voluntad del pueblo estadounidense respecto a quién es el ejecutivo en jefe de la nación.

“La clave en esta narrativa, es el propio denunciante. Entender quién es, y qué papel ha jugado en los acontecimientos en torno a la fatídica conversación telefónica del 25 de junio [entre el Presidente Donald Trump y el Presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky], es esencial para desenredar las diversas madejas de esta conspiración”.

Luego de graduarse de la Universidad de Yale en 2008 con una licenciatura en estudios rusos y de Europa oriental, y con estudios de posgrado en Harvard, y obtener alguna experiencia de trabajo en el Banco Mundial, el mentado denunciante asistió al curso de entrenamiento de cuatro meses de la CIA en el Programa de Analista de Carrera, y se le asignó a la Oficina de Análisis Rusos Euroasiáticos (OREA, en sus siglas en inglés) en el Directorio de Inteligencia de la CIA. Este fue el llamado período de “ajuste” dirigido por el asesor de Obama en asuntos de Rusia, Michael McFaul, quien trataba de manipular las diferencias entre el entonces Presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, y el entonces Primer Ministro Vladimir Putin. Cuando Putin regresó a la Presidencia en 2012, este grupo empezó a planificar lo que devino el golpe fascista de 2014 en Ucrania.

Queda claro que el “denunciante” estuvo en el centro de la planificación del golpe, desde julio de 2015, como un jovencito asignado al personal del Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca de Obama, como director de Asuntos ucranianos. Normalmente, esas posiciones se supone las ocupan los analistas más veteranos, del nivel GS-15 en el servicio público, pero al señor “denunciante” le dieron una dispensa para que asumiera el puesto con nivel GS-13. Su candidatura tuvo que ser aprobada por Peter Clement, el director de la OREA, y por el propio director de la CIA, John Brennan.

Su llegada a la Casa Blanca coincidió con el inicio de la candidatura de Trump; como todos los miembros del personal de la Casa Blanca, el denunciante quedó estupefacto con el triunfo de Trump en noviembre de 2016. Era bien conocido que el denunciante se oponía a Trump, y trascendió que había cometido actos de resistencia para denunciar a Trump y tratar de deslegitimarlo.

Ritter destaca que “sin embargo, se ve la cuestión más importante que se asoma en el trasfondo de su histeria por el enjuiciamiento: la intervención de elementos de la comunidad de inteligencia en los asuntos políticos internos de Estados Unidos. No hay ninguna duda de que la queja del denunciante sirvió como la génesis del proceso de enjuiciamiento que está en marcha.

“El pueblo estadounidense debería estar muy preocupado de que una inquisitoria que podría resultar en la remoción de un Presidente debidamente electo, lo inició den secreto un miembro de la comunidad de inteligencia actuando totalmente fuera de sus responsabilidades legales. La legitimidad de los asuntos subyacentes que investiga la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, no es el tema a discusión aquí; la cuestión aquí es la legitimidad del proceso por el cual se inició este proceso...

“El juicio político es un remedio constitucional que se permite al Congreso de EU para enfrentar cuestiones políticas que rodean la conducta de un Presidente en ejercicio. Si la comunidad de inteligencia puede iniciar este remedio constitucional, de un modo que elude las leyes que prohíben la intrusión de las agencias de inteligencia en los asuntos políticos internos de Estados Unidos, y hecho de tal manera en que las identidades de las personas y las organizaciones involucradas, además de sus posibles motivos, se ocultan tanto al pueblo estadounidense y a quienes éste eligió para representarlos en el Congreso, entonces se habrá sentado un precedente para futuras intervenciones de esta naturaleza, lo cual socava los fundamentos mismos de la democracia en Estados Unidos.

“El uso de las agencias de inteligencia como arma política representa una amenaza significativa a la viabilidad de la república constitucional estadounidense que no se puede dejar pasar”, concluye Ritter.

El golpe fascista en Ucrania en 2014 se ha vuelto en contra de sus perpetradores, con toda su guerra informática contra la sociedad entera. Se tienen que quitar la clasificación de secreto a todos los documentos relacionados con el golpe en Ucrania, y se tienen que hacer público.