Estados Unidos, no Irán, creó las condiciones en Iraq contra las que protestan los iraquíes ahora

1 de diciembre de 2019

1º de diciembre de 2019 — Todos los medios convencionales de la prensa occidental destacan en primer plano el hecho de que los manifestantes en Iraq expresan también su descontento por la intervención de Irán en la política iraquí, como si fuera la única causa del descontento. El periodista independiente Nicolas Davies, que también hace investigaciones para el grupo antibelicista Code Pink, explica con detalle en un artículo publicado en el portal electrónico Counterpunch, que si bien es cierto que Irán ha ejercido una gran influencia en Iraq, el estado de cosas contra el cual protestan los manifestantes fue creado por la invasión y ocupación subsecuente de Estados Unidos, luego de que acabaron literalmente con toda la clase gobernante y la élite intelectual de Iraq. “Las verdaderas causas de la interminable crisis política y económica de Iraq es la traición a su país de esos otrora exilados, su corrupción endémica y del papel ilegítimo de Estados Unidos en la destrucción del gobierno de Iraq para entregárselo a estos [exilados iraquíes repatriados por EU] y mantenerlos por 16 años en el poder”, escribe Davies. El sistema político enrevesado y corrupto que impuso en Iraq la fuerza de ocupación estadounidense “le entregó el poder dominante a una camarilla de políticos corruptos chiítas y kurdos que pasaron muchos años en el exilio en occidente, trabajando con el llamado Congreso Nacional Iraquí de Ahmed Chalabi, con sede en Estados Unidos; con el grupo Acuerdo Nacional Iraquí de Ayad Allawi, con sede en el Reino Unido; y diversas facciones del Partido Islámico Dawa chiíta”.

Chalabi murió en 2015, pero Davies documenta que todos los funcionarios de más alto rango en el gobierno fueron exilados que vivieron en otros países por décadas, antes de ser llevados de regreso a Iraq después de la invasión de Estados Unidos en 2003. Entre los repatriados que actualmente forman parte del gobierno se cuentan el primer ministro Adel Abdul-Mahdi, quien vivió en Francia desde 1969 hasta el 2003 y de hecho se hizo seguidor del ayatolá Rujola Jomeini cuando estuvo allá; el presidente Barham Salih, quien vivió en el Reino Unido desde 1979 hasta 1991 y luego en Estados Unidos desde 1991 hasta el 2001, cuando lo hicieron presidente del Gobierno Regional Kurdo. Otros repatriados con altos cargos en el gobierno son el ministro de Relaciones Exteriores, Mohamed Ali Alhakim (vivió en el Reino Unido y en Estados Unidos), el ministro de Finazas y vice primer ministro Fuad Hussein (vivió en Holanda y en Francia), el ministro de Petróleo y vice primer ministro Thamir Ghadhban (vivió en el Reino Unido), y el ministro de Defensa Najah Al-Shammari (vivió en Suecia).

Todos estos individuos, junto con muchos otros repatriados, han estado fungiendo en varias posiciones de poder, entrando y saliendo desde 2003. Estas son las personas contra las que protestan los manifestantes y que exigen su destitución de todo cargo, cuando exigen que acabe de una vez por todas, la corrupción en Iraq. Davies documenta que bajo el gobierno de esos individuos, no han reconstruido a Iraq y la mayoría del dinero que se suponía que se utilizaría para la reconstrucción, se lo robaron. “La historia de Iraq desde el 2003 ha sido un desastre interminable para su pueblo”, señala Davies. “Las huellas sangrientas de las manos de funcionarios estadounidenses y de sus títeres iraquíes que están impresas en toda esta crisis, debería ser una terrible advertencia para los estadounidenses sobre los resultados catastróficos predecibles de una política exterior ilegal basada en las sanciones, golpes de Estado, amenazas y del uso de la fuerza militar para tratar de imponer la voluntad de los crédulos líderes estadounidenses sobre los pueblos de todo el mundo”, concluye Davies.