La diplomacia mexicana estorba a los geopolíticos en la crisis boliviana

15 de noviembre de 2019

15 de noviembre de 2019 — Además de salvar la vida del depuesto Presidente de Bolivia, Evo Morales, al ofrecerle asilo político, el gobierno mexicano ha jugado un papel de liderazgo vital en el continente para contrarrestar a los promotores de un conflicto geopolítico. Asimismo, el Presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, ha jugado un papel importante, como aliado del Presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien pasó los días 10 y 11 de noviembre conversando con los dirigentes regionales, así como con los funcionarios del Departamento de Estado, para asegurar que el avión de la Fuerza Aérea Mexicana que llevaba a Morales fuera de Bolivia pudiese regresar a México de manera segura.

El martes 12, en la sesión especial de la Organización de Estados Americanos (OEA) —convocada bajo presión de México por el secretario general de la OEA, Luis Almagro— la embajadora de México ante la OEA, Luz Elena Baños, declaró de manera enérgica que Bolivia había sido objeto de un golpe de Estado, y subrayó que en un momento de crisis profunda, los Estados miembros de la OEA “tienen la gran responsabilidad de apoyar a Bolivia... y hacerlo de manera objetiva y responsable, con respeto a su soberanía y a su autodeterminación, sin tentaciones de intervención”. Baños destacó el esfuerzo de Morales por evitar una guerra civil al llamar a nuevas elecciones y eventualmente renunciar. Pero, agregó, “consideramos que las presiones ejercidas sobre Evo Morales por las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad son elementos que constituyen un golpe de Estado”.

La embajadora Baños también se refirió directamente a Almagro —quien recibe instrucciones directas del Departamento de Estado— y manifestó su sorpresa de que, “alguien a quien se conoce por su constante e inusual actividad en los medios”, haya permanecido “sorprendentemente en silencio” ante los acontecimientos en Bolivia, en especial ante la violencia desatada que pone en peligro las vidas de muchas personas. Por su parte, Almagro, había repetido en sus comentarios introductorios la línea del Departamento de Estado, de que Evo Morales se había robado las elecciones, y que si hubo algún golpe, dijo Almagro, fue un “autogolpe” del mismo Morales. De ahí que la embajadora Baños señalara muy adecuadamente que “las declaraciones del secretario general no representan la posición de los Estados miembros”. Y efectivamente, varias naciones del Caribe, Uruguay, Nicaragua y otras más confirmaron su oposición a la línea de Almagro.

Finalmente, Almagro solo consiguió 15 votos de los 34 Estados miembros de la OEA, para que firmaran una declaración que plantea nuevas elecciones en Bolivia, respeto a la Constitución y el nombramiento de nuevos funcionarios electorales. El embajador de Estados Unidos, Carlos Trujillo, se quedó balbuceando contra la “hipocresía” de “algunos estados miembros” que según él apoyaron a Morales que “se robó la votación” y dicen que apoyan la democracia y la no intervención, es decir los países que como México rechazaron la narrativa del Departamento de Estado de que el golpe se justifica para “defender la democracia”.