Golpe de Estado en Bolivia: militares piden la renuncia a Evo Morales con la anuencia de la OEA

12 de noviembre de 2019

11 de noviembre de 2019 — Aproximadamente a las 4:00 pm hora local, el Presidente de Bolivia, Evo Morales, y el vicepresidente Álvaro García Linera, anunciaron su renuncia, luego de que las fuerzas armadas traicionaron su lealtad a las instituciones y le pidieron la renuncia al Presidente. El comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, general Williams Kaliman, anunció que le habían “sugerido al Presidente Evo Morales que renuncie para permitir la pacificación del país”. Sin embargo, la “pacificación” no ha sido posible ya que las hordas fascistas que comanda el jefe de los “cívicos” de Santa Cruz, han estado actuando sin ningún freno luego de que la policía se acuarteló para dejarlos actuar.

No puede haber ninguna confusión en el sentido de que este es el cambio de régimen que buscaban desde hace tiempo los buitres financieros de la City de Londres y de Wall Street, para defender su orden neoliberal decadente que es objeto de repudio masivo en muchas otras partes. Morales está claro en esto. En su discurso de renuncia, se dirigió a la comunidad internacional y dijo “ya sea la ONU, la OEA [Organización de Estados Americanos] o la Unión Europea, digan la verdad sobre este golpe de Estado”. Morales lo calificó de “golpe cívico policíaco” en referencia a los comités “civicos” que encabeza el fascista Luis Camacho de la organización llamada “Comité Cívico Pro Santa Cruz”, quienes desataron la violencia en todo el país desde el 20 de octubre, cuando su candidato perdió las elecciones y exigieron la renuncia de Morales. Durante los días subsecuentes, varias unidades de la policía fueron cooptadas por Camacho (quien cuenta con un gran cofre de guerra) y se negaron a llegar a cabo sus deberes asignados de aplicación de la ley, y dejar que los “comités cívicos” armados y motorizados atacaran a los partidarios de Morales, en particular a las organizaciones indígenas y a sus autoridades. En este contexto, los militares hicieron el llamado a la “pacificación”, es decir, al sometimiento de las autoridades legítimas a las hordas de Camacho.

Unas horas antes, Morales había anunciado que se realizarían nuevas elecciones, luego de que la delegación de la OEA emitió sus resultados “preliminares de la auditoría que se había realizado al proceso electoral del 20 de octubre, y de manera unilateral, antes de consultar con el gobierno nacional, declaró la comisión de la OEA que había encontrado “irregularidades” en la tabulación del voto. Morales no aceptó el informe de la OEA, el cual calificó de “político” y no técnico. Pero subrayó que su principal interés era ponerle fina a la violencia que se dirigía principalmente a los más pobres de Bolivia.

Morales dijo que con su renuncia, Camacho, y su aliado supeditado, el candidato presidencial derrotado, Carlos Mesa, deben llamar a sus tropas de choque que han estado atacando e intimidando al estilo nazi a los partidarios de Morales, quemando sus hogares y amenazando a sus familias. “Si algo le sucede a Evo y a Álvaro, será responsabilidad de Camacho y de Mesa”. Hay una gran anticipación ahora en torno a si las políticas del Fondo Monetario Internacional se volverán a imponer sobre Bolivia, dijo Morales.

Se ha roto la cadena de la sucesión presidencial y ha quedado un vacío de poder y un caos social, en el cual las hordas fascistas de Camacho andan más desatadas que nunca. La Asamblea Legislativa, que cuenta con una mayoría absoluta de los partidarios de Morales, no se ha reunido y hay una enorme expectativa en torno a si podrá realmente asumir las riendas del país. Renunciaron el presidente y la primera vicepresidente del Senado, así como la presidente de la Asamblea, que serían los sucesores constitucionales, y solo queda la segunda vicepresidente del Senado que es miembro de la oposición, a quien Camacho y sus seguidores aceptarían únicamente.