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Días de acción y reflexión

12 de septiembre de 2019
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El Presidente Donald J. Trump en su discurso en la Conferencia Nacional de los Colegios y Universidades Negras Históricas de 2019, el martes 10 de septiembre de 2019, en la el Hotel Renaissance de Washington, D.C. (Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead).

11 de septiembre de 2019 — Este martes 10 de septiembre se iniciaron los Días de Acción internacionales del Instituto Schiller en torno al “Llamado a los jóvenes de todo el mundo: ¡La edad de la razón está en las estrellas!”, que emitió Helga Zepp-LaRouche, en todos los continentes del planeta Tierra: desde Dresden, Alemania, hasta Detroit, en Estados Unidos; desde la Ciudad de México, hasta Yemen; desde Melbourne, Australia, hasta Manila, Filipinas; y por email a los científicos que trabajan en una base de investigación argentina en la Antártica. Con una sola voz, el futuro de la humanidad demanda un retorno al concepto del hombre basado en la dignidad del ser creativo que es, que ve y hace su propio futuro en las estrellas.

Coincidió con el primer Día de Acción, el anuncio del Presidente Donald Trump de que había despedido sumariamente al Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, y señaló: “Yo discrepaba enormemente con muchas de sus sugerencias, al igual que otros dentro del gobierno”. La salida del odiado Bolton significa, como lo destacó el senador estatal de Virginia, Richard Black, que “se ha disipado una nube oscura de la Presidencia de Trump. El mundo es ahora un lugar más seguro luego de que se fue John Bolton”. El senador federal Rand Paul sacó una conclusión similar: “Las posibilidades de una guerra mundial se han reducido enormemente”, con el despido de Bolton.

El movimiento de LaRouche se puede sentir orgulloso y justificado en acreditarse al menos parcialmente este feliz acontecimiento, luego de nadar contra la corriente cuando sea necesario, para contraponer las alternativas programáticas científicas de Lyndon LaRouche frente a las del imperio británico que se derrumba, y de sus acólitos dentro y fuera del gobierno de Trump. Ese enfoque es también la clave para hacer que la humanidad regrese a la Luna, y de ahí pasar a Marte.

La ya demorada salida de Bolton se celebra en todo Estados Unidos y en el mundo entero, lo cual le agrega algo al optimismo necesario para derrotar la visión perversa de la gran ofensiva “verde” que promueve el imperio británico. En ningún sitio se resumen mejor que en la portada de la revista científica popular de Finlandia, Tieteen Kuvalehti, que tiene la foto de un niño tachado con una X. Este maltusianismo abierto y descarado es choqueante y enfermizo pero no debería sorprender a nadie. Se recuerda uno de la Nueva Era de Tinieblas del siglo 14, la cual además de las muertes en masa debidas directamente a la Peste Negra, produjo también una ola de pesimismo tal que, según los relatos de la época, no ocurrió casi ningún matrimonio por años y hasta décadas, en grandes partes de Europa, y se desplomó la tasa de natalidad. Fue solo gracias a la organización intencional del Renacimiento Dorado por una pequeña minoría de hombres y mujeres comprometidos, lo que llevó a la humanidad a alzar la mirada hacia las estrellas para encontrar la ley moral y científica dentro de sí misma, y de este modo sacar a la humanidad del atascadero.

En el 2006, el gran pensador y estadista estadounidense, Lyndon LaRouche, se refirió a los orígenes iniciales de la actual decadencia cultural y económica: La sección inicial de su obra “El arte perdido del presupuesto de capital”, señala:

“Desde aquel notable alboroto de 1968, que surgió en Europa y en las Américas, las pasiones efímeras del 20 por ciento superior de la actual generación de clase media dominante [los llamados ‘Baby Boomer’ en Estados Unidos], se expresan con frecuencia como una pérdida del deseo de la práctica de los matrimonios a largo plazo, una pérdida del cuidado de las perspectivas para las generaciones más jóvenes, y una pérdida de cualquier interés en la inversión en el futuro de la economía física de otras naciones, ni de la suya propia”.

LaRouche saca la conclusión necesaria: “Esto tiene que cambiar ya”.