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Lo que hoy parece imposible, mañana podría ser inevitable

22 de agosto de 2019
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El Presidente Donald J. Trump recibe a los trabajadores en el estrado para comentarios en el acto de "Dominio energético y renacimiento de las manufacturas en Estados Unidos", el martes 13 de agosto de 2019, en el Complejo Petroquímico Shell Pennsylvania, en Monaca, Pa. (Foto oficial de la Casa Blanca por Tia Dufour).

21 de agosto de 2019 — Por todo el sistema financiero transatlántico se ven ya las luces rojas de alarma, que señalan el peligro de un inminente estallido financiero y bancario, que en comparación, hará palidecer al de 2008. Sucede en la víspera de la reunión de planificación anual de los directores de la banca central y de las finanzas del mundo en Jackson Hole, Wyoming, del 22 al 24 de agosto, y de la cumbre de los jefes de Estado y de gobierno del Grupo de los 7 países desarrollados, que se llevará a cabo en Biarritz, Francia. Del 24 al 26 de agosto.

Una pálida sombra cubre ambas reuniones, al menos para los dirigentes dispuestos a reconocer que todo el sistema financiero transatlántico del imperio británico está en bancarrota sin remedio, y que todo esfuerzo que se haga por rescatar a la burbuja especulativa de $1,500 billones de dólares ha fracasado miserablemente.

Ya intentaron rescates con esteroides, en la forma de los $15 billones de dólares de papel que imprimieron en la forma de “emisión cuantitativa” (EC), y no sirvió de nada. Los mentados “rescates internos”, mediante el recurso de confiscar los activos de los ahorristas y titulares de bonos, fracasó antes de que lo pudieran generalizar, porque era políticamente imposible generalizarlos. Ahora las tasas de interés negativas son la realidad dominante en la mayoría de las naciones del G7, en donde Estados Unidos es la principal excepción, pero se dirige rápidamente en esa dirección, lo cual constituye un robo en despoblado a las poblaciones víctimas de la estafa, y un signo de disfunción financiera extrema. Ahora están por emitir decenas de billones de dólares en “bonos verdes” totalmente fraudulentos, en otro intento desesperado para saquear a la economía física y rescatar a la burbuja especulativa de la City de Londres y Wall Street. La separación del Reino Unido y la Unión Europea, el Brexit, se asoma ahora para el 31 de octubre con la amenaza de eliminar el dominio de la City de Londres sobre el corretaje global en derivados financieros, que comprende un 80% de toda la burbuja financiera internacional.

En Jackson Hole se va a discutir una proyecto elaborado por varios banqueros centrales prominentes junto con los planificadores de BlackRock, que es el administrador de activos más grande del planeta, que propone un descarado “cambio de régimen en política monetaria tan importante como el que vimos entre el período de antes de la crisis y después de la crisis”, es decir, el esquema suicida de la emisión cuantitativa hiperinflacionaria que se desató después del estallido de 2008. La propuesta significa básicamente que los bancos centrales declaren a los gobiernos en bancarrota, para intervenir “de manera directa”, en la decisión de imprimir enormes flujos de efectivo para repartir entre los sectores quebrados, ya sean públicos o privados. Esto es el equivalente financiero de inyectar heroína financiera en las venas de un adicto sin remedio, casi cadáver, y tendrá resultados similares.

Los estudiosos del incomparable economista físico Lyndon LaRouche, reconocerán esta situación, en la que la tasa de crecimiento de los agregados monetarios (o sea, la EC) de la “Triple curva” de LaRouche, la Función de Colapso Típico, ha sobrepasado por mucho a la tasa de crecimiento de todos los agregados financieros (o sea, los derivados y demás), de tal modo que no hay ninguna tasa posible de más hiperinflación monetaria que pueda impedir que estalle la burbuja de los $1,500 billones de agregados financieros, y con ella, las economías físicas de las partes del mundo que no se han unido todavía a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China.

A menos que, por supuesto, se lleve a cabo a tiempo la reorganización por bancarrota de todo el sistema transatlántico, como proponía LaRouche. Eso exigiría que Estados Unidos se uniera a las otras grandes potencias como China, Rusia e India para poder clausurar de manera permanente al imperio británico y a su sistema financiero.

Como dijo el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, en una conferencia de prensa conjunta con el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, luego de la cumbre entre ambos el pasado lunes 19: “Lo que hoy parece imposible, mañana podría ser inevitable”. Putin se refería a la perspectiva de crear una Europa común desde Lisboa hasta Vladivostok. Ese mismo principio se aplica al estado de la economía mundial y del sistema financiero hoy.

Como lo señaló Helga Zepp-LaRouche en una conversación con sus asociados el martes 20: “Yo creo que la formulación [de Putin] también se aplica de manera enfática para la implementación de las soluciones de Lyndon LaRouche a la crisis presente... En la medida en que la crisis se hace más grande, lo que ahora parece imposible, o sea la implementación de la Glass-Steagall y de un Nuevo Bretton Woods y un acuerdo entre las Cuatro Potencias por los objetivos comunes de la humanidad, se hará inevitable mañana...

“La situación está llegando a una polarización total frente a la ideología ecofascista, que es básicamente una ideología como fue la de los nazis, no menos peligrosa, porque si esta gente llegara a tomar al mundo bajo su poder, ocasionaría más víctimas de las que pudieron hacer los nazis...

“La alternativa es que haya un Nuevo Paradigma, en donde se organice el futuro de la humanidad con científicos y artistas clásicos, porque estos son los dos grupos esenciales de personas que creen en los principios universales verificables. Lyndon LaRouche subrayaba eso siempre: que la política se tiene que sustentar en las leyes físicas del universo, y la única gente que sabe eso, es gente que cree en el descubrimiento, que es universal...

“Así que, la aplicación de la ciencia y de los principios artísticos clásicos, como en una gran composición clásica, tiene que llegar a ser el fundamento de la política”.