El gobernador del Banco de Inglaterra y el HSBC coordinan la maniobra oligarca para crear una burbuja financiera verde

5 de agosto de 2019

5 de agosto de 2019 — Entre los principales financistas que crearon la mentada Iniciativa Financiera Verde (GFI, por sus siglas en inglés) para desviar los flujos financieros hacia proyectos maltusianos verdes, para el provecho de la City de Londres y lo que le toque a Wall Street, y para imponer la reducción radical de los seres humanos sobre el planeta, se cuentan Mark Carney, el gobernador del Banco de Inglaterra, los jefes de otros bancos centrales, y el banco de su majestad para el lavado del dinero sucio, el HSBC (Hongkong and Shanghai Banking Corp.)

Por lo visto, la GFI surgió principalmente como instrumento del Grupo Especial sobre la Transparencia Financiera relacionada con el Clima, de la Junta de Estabilidad Financiera. La Junta de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) fue creada bajo los auspicios del G20 en su reunión de Londres en 2009, a fin de hacer “recomendaciones programáticas para abordar los riesgos de la estabilidad financiera en las transacciones de financiamiento con títulos valores”, según su sitio electrónico. Lo integran los jefes de los bancos centrales y ministros de Finanzas de las principales naciones del mundo. Mario Draghi, el presidente saliente del Banco Central Europeo, fue el presidente de la junta desde 2006 a 2011. De 2012 al presente, la preside Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra.

El FSB se creó nominalmente para dar señales de alerta sobre los riesgos financieros, y para recomendar políticas a seguir para corregir lo que fuese necesario relacionado con los sistemas bancarios nacionales y el sistema financiero mundial. No ha hecho nada en absoluto para clausurar la mayor burbuja especulativa de la historia, que suma $1,500 billones de dólares en el corretaje de derivados financieros. Los jefes del DFBS saben que su sistema financiero está en quiebra sin remedio, y lo que han hecho es tratar de darle oxígeno artificial. En diciembre de 2015, por ejemplo, el FSB creó el Grupo Especial sobre Transparencia Financiera relacionada con el Clima (FCFE, por sus siglas en inglés), para asesorar a los “inversionistas, acreedores y aseguradoras sobre los riesgos relacionados con el clima”. Pero con ese pretexto, la TCFD ayudó a crear en 2016 la Iniciativa Financiera Verde, para canalizar lo que esperan llegue a ser varios billones de dólares hacia las inversiones verdes antitecnológicas.

Estos burócratas oligárquicos del TFCD trabajan muy estrechamente con el gobierno de su majestad británica. En julio de 2019, el gobierno británico publicó un documento de 73 páginas titulado “Estrategia Financiera Verde: la transformación de las finanzas para un futuro más verde”, que en su mayor parte fue obra de Philip Hammond, el ministro de Hacienda saliente. El documento sostiene que el propósito de su estrategia es “consolidar la posición del Reino Unido como eje de las finanzas verdes”, y “posicionar al Reino Unido en la vanguardia de la innovación financiera verde en data y analítica”.

El documento señala claramente la importancia del TCFD de Carney. Dice que “una de las iniciativas más influyentes que han surgido es el Grupo Especial sobre Transparencia Financiera relacionada al Clima (TCFD) del sector privado de la Junta de Estabilidad Financiera, con el respaldo de Mark Carney y que preside Michael Bloomberg. Esto ha recibido el respaldo de instituciones que representan $118 billones de dólares en activos globalmente. Una proporción cada vez mayor del sector privado está comenzando a implementar las recomendaciones del TCFD, y en septiembre de 2017, el Reino Unido se volvió uno de los primeros países en darle su respaldo formal”. (Énfasis nuestro).

Por su lado, el HSBC acaba de anunciar que ha creado instrumentos financieros dentro del banco “para proporcionar $100,000 millones de dólares en financiamiento sustentable para el 2025”.

Ya sea que la oligarquía británica pueda generar una burbuja financiera verde a tiempo para apuntalar la burbuja financiera mundial, no es muy seguro. Pero como señala Helga Zepp-LaRouche, esta distracción de inversiones exclusivamente hacia áreas “sustentables”, significa “de hecho una regresión de la economía a la época preindustrial”, y un genocidio.