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Convirtamos la cumbre del G20 en un punto de inflexión para la humanidad

7 de junio de 2019
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El Presidente Donald J. Trump durante la reunión trilateral que tuvo lugar el viernes 30 de noviembre de 2018, con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, y el primer ministro de India, Narendra Modi, durante la cumbre del G-20 en Buenos Aires, Argentina. (Foto oficial de la Casa Blanca).

7 de junio de 2019 — La gran paradoja de nuestra era se presenta de manera descarnada ante el mundo este mes de junio: por un lado, la amenaza de múltiples crisis que se salen de control en diferentes frentes, tanto económica como estratégicamente; y por el otro lado, la reunión de los principales dirigentes del mundo en la Cumbre del G-20 en Asia —el centro del mayor proyecto de desarrollo cooperativo en la historia del mundo— el 27 y 28 de junio.

En Estados Unidos, la taimada conferencia de prensa que dio Robert Mueller la semana pasada y la corriente radical dentro del Partido Demócrata cada vez más sicótica (entre ellos la mayoría de la turba de precandidatos presidenciales) es lo que marca la pauta en el Partido Demócrata, para amarrar al Congreso en la campaña de juicio político a Trump, junto con todo el ciclo de noticias diarias. Mientras tanto, este Congreso disfuncional está paralizado, cuando se necesita desesperadamente hacerle frente a la destrucción devastadora provocada por las inundaciones que afectan todo el corazón agrícola, agravado con el cierre casi total de las ventas agrícolas a China debido a la intensificación de la guerra comercial. Ninguna solución de largo plazo a la burbuja financiera o el creciente déficit de la infraestructura, ni siquiera está bajo consideración.

En Europa, la UE está al borde de la desintegración con convulsiones gubernamentales en el Reino Unido, Francia, Alemania, Grecia, Austria y otros países. La victoria del Partido Verde en casi todas las principales ciudades de Alemania en las elecciones para el Parlamento Europeo del mes pasado, presagia el final de Alemania como nación industrializada y científica, mediante un proceso autodestructivo más severo que el que se le pretendió imponer con el maligno plan Morganthau, para desindutrializar a Alemania después de la Segunda Guerra Mundial.

Y sin embargo, el Departamento de Justicia del gobierno de Trump, bajo la dirección del Procurador General William Barr, lanzó una investigación sin límites para ir hasta la raíz real de todos estos problemas: el imperio británico y sus agentes dentro de Estados Unidos que pensaron que podían derrocar a un presidente cuyo “delito” fue promover relaciones de amistad con Rusia y China. Los neoconservadores y los operativos de Wall Steet que rodean al Presidente han hecho todo lo que está en su poder para bloquear las intenciones de Trump: se niegan a seguir sus órdenes de salirse de Siria y Afganistán; provocan crisis en Venezuela, Irán y Corea del Norte con la intención de pasar por encima de la negativa de Trump a aceptar las guerras de “cambio de régimen”; acusan falsamente a China de renegar del acuerdo comercial propuesto para subvertir un acuerdo ya casi listo; y circulan la “ gran mentira ” en el informe de Mueller de que Rusia interfirió en las elecciones de 2016.

No obstante, hay una solución a la mano. Trump intenta reunirse personalmente con Vladimir Putin, Xi Jinping y Narendra Modi en la Cumbre del G20, precisamente los cuatro lideres mundiales que Lyndon LaRouche identificó como la combinación necesaria para reemplazar al decrépito sistema monetarista británico con un sistema de crédito global que sea el motor del enorme potencial de desarrollo de una Nueva Ruta de la Seda ampliada, como lo expresa el título del Informe Especial de la EIR: “La Nueva Ruta de la Seda se convierte en el Puente Terrestre Mundial”. Es solo con su actuación personal, frente a frente con otros dirigentes mundiales en donde puede Trump actuar sobre el programa de LaRouche.

Las tres semanas que faltan para la Cumbre del G20 tienen que ser de movilización total de naciones e individuos para que se produzca el cambio de fase necesario. El Homenaje a Lyndon LaRouche este próximo sábado en Manhattan y la campaña de peticiones para convencer a Trump de exonerar a LaRouche, son el punto de arranque de esta movilización.