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Trump acelera la misión espacial a la Luna y Marte

29 de marzo de 2019
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El Presidente Donald J. Trump recibe una chaqueta de vuelo de la NASA, el martes 21 de marzo de 2017, luego de firmar la Ley de Autorización de Transición de la NASA de 2017, en la Oficina Oval de la Casa Blanc, en Washington, DC. (Foto oficial de la Casa Blanca por Paul Williams).

29 de marzo de 2019 — Liberado de los grilletes del Rusiagate, el Presidente Trump anunció dos iniciativas: un “ajuste de cuentas” con los criminales de la comunidad de inteligencia de los gobiernos de Bush y de Obama, en el Congreso y en los medios de prensa, quienes al servicio de una potencia extranjera interfirieron en las elecciones del 2016 tratando de impedir su elección y que, una vez que no pudieron pararlo, conspiraron para tratar de sacarlo del cargo. Trump ya identificó a esa potencia extranjera como el enemigo histórico de Estados Unidos —el imperio británico— cuyo “gran juego” geopolítico ha provocado guerras y subvertido gobiernos con el fin de sostener el poder del imperio.

Luego, el pasado miércoles 27, Trump lanzó una segunda iniciativa, para restablecer la excelencia estadounidense en la exploración espacial. La Casa Blanca dio a conocer varias de las nuevas Directivas en la Política Espacial: “Estados Unidos procurará alunizar en el polo sur de la Luna para el 2024 [la fecha anterior programada era para el 2028—NDR], procurará el establecimiento de una presencia humana sustentable en la Luna para el 2028 y trazará una vía futura para la exploración de Marte”. La NASA, anunció Trump, “creará una Dirección de la Misión de Luna a Marte” para lograr este objetivo y “dirigirá un programa espacial innovador con socios comerciales e internacionales”.

Es bueno recordar las palabras famosas del Presidente John F. Kennedy en el Congreso el 25 de mayo de 1961: “Ha llegado el momento de dar pasos más ambiciosos, es tiempo para una nueva gran empresa estadounidense, es tiempo de que esta nación tenga un papel claramente destacado en los logros espaciales, que en muchos aspectos puede ser la clave de nuestro futuro en la Tierra. Yo creo que poseemos todos los recursos y los talentos necesarios, Pero el hecho real es que nunca hemos tomado la decisión nacional o congregado los recursos nacionales necesarios para ejercer dicho liderato. Nunca hemos especificado objetivos a largo plazo con un calendario urgente, ni hemos administrado nuestros recursos y nuestro tiempo para garantizar su cumplimiento... Vamos al espacio porque cualquier cosa que la humanidad deba emprender, los hombres libres deben compartir plenamente... Yo creo que esta nación debe comprometerse a lograr el objetivo, antes de que termine ésta década, de alunizar un hombre en la Luna y regresarlo a salvo a la Tierra”.

Poco después, Kennedy dijo: “Hemos decidido ir a la Luna en esta década y hacer otras cosas, no porque sea fácil sino porque son difíciles; porque ese objetivo va a servir para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y destrezas, porque ese desafío es algo que estamos dispuestos a aceptar, que no estamos dispuestos a posponer y que nos proponemos ganar, y también los demás”.

Lyndon LaRouche escribió un artículo de 1985 en EIR titulado "Iniciativa privada para colonizar la Luna y Marte" publicado unas semanas después de la Conferencia en Memoria de Kraft Ehricke, patrocinada por el Instituto Schiller y la Fundación de Energía de Fusión, que comienza:

“Se puede estimar con seguridad, que durante los próximos cincuenta años o más, todo el progreso científico y tecnológico estará determinado principalmente por la interrelación entre tres fronteras actualmente bien definidas de la investigación científica: 1) fusión termonuclear controlada; 2) impulsos electromagnéticos dirigidos coherentemente; y 3) biofísica óptica... La colonización interplanetaria se basa en prácticamente todas las potencialidades de estas tecnologías interrelacionadas, como ninguna otra opción previsible de aplicación se pudiera aproximar en el mismo grado ".

Para que dicho proyecto tenga éxito no es solo necesaria la cooperación internacional sino que también representa el fundamento de la condición humana: los acontecimientos en las fronteras del conocimiento humano definen de la manera más profunda la realidad común sobre el futuro de toda la humanidad.

Con el Rusiagate al descubierto, botado al basurero de la historia, es ahora no solo posible sino necesario que el Presidente Trump se libre de las ataduras remanentes de la mentalidad imperialista británica que lo rodea y que ocupa las instituciones de muchas naciones de occidente. Esto significa establecer relaciones de amistad con Rusia; tal y como Rusia está dispuesta a hacerlo también. Significa lograr el acuerdo con China, que Trump cree que está al alcance de la mano, de la misma forma en que las naciones europeas finalmente se están dando cuenta que su futuro reside en cooperar con la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Con todo, los agentes del imperio todavía están tratando de impedir esto frenéticamente. Los neoconservadores están tratando de arrastrar al Presidente hacia una guerra de cambio de régimen en Venezuela, mientras que los restos de la “comisión para volar el mundo en pedazos”, también conocida como la Comisión sobre el Peligro Presente (CPC por siglas en inglés) se reconformó el lunes 25 con un nuevo nombre: CPD-China. China, alegan, es el nuevo peligro al estatus de Estados Unidos como “la única superpotencia mundial”, un estatus imaginario que es de hecho una psicosis antiestadounidense que tiene el objetivo de evitar que Trump le ponga fin al “Gran Juego” geopolítico británico de dividir y conquistar.

Este es el momento de que Estados Unidos escuche las sabias palabras de Lyndon LaRouche. Lograr su exoneración llevará esa realidad al centro de la lucha que ahora se desenvuelve por un nuevo paradigma, por una comunidad con un futuro compartido por toda la humanidad.