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El Presidente Trump sabe que se trata de un golpe británico en su contra, pero quien puede derrotarlo es el pueblo estadounidense, no él

19 de marzo de 2019
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El Presidente Trump y el primer ministro de Irlanda visitan el Capitolio, el jueves 14 de marzo de 2019, en Washington, DC. (Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead).

19 de marzo de 2019 — El diario londinense Independent, publicó una furiosa reseña de la declaración de un más furioso Ministerio de Relaciones Exteriores, con el retorcido título de “Trump: El gobierno del Reino Unido ataca la sugerencia ‘completamente falsa’ del Presidente de que Gran Bretaña inventó la injerencia de Rusia en las elecciones de 2016”. El Presidente Trump había retuiteado un mensaje que decía precisamente eso, que el Rusiagate fue creado en parte para ayudar a Gran Bretaña a contrarrestar la influencia rusa, mediante el recurso de provocar a Estados Unidos a asumir una línea dura contra Moscú. A su vez, el mensaje en cuestión retuiteó otro mensaje, de la representante demócrata por Hawai, Tulsi Gabbard, quien reconoce que la renuencia de Trump a seguir con el plan de guerra permanente de Bush y Obama, es el motivo directo por el cual le han lanzado el ataque del Rusiagate con equivale a un intento de golpe que ya lleva tres años. Estos mensajes importantes se reproducen en una nota adjunta a este editorial.

Esta situación está afectando claramente la política del gobierno de Trump, el cual se orienta cada vez más hacia la confrontación geopolítica con Rusia y con China, que es lo que buscan Londres y sus aliados angloamericanos en Estados Unidos, y que es precisamente lo que Trump no quería como candidato ni como Presidente. El Presidente ha reconocido públicamente que estos ataques macarthyistas influyeron en su decisión de abandonar la cumbre de Hanoi con el dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-un, sin ningún acuerdo; específicamente, los atroces ataques contra Trump en la audiencia del Congreso con el perjuro Michael Cohen el mismo día en que se realizó la cumbre. Luego amenazan con causar que fracasen las negociaciones comerciales y económicas con China, a pesar de su amistado con el Presidente de China, Xi Jinping.

Estos son los ataques neoconservadores, y cuando hablamos de demócratas liberales como el senador Chuck Schumer o el representante Jerrold Nadler, el término “neoconservador” de la era macarthysta les encaja exactamente; y los neoconservadores están muy metidos dentro de este gobierno. El imperio británico, como hizo con Harry Truman y trató de hacerlo con Dwight Eisenhower, trata de utilizar el macarthyismo para forzar un compromiso estadounidense a la confrontación con las grandes potencias de Rusia y de China, y seguir con las guerras en las naciones en desarrollo, incluso cuando se trata de un Presidente que estaba comprometido a terminar con esas guerras y a iniciar relaciones de cooperación entre las grandes potencias.

Trump puede ver los ataques británicos, pero no es probable que los derrote en lo personal. Si el pueblo estadounidense lo ve en grandes números, y se percata de que se trata de un intento de golpe del imperio británico, y lo denuncia, va a fracasar.

En este respecto, hay un arma poderosa: el hecho de que los mismos ataques, y peores, de las mismas personas, entre ellas el asesino judicial Robert Mueller, fueron superados por Lyndon LaRouche, y sus ideas han dado fruto internacionalmente al momento de su fallecimiento. Ahora el gran designio de LaRouche por la creación de bancos de desarrollo internacional y de un Puente Terrestre Mundial de grandes proyectos, hace eco en la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, y el avance que está haciendo a pesar de la feroz oposición desde Londres, en Asia, África y en Europa. Ahí está su propuesta para llegar a un acuerdo entre las Cuatro Potencias para la colonización del espacio, programas de emergencia para la energía nuclear y de fusión, para ser implementada por China, India, Rusia y Estados Unidos.

Lo que se necesita es organizar para que el Presidente Trump exonere a Lyndon LaRouche, de esa persecución ordenada por Londres, y sus programas se liberarán para realizarse realmente. El Presidente Trump puede hacer esto, y liberarse a sí mismo en el proceso, pero tiene que ser la exigencia de los estadounidenses y otros.