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Una nueva arquitectura estratégica exige la cooperación de Estados Unidos, Rusia y China

5 de febrero de 2019
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El helicóptero "Marine One", en el centro, donde van el Presidente Donald Trump, la Primera Dama Melania Trump, y su hijo Barron Trump, se prepara para aterrizar en la Base Conjunta Andrews, MD, el 1 de febrero de 2019, para abordar el avión presidencial "Air Force One" rumbo a Palm Beach, Florida.

5 de febrero de 2019 — Los caldeados intercambios entre funcionarios rusos y los funcionarios neoconservadores y neoliberales estadounidenses junto con sus adláteres en los medios, continua exacerbando las tensiones entre las dos superpotencias nucleares. Helga Zepp-LaRouche comentó al respecto hoy que el mundo necesita una nueva arquitectura estratégica, pero no puede funcionar si no se adopta una misión económica y cultural común, y se rechaza la geopolítica. Si el Occidente se une al paradigma de la Nueva Ruta de la Seda, entonces y solo entonces funcionará la nueva arquitectura estratégica.

El Presidente Vladimir Putin y el ministro ruso de Relaciones Exteriores Sergey Lavrov han insistido en que Rusia no va a iniciar una nueva carrera armamentista, sino que dentro del actual presupuesto de defensa, responderán al retiro del Presidente Trump del Tratado INF, “con medios técnicos militares”. Así fue como Rusia respondió a Estados Unidos cuando Bush se retiró del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM, en sus siglas en inglés), con una movilización de las capacidades científicas y técnicas de su país para crear armas que podrían eludir los sistemas ABM que Estados Unidos estaba colocando alrededor de las fronteras de Rusia. En efecto, el 1º de marzo del año pasado, Putin dio a conocer el despliegue exitoso de un torpedo submarino nuclear, un vehículo hipersónico que se lanza desde un misil balístico intercontinental, y un misil hipersónico que se lanza desde un avión interceptor MiG 31, entre otras cosas, todas encaminadas a neutralizar el potencial que Estados Unidos pretendía alcanzar con su sistema ABM mejorado; es decir, negarle a Estados Unidos la capacidad de lanzar un “primer ataque” en el cual los sistemas ABM impedirían una respuesta nuclear.

Estados Unidos no debe cometer el error de oponerse al desarrollo de los rusos en estas nuevas tecnologías, ni oponerse al desarrollo de Estados Unidos de las nuevas tecnologías necesarias para el nuevo sistema de defensa antimisiles anunciado por el Presidente Donald Trump el 1º de febrero. Más bien, Estados Unidos debe fomentar esa ampliación del conocimiento humano, pero a la vez insistir en que se haga en colaboración con Rusia, y también con China, y lo que es más importante, que las nuevas tecnologías se apliquen conjuntamente a las necesidades civiles también.

Desde 1977, EIR publicó un documento titulado “De la Detente a la Entente: una política estadounidense para las pláticas SALT”, las pláticas sobre limitación de armas estratégicas. El documento de EIR repasa los esfuerzos de algunos círculos de mentalidad imperialista para que se adoptase un acuerdo de limitación de armas estratégicas que restringiese el desarrollo tecnológico en las fronteras del conocimiento humano, y concluye en que: “Estados Unidos no se debe embarcar en el rumbo infructuoso de tratar de prohibir la innovación en el desarrollo de armas. Más bien, un acuerdo internacional (o una secuencia de acuerdos) para el desarrollo de la energía nuclear debería contener de manera prominente una cláusula que ofrezca la colaboración científica de gran alcance, intercambio de información y esfuerzos realmente conjuntos de investigación y desarrollo, en especial en las diversas áreas de la investigación de fusión”.

Esta fue la simiente de la propuesta de Lyndon LaRouche al Presidente Ronald Reagan para desarrollar un sistema antimisiles basado en el espacio para ser desarrollado conjuntamente entre Estados Unidos y la URSS, una idea que Reagan adoptó bajo el nombre de “Iniciativa de Defensa Estratégica” (IDE). El concepto básico es todavía más válido, y más urgente hoy, con la necesidad adicional de que los sistemas con base en el espacio sean capaces de desviar asteroides que amenazan a la Tierra, una propuesta que le hizo a Estados Unidos Dmitry Rogozin en 2011 (que es ahora el jefe del programa espacial ruso, y que trabaja muy de cerca con el jefe de la NASA, Jim Bridenstine) con el nombre de “Defensa Estratégica de la Tierra”. Ahora que Trump ha ordenado el desarrollo de un sistema de defensa antimisiles basados en el espacio, es esencial que este programa, que empuja las fronteras del conocimiento y las capacidades científicas, se lleve a cabo internacionalmente y se aplique también al desarrollo económico de la humanidad en su conjunto.

¿Es esto un sueño utópico? Los británicos, cuya intención es preservar el imperio mediante la división geopolítica entre Oriente y Occidente, y quienes en el Reino Unido y en Estados Unidos tratan frenéticamente de derrocar al Presidente Trump con las mentiras del Rusiagate, quisieran que creyésemos que es así. Hay que recordar lo que dijo el Presidente Trump el 1º de febrero, cuando anunció su plan de defensa antimisiles: “Estamos listos para trabajar con Rusia en las negociaciones de control de armas que satisfagan estos criterios, y más importante aún, en cuanto se haga esto, desarrollar, quizás por primera vez, una relación destacada en los ámbitos de la economía, el comercio, en lo político y en lo militar. Esto sería algo fantástico para Rusia y para Estados Unidos, y sería también grandioso para el mundo”.

Nos encontramos en un momento que se conoce como punctum saliens, un punto de inflexión en el que el salto podría ser hacia un nuevo Renacimiento, o un retroceso hacia una Nueva Era de Tinieblas. El espíritu de la Nueva Ruta de la Seda ha creado el contexto en el que muchas naciones del mundo, potencialmente todas las naciones del mundo, trabajan juntas hacia el logro de los objetivos comunes de todos los pueblos, mediante el progreso científico y tecnológico. Esto exige que el Presidente Trump sea liberado de la estafa traidora del Rusiagate para hacer realidad sus mejores intenciones, reconstruir a Estados Unidos y contribuir al desarrollo mundial.