Propuesta de retiro de tropas no es sorpresa; ese era su plan desde marzo del 2018

9 de enero de 2019

9 de enero de 2019 –- La “sorpresa” que dio el Presidente Trump de retirar las tropas estadounidenses de Siria, no es tal; él comenzó a dar órdenes para preparar el retiro de las tropas desde marzo del 2018, como lo describe Mark Perry en la revista Foreign Policy del 4 de enero.

Las pláticas sobre la retirada de Siria resultaron de una normativa de la Casa Blanca transmitida por el secretario de Estado, Mike Pompeo, quien dijo que el Presidente se la había dado a él y al entonces secretario de Defensa, Mattis, hasta que se anunciara en septiembre del 2018.

El hecho de que el anuncio del retiro de las tropas no se hizo sino hasta la tercera semana de diciembre del 2018 no desacredita este cronograma, dijo Perry.

Un alto funcionario del Departamento de Estado le dijo a Perry que, “ ‘ellos [Pompeo y Mattis] esperaban convencerlo [a Trump] de lo contrario’. A pesar de que tenían esta esperanza, tanto Pompeo como Mattis procedieron por dos vías distintas; Mattis comenzó a reducir las operaciones militares contra el Estado Islámico en la región y Pompeo inició una ofensiva diplomática que le daría a Estados Unidos una voz en Siria una vez que llegara a su fin la guerra civil”.

Mattis quería que la mayoría del combate terrestre en Iraq y Siria no pasara del mes de abril, e incluso admitió en privado que no quedaba mucho del EIIS contra el cual pelear, según afirmó Perry que le dijo el funcionario de referencia. El Pentágono comenzó a hablar de una “derrota perdurable” del EIIS. Para septiembre, quedaban todavía focos del EIIS. A los comandantes de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) dominadas por los kurdos, les dijeron que Estados Unidos iba a retirar sus tropas a finales de año.

Mientras tanto, a comienzos de abril de 2018, Pompeo le dio la tarea a la Oficina del Departamento de Estado de Asuntos del Oriente Cercano para que supervisara una serie de iniciativas vinculadas: 1) comiencen diciéndole al liderato de las FDS que Estados Unidos retirará sus tropas [de Siria] inmediatamente, cuya advertencia se hizo llegar por medio del ejército, de comandante a comandante. “Afirmar que los kurdos fueron tomados por sorpresa de ninguna manera es cierto. A ellos se les informó”, el funcionario de Estado le dijo a Perry.

La segunda iniciativa consistía en un plan para persuadir a los países del Golfo Pérsico para que proporcionasen personal suficiente para reforzar a los kurdos una vez que Estados Unidos se haya retirado, dijo el funcionario del Departamento de Estado. Los saudíes respondieron afirmativamente, sin embargo no les agradó la idea. Al final, los kurdos vetaron la idea; no quisieron que los árabes les dieran refuerzos. Llevar a los saudíes al terreno para estar hombro a hombre con los turcos (que consideran a las milicias de las FDS como una rama de los kurdos separatistas en guerra con Ankara) no iba a funcionar, escribe Perry.

La última iniciativa fue una “ofensiva diplomática”, que para abril ya tenía a 20 diplomáticos trabajando en Siria, supervisados por el propio Pompeo. Pompeo nombró a James Jeffrey como representante especial para el compromiso con Siria para encontrar un modo de llevar a Estados Unidos otra vez a tener algo que ver en Siria, lo cual incluía platicar con los rusos y los turcos sobre un acuerdo que podría hacer retroceder a Assad, proteger a los kurdos y acelerar una solución política, tomando en cuenta las negociaciones de Ginebra y las del “Proceso de Astana”. El 3 de diciembre del 2018, a solo semanas de que Trump anunciara el retiro de las tropas, Jeffrey dejó muy claro que Estados Unidos tenía “una misión en Siria”, y que era lograr “una derrota perdurable al ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria)”. Sin embargo, como describe Perry, luego Jeffrey “se apartó del guión”, y comenzó a “insistir en que Estados Unidos se retirará solo cuando se cumplan todas sus condiciones... [lo cual] involucra a Estados Unidos en un terreno pantanoso de retórica, que busca resultados que no solo no han sido mencionados por Trump, sino que además habría sido imposible obtenerlos”, escribió Perry.

Geoffrey Aronson, analista del Medio Oriente señaló que “desde el 2011 y por los siete años que le siguieron, los expertos nos estuvieron diciendo que los días de Assad estaban contados, que había llegado a su fin, incluso cuando era obvio que eso no iba a suceder; era todo un cuento de hadas... Escuchen, hay múltiples razones para que no les agrade Trump, sin embargo esta fue la acción política correcta que había que tomar. Nuestro acuerdo con los curdos siempre fue temporal, y ellos lo sabían. Así que ahora ellos van a hacer lo que vienen hablando calladitos durante los dos años recientes: Van a ver cómo llegan a un acuerdo con Damasco”.

Robert Ford, ex embajador de Estados Unidos en Siria, dijo: “De hecho, los anuncios hechos por Trump han allanado ‘el camino para un acuerdo entre las FDS y Damasco que permitiría que las tropas sirias regresen del Este de Siria de tal manera que cumplan con las preocupaciones de seguridad de los turcos y no deje espacio para el Estados Islámico’. Mucho más simple todavía, el que Estados Unidos retire sus tropas de Siria va a empujar a las FDS lideradas por los curdos hacia Damasco, que es hacia donde se dirigían de cualquier manera”.

Mark Perry concluye: “No hay ninguna duda de que la decisión de Trump del retiro [de tropas] irritó a los funcionarios en Washington, lo que incitó a las renuncias de Mattis y McGurk, pero el escenario de fin de mundo que clamaba el coro de críticos de Trump -–que a la renuncia de Mattis le seguirían muchas otras, por ejemplo—- no ha sucedido. Es muy posible que la razón sea que hay muchos más funcionarios de política exterior en el gobierno que están de acuerdo con lo que Trump ha hecho, y que, posiblemente, el trabajo de ‘limitar algunos de los peores instintos de Trump’ no se debería dejar en manos de los generales estadounidenses”.