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Londres y Wall Street no pueden sobrevivir hasta el 2020; por eso atacan a la dirigencia china que piensa en las décadas por venir

18 de diciembre de 2018
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El Presidente Donald J. Trump saludo en el momento en que él y la señora Trump descienden la escalinata para saludar a los invitados al Baile Congresional el sábado 15 de diciembre de 2018, en el Gran Vestíbulo de la Casa Blanca. (Foto oficial de la Casa Blanca por Andrea Hanks).

18 de diciembre de 2018 — Si vamos a tener éxito en reorientar al Presidente Donald Trump en su actual inconciencia del derrumbe financiero que se viene encima sobre Estados Unidos, se tienen que parar los ataques ultrajantes a China, en particular, provenientes de los neoconservadores de su gobierno y de los despistados “líderes” europeos.

Lo que empuja a esos personajes como el Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, a lanzarse como un apasionado Alcibíades en busca de una nueva “Trampa de Tucídides”, es ese mismo crac financiero que viene para tumbar a los megabancos de Londres y Wall Street junto con su orden “neoliberal”. Ellos no comparten la idea del Presidente Trump de que sea posible el progreso económico vigoroso ni la cooperación entre las superpotencias; solo los mueve el pesimismo de que Wall Street y la City de Londres enfrentan otro colapso y mucho más grande que cualquier otro. Pero la población de cada vez más naciones de Occidente se han levantado en contra de su orden neoliberal desde que votaron el referéndum por el Brexit a mediados de 2016.

Quizás lo que más muestra este pesimismo extremo sin futuro, es el psicótico ataque contra el Presidente Xi Jinping que difundió el canal de televisión público propiedad conjunta de los gobiernos de Francia y Alemania, (mal llamado) ARTE TV. Este disparate de un dizque “psicoanálisis a distancia” para calumniar a un dirigente cuyas propuestas para cooperar en el progreso económico común le han ganado el respeto de muchas naciones, solo muestra la bajeza a la que han llegado en su comportamiento los líderes putativos de las naciones de occidente, lo cual resultará suicida para las naciones que lo toleren.

El Presidente Xi, en especial en su diplomacia para llevar la Iniciativa de la Franja y la Ruta con sus grandes proyectos a África para su desarrollo, y la gradual erradicación de la pobreza rural allá, muestra claramente que está pensando en el futuro posible de la humanidad para el 2050 y más allá. Estos ataques estridentes contra Xi y contra la Nueva Ruta de la Seda, ocurren en el momento en que los mercados europeos del crédito están congelados, las bolsas de valores se hunden, los mercados de bienes raíces se reducen, y el crecimiento económico en Europa es negativo otra vez.

La “burbuja de todo” de los bancos transatlánticos va a estallar más pronto que tarde; de ahí su actitud hacia China y Rusia. El Presidente Trump piensa todavía que puede cooperar posiblemente con esas grandes potencias, tanto para establecer una paz duradera como para iniciar un desarrollo económico rápido, y piensa que el avance tecnológico de la humanidad no está bajo la bota del “cambio climático”.

Pero eso requiere una visión de largo plazo del progreso humano que el Presidente Trump no ha desarrollado todavía, o no dejaría que la calamidad financiera atrapara desprevenido e inconciente a Estados Unidos.

Se necesita, como lo destacó la presidente del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, la visión plena de 50 años de progreso humano que ha descrito Lyndon LaRouche en sus libros, tales como “Los próximos 50 años de la Tierra”. Y se necesita tomar medidas de inmediato, como el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall para levantar un muro en torno a la banca y la economía productiva contra el derrumbe de Londres y Wall Street.

Una idea de esa visión le posibilitaría a Trump repeler los ataques de los nuevos “guerreros fríos” en su contra, y colaborar con Xi, Putin y Modi de India para iniciar un nuevo orden monetario para sobrevivir; un Nuevo Bretton Woods.