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Pánico entre la oligarquía de que gane Trump en las elecciones. Saltan distracciones peligrosas por doquier.

28 de octubre de 2018
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El Presidente Trump congregó una multitud de masas en un mitin de campaña en el Centro Toyota de Houston, Texas, el 22 de octubre de 2018 (Donald J Trump/Facebook).

27 de octubre de 2018 — El Presidente Donald Trump está totalmente desplegado para garantizar que el “partido del juicio político” (conocido anteriormente como Partido Demócrata) no obtenga lo que quiere: tomar control del Congreso Federal para lanzar un juicio político en su contra. Ha realizado 12 concentraciones por todo el país en apoyo de los candidatos republicanos, repitiendo donde quiera que va que un voto por los demócratas este año es un voto en contra de él. Planea celebrar 10 concentraciones más en la recta final de las elecciones de medio período el 6 de noviembre. Aunque en sus primeros dos años muy ocasionalmente habló con la prensa, en las últimas tres semanas ha sostenido numerosas conferencias de prensa y entrevistas, totalmente seguro y decidido en su papel de Presidente. Las candidaturas independientes al Congreso respaldadas por LaRouchePAC, de Kesha Roger en Texas y Ron Wieczorek en Dakota del Sur, están movilizando a la población, sin importar su afiliación partidista, en defensa de la nación en contra del intento de golpe orquestado por los británicos, y organizando a la población estadounidense para que respalde la intención de Trump de establecer lazos de amistad y de paz con Rusia y China, y por el restablecimiento de las políticas del Sistema Americano en Estados Unidos, a la vez que le hacen un llamado a Trump para que se una al nuevo paradigma de desarrollo global representado por la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Los británicos y sus agentes en EU no están contentos. En el transcurso de la semana pasada hemos visto la “caravana” de personas provenientes de Honduras y Guatemala, abiertamente movilizadas y financiadas por las ONG de George Soros, que se dirigen hacia la frontera con Estados Unidos para tratar de forzar un enfrentamiento que se cree socavaría la resolución y el apoyo popular a Trump. Hasta los Presidentes de esas dos naciones empobrecidas han denunciado la operación como desestabilizadora de sus propios países y han creado un fondo de “Retorno Seguro” para convencer a los marchistas a que regresen a sus patrias. El Presidente electo de México Andrés Manuel López Obrador ofreció trabajos y visas de trabajo a los marchistas, si se quedan en México.

Y ahora tenemos la operación de envíos de bombas por paquetería, con bombas de tubos primitivas enviadas por correo a Obama, Hillary Clinton, a CNN y otros (¡hasta al mismo George Soros!) aunque armadas tan deficientemente que no tenían cómo explotar. El presidente de CNN, Jeff Zucker, culpó inmediatamente a Trump y su vocera de prensa Sarah Sanders, alegando que ¡sus ataques a la prensa constituyen una invitación a asesinatos terroristas! De hecho, Trump denunció en fuerte términos los actos criminales y prometió atrapar a los perpetradores. El Washington Post tituló sus ocho columnas: “En medio de comentarios incendiarios, los objetivos de las palabras de Trump se convierten en blancos de bombas”. También atacaron a quienes pusieron en tela de juicio las bombas, calificándolas como una posible operación de “falsa bandera”, del tipo que ahora se conoce ampliamente debido a los ataques falsos con armas químicas en Siria por parte de los terroristas Cascos Blancos.

El New York Times llegó al colmo de publicar una historia breve de una novelista británica de terror sobre un sicario ruso que con ayuda del Servicio Secreto de EU, asesina al Presidente Trump.

Estas acciones tienen el propósito de desestabilizar, pero hay un proceso en marcha que involucra a la humanidad en general, que no se puede detener fácilmente. La población de Gran Bretaña rechazó la dictadura de la Unión Europea, y ahora el mismo sentimiento ha llevado a la formación de un nuevo gobierno en Italia que está anteponiendo el bienestar y medios de vida de sus ciudadanos a los oligarcas no electos de Bruselas. La elección de Rodrigo Duterte en las Filipinas y de Donald Trump en EU, probaron la certeza del dicho de Abe Lincoln: no se puede engañar a toda la población todo el tiempo.

Lo que es más importante, ahora los ciudadanos en el mundo tienen más de una sola alternativa. La era de la dictadura del FMI donde “solo mis chicharrones truenan”, el “Consenso de Washington”, llegó a su fin, a pesar de que los dinosaurios se han negado a aceptar que han muerto hasta ahora. Por toda África, Asia e Iberoamérica están abrazando la Franja y la Ruta y cada vez en mayor medida también en Europa oriental y Europa occidental. Esto es lo que más temen los lores de la City de Londres y Wall Street. Cuando escucharon la semana pasada que Trump planeaba reunirse con Vladimir Putin en París, inmediatamente después de las elecciones, y que también planeaba reunirse con Xi Jiping a finales de noviembre en Argentina, desplegaron todos los caballos del rey y todos los hombres del rey para evitar esta afrenta a la división del mundo creada por el imperio británico, por ese presidente advenedizo en esa colonia secesionista al otro lado del Atlántico. ¡Pero “Humpty Dumpty” está a punto de sufrir una gran caída!

Es el poder de las ideas lo que ha creado este fermento de huelga de masas alrededor del mundo, ideas concebidas y puestas en marcha por Lyndon LaRouche en el medio siglo pasado, que encontraron resonancia en las mentes creativas en diversas naciones alrededor del mundo. Estas ideas se han inspirado en la rica cultura clásica de Platón y Schiller, la perspectiva confucionista de una sociedad en armonía, el concepto estadounidense de bienestar general, la chispa científica del Imperativo Extraterrestre de Krafft Ehricke, entre otros. Son estas ideas universales las que tienen que guiarnos en estos momentos decisivos para el futuro de la humanidad.