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La desesperada y falaz ofensiva de Robert Mueller contra Manafort y Cohen: es hora de organizar ya

22 de agosto de 2018
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Robert Swan Mueller y Hillary Rodham Clinton.

22 de agosto de 2018 — Quienes creyeron que ya se había ganado la guerra en contra de Robert Mueller y que se podían dar el lujo de quedarse en casa el día de las elecciones, martes 6 de noviembre, este martes 21 de agosto del 2018 debió haber sido un gran llamado de alerta, una buena patada en el trasero. Paul Manafort fue declarado culpable por un jurado de Alexandria, Virginia, de ocho casos de evasión fiscal y fraude bancario. El abogado personal de tiempo atrás de Trump, Michael Cohen, aceptó una admisión de culpabilidad esa misma tarde ante una variedad de fraudes fiscales y bancarios y también se declaró culpable de transgredir la Ley Federal sobre Campañas Electorales en dos acusaciones de pagos que él hizo bajo órdenes del candidato Trump para silenciar a dos mujeres que proclamaban haber tenido aventuras con Donald Trump. Aunque la prensa está desbocada celebrando y el grupo RESIST se regodea, solo hay una respuesta a esta cacería de brujas: salgamos de nuestras casas, activémonos, hagamos campaña con el programa de LaRouche para garantizar el futuro, movilicemos el voto que los va a dejar fríos el 6 de noviembre. Como hemos dicho, una y otra vez, el 6 de noviembre es un día definitivo para la historia de Estados Unidos. Con Donald Trump, las cosas son posibles. Si ganan los demócratas dementes, el futuro en verdad se torna muy gris. De nuevo volverían a primer plano, plenamente y con renovado vigor, los diversos horrores de los años de Bush y Obama y mucho peor.

Paul Manafort cometió un pecado capital cuando siguió apoyando a Viktor Yanukóvych en Ucrania en contra del golpe de Estado organizado por los neonazis, los británicos y los estadounidenses que llevó a la instalación en el poder de ese país a un gobierno corrupto títere, como parte de una operación de cambio de régimen dirigida directamente en contra de Vladimir Putin y Rusia. Desde entonces, se convirtió en un blanco de ataque, de la manera en que se atacan las debilidad de los objetivos, cuando alguien se atreve a cruzarse en el camino del arrogante poder imperial. Como dijo en una ocasión Lyndon LaRouche, hay realmente tres formas: sexo, familia o dinero, con los cuales se puede corromper a la gente; tres vehículos importantes para poner en una situación comprometida a personas que de otra forma serían gente decente y convertirlos en mentirosos o inventores de cuentos en contra de quienes apoyaban. Al estilo típico de Robert Mueller, los cargos eran extralimitados, sometieron a Manafort a 305 años de cárcel. Otras acusaciones, que involucran las mismas conductas, pero delitos diferentes, están programados para juicio en Washington, DC, el mes próximo.

Como comentó el juez federal T.S. Ellis, esta persecución solo tiene un propósito, aterrorizar a Manafort para que ‘suelte la sopa’ en contra de Trump en un intento desesperado por salvar su propio pellejo, enfrascarlo en actos desesperados en donde el testigo inventa lo que sea para salvarse, en vez de decir la verdad. Los cargos prosaicos de fraude fiscal y fraude bancario implican el tipo de cosas en el que están metidos muchos en la cultura de cabildeo en DC, con clientes extranjeros en localidades como Israel, naciones del Golfo y Arabia Saudita, para minimizar sus impuestos. Como han dicho muchos abogados familiarizados con este caso, es el tipo de delito que por lo general se arregla con multas o con sentencias de cárcel leves. La diferencia es que vienen siguiendo a Manafort desde el 2014, y se convirtió en una obsesión del fiscal en su intento por establecer su credibilidad recolectando algunos cueros cabelludos fáciles. El caso Manafort ya se había venido investigando antes y los abogados del Departamento de Justicia ya habían estado sobre el caso antes de que Robert Mueller se convirtiera en el fiscal especial; era el equivalente a tener mangos bajitos. El caso en Washington, DC, en contra de Manafort tiene que ver con una nueva invención y casi sin precedentes, de infracciones a la Ley de Registro de Agentes Extranjeros, lo cual por lo general son casos civiles. Mueller refirió a los otros cabilderos involucrados en las actividades de Manafort en Ucrania, entre ellos el hermano de John Podesta, Tony, a fiscales en el Distrito Sur de Nueva York, en donde muchos creen que le van a dar carpetazo a sus infracciones.

Los archivos del bufete jurídico de Michael Cohen fueron saqueados por agentes del FBI y fiscales del Distrito Sur de Nueva York en un allanamiento sorpresivo en abril, lo cual fue noticia nacional y puso a pensar a la mayoría de los individuos cuerdos en Estados Unidos sobre si ahora era seguro el confiarle cosas a su abogado. Al parecer Cohen se involucró en ciertas actividades muy dudosas que tienen que ver con su negocio de taxis y quiso explotar su relación anterior con el Presidente, después de que se acabó la campaña, para hacer toneladas y toneladas de dinero. Pero, de nuevo, no es por eso que los fiscales están realmente interesados en Cohen. El meollo aquí es que los abogados en el Distrito Sur de Nueva York, muchos de ellos muy enojados porque Trump despidió al antiguo fiscal federal Preet Bharara, quieren tener algo que ver en cercar al Presidente. Si Cohen iba a querer evadir años de prisión, iba a tener que salir con algo en contra de Trump.

Aterrorizado y ahora totalmente comprometido con su familia, Cohen contrató al abogado de Clinton, Lanny Davis, y ha estado anunciando a todos los vientos desde hace semanas que él quería llegar a algún arreglo. En su admisión de culpabilidad, Cohen respalda los alegatos lascivos y desagradables de la “actriz” porno y bailarina exótica, Stormy Daniels, y otra mujer, Karen McDougal, cuyos supuestos encuentros sexuales con Trump ocurrieron años atrás. Estas señoras, asesoradas por el abogado Michael Avenatti, una genuina escoria y ex subordinado de Rahm Emmanuel (parte del gobierno de Obama) y por los medios noticiosos, han estado dirigiendo una campaña de meses insistiendo en que Cohen les pago por su silencio utilizando dinero de la campaña, violando la Ley Federal sobre Campañas Electorales y que era un delito ordenado por Donald Trump.

La persecución de estos cargos por parte de un Departamento de Justicia fuera de control se produce después de que fracasaron completamente en un caso similar encabezado por el Departamento de Justicia en contra del ex candidato presidencial demócrata John Edwards. Edwards fue acusado de violaciones a la Ley Federal sobre Campañas Electorales por arreglar pagos para que se silenciara una aventura amorosa que tuvo. Un jurado en Carolina del Norte lo exoneró de todos los cargos, en lo que se consideró entonces como un abuso serio del poder de los fiscales.

Pongámosle fin a la cacería de brujas. Hagamos que los próximas días sean los nuestros.