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Un futuro compartido para la humanidad, libre del imperio británico

9 de agosto de 2018
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El Presidente Donald J. Trump y la reina Elizabeth II (invisible), el 13 de julio de 2018 (foto oficial de la Casa Blanca por Andrea Hanks).

9 de agosto de 2018 — El imperio británico quisiera que creyeses que ellos tienen totalmente el control de la situación estratégica actual, y que tienen la plena confianza de que su imperio durará otros mil años. ¿Será por eso que se han visto en la necesidad de:

* Tratar de cortar toda comunicación entre los Presidentes Trump y Putin?

* Tratar de inducir una guerra comercial y financiera total contra China y su Iniciativa de la Franja y la Ruta?

* Procurar sentar el precedente fascista de clausurar cualquier sitio electrónico y cuenta de twitter que les parezca objetable, para silenciar a la oposición?

* Tumbar gobiernos y enviar a la cárcel a los Presidentes, por cargos inventados de “corrupción” por medio de chantajes a testigos al estilo de J. Edgar Hoover?

* Asesinar ingenieros y científicos que son fundamentales en los esfuerzos de desarrollo de sus naciones?

* Y, más significativamente, mantener su maniobra desesperada para derrocar al gobierno de Trump por medio del retorcido e interminable cuento del “Rusiagate”?

Pero todo esto no es señal de fortaleza. Son señales de sobreesfuerzo y de exposición a la vista del público. El imperio británico es vulnerable.

En especial son vulnerables a la propagación del espíritu de la Nueva Ruta de la Seda por todo el planeta, y la claridad de pensamiento optimista y de propósito que fomenta. A esto se le debe sumar las soluciones que aporta de manera singular la ciencia de la economía física de LaRouche, como lo ejemplifica su programa de 2014 de las Cuatro Leyes Económicas. Todas y cada una de las culturas tiene que retomar sus mejores tradiciones clásicas; todas las poblaciones de cada una de las naciones tienen que elevar sus modo de pensar a este nivel.

Rusia y China han respondido a los desafíos y crisis que enfrentan con una planificación estratégica más profunda sobre las alternativas al actual sistema imperial moribundo, planes que toman en cuenta claramente la manera diferenciada en que entienden la situación política de Estados Unidos, en particular la batalla que está librando Trump para establecer relaciones mutuamente provechosas con sus países. De este modo, Putin y Trump siguen en diálogo a través de cartas y otros canales de comunicación, y Putin propone áreas concretas de cooperación sobre el control de armas nucleares. Y China sigue dejando en claro que la política de guerra comercial y financiera contra China no solo fracasará, sino que en realidad le saldrá el tiro por la culata a Estados Unidos y le será muy dañina a su interés nacional también.

El principio que está en juego, de “un futuro compartido para la humanidad”, es lo que presentó Lyndon LaRouche en la forma de sus Cuatro Leyes, de una alianza de Estados Unidos, China, Rusia e India, así como otras naciones, para derrotar al imperio británico en bancarrota y su visión pesimista (y anticientífica) del hombre, del universo y de Dios.