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La promesa de la cumbre Trump-Putin y el rol del Instituto Schiller

2 de julio de 2018
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Los Presidentes Trump y Putin en la cumbre de la APEC en novimebre de 2017. (Foto: em.kremlin.ru).

2 de julio de 2018 — El Presidente Donald Trump está en vías de convertirse en el más grande “Presidente de la paz” en la historia de su país. Dos de los conflictos más álgidos, cuidadosamente fomentados por el imperio británico y sus piezas en Estados Unidos para que siguieran como conflictos permanentes, supuestamente sin ninguna posibilidad de resolución (conflictos creados con el propósito de forzar a todas las naciones del planeta a “tomar bando”) están ahora en vías de solución. Corea, y toda el Asia, se ha unido en torno a la valerosa cumbre de Trump con Kim Jong-un, y el próximo 16 de julio, los Presidentes Trump y Vladimir Putin de Rusia se sentarán juntos con el propósito (entre otras cosas) de terminar la guerra en Siria, que es por ahora el centro del proceso de “guerra permanente” en el sudoeste de Asia que desataron los Presidentes Bush y Obama, a nombre de la geopolítica del imperio británico de “dividir y conquistar”.

Hay muchas ironías en todo esto. En todo Estados Unidos, la izquierda liberal, considerada históricamente como la facción de la “paz” en Estados Unidos, servilmente ahora siguen la histeria dirigida por los británicos en contra de Trump, y exigen su salida, le dicen “fascista” y “racista”, y piden por todos lados que se hostigue día y noche a quienes trabajan con él o que lo apoyan, que se hostigue a sus hijos en sus escuelas, y así por el estilo. Quizás algunos de esos necios desorientados crean que esto tiene algo que ver con la política de Trump hacia la inmigración, porque eso es lo único de lo que quieren hablar. Pero los mismos británicos no esconden la verdad: están aterrados de que el Presidente Trump esté comprometido a romper de una vez por todas con la mentada “relación especial”, que no es más que un eufemismo para calificar la sumisión de Estados Unidos a la City de Londres y a los lores del imperio, para que adopte el dogma mortífero de “libre comercio” de Adam Smith (contra lo cual se luchó la Revolución Americana) y para que sirva como el “gigante idiota” en las guerras coloniales de Londres, un proceso que comenzó con el asesinato de John F. Kennedy a manos de los británicos, y del hundimiento en la guerra colonial genocida en Indochina. Esa política se continuó al presente con las guerras de Bush y de Obama en el sudoeste de Asia. Y ahora que Trump se prepara para asistir a la cumbre de la OTAN y visitar al Reino Unido antes de la reunión con Putin en Helsinki, los lores de Londres están aterrados de que Trump no acepte la movilización para la guerra contra Rusia que piden los dinosaurios de la OTAN, del mismo modo en el que ya rechazó el paradigma de libre comercio que querían imponer la reunión del G7 en junio pasado.

Trabajando codo a codo con Xi Jinping de China y Vladimir Putin de Rusia, Trump ha declarado el fin de la demencia de los “cambios de régimen” y de la guerra permanente. Él ha expresado abiertamente su deseo de sacar a las tropas estadounidenses de Corea, fuera de Siria, y fuera de Europa, para terminar con el papel de policía del imperio británico. Y como lo ha insistido Lyndon LaRouche desde el crac financiero de 2008, la única base posible para impedir el derrumbe desastroso del sistema monetario occidental es que Estados Unidos colabore con Rusia, China e India (a lo que LaRouche llama las Cuatro Potencias) para crear un sistema financiero totalmente nuevo para la nueva era de relaciones entre las naciones. La semilla para ese nuevo paradigma ya existe en la Nueva Ruta de la Seda y en los varios bancos de inversión asociados con la Nueva Ruta de la Seda, los cuales atienden las necesidades reales de desarrollo de las naciones del mundo, sin “condicionalidades” relacionadas con sus sistemas políticos soberanos.

Mientras que el pueblo estadounidense recibe una dieta diaria constante y sistemática de mentiras en la prensa y todos los medios dominantes contra Trump, contra Rusia y contra China, el Instituto Schiller auspició este fin de semana pasado una conferencia internacional en Francfort, Alemania, con el tema de “La urgente necesidad de una Nuevo Paradigma en las relaciones internacionales: Un orden de paz basado en el desarrollo de las naciones”. La conferencia de dos días escucho a la fundadora del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, y a destacadas personalidades de gobiernos e instituciones sociales de Estados Unidos, varios países de Europa oriental y occidental, varias naciones de África y del sudoeste de Asia, de Rusia y de China. Las ideas que lanzó Lyndon LaRouche en los últimos 50 años se están poniendo en práctica ahora, aglutinando a la gente de buena voluntad, con el valor de ser francos sobre el peligro de la civilización misma bajo el viejo orden imperial, pero inspirados en la lucha por la visión de una humanidad dedicada a elevar a todas las naciones y a todos los pueblos del mundo a una vida propia de la dignidad de los seres humanos. En los próximos números de EIR en línea se publicará la transcripción de las ponencias de todos los participantes.

La responsabilidad por el número creciente de almas que se han unido a Lyndon LaRouche en este noble esfuerzo es verdaderamente grande. La historia juzgará este momento como el punto en que se se inició un nuevo renacimiento para toda la humanidad, o si no, como dijo Schiller sobre la Revolución Francesa, “un gran momento que ha encontrado una gente pequeña”. Debemos todos que lidiar con ideas “pesadas”, y actuar con todo el potencial creativo que se nos ha concedido, como derecho de nacimiento en tanto seres humanos.