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12 de junio de 2018: Brilla en toda su gloria el espíritu de la Nueva Ruta de la Seda

14 de junio de 2018
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El Presidente Donald J. Trump con el mandatario de Corea del Norte, Kim Jong Un, el 12 de junio de 2018 (Foto oficial de la Casa Blanca, por Shealah Craighead).

12 de junio de 2018 — Este día será recordado en la historia, no solo por los logros extraordinarios que alcanzaron en Corea, Donald Trump, Kim Jong-un, Moon Jae-in, Xi Jinping, Shinzo Abe y Vladimir Putin, sino también porque el “espíritu de la Nueva Ruta de la Seda” dio otro paso gigantesco adelante hacia la paz y el desarrollo en el mundo entero.

La Declaración Conjunta firmada y dada a conocer por el Presidente Kim y el Presidente Trump establece claramente que la nueva relación entre los Estados Unidos y la República Popular Democrática de Corea “contribuirá a la paz y la prosperidad de la península coreana y del mundo”. En conferencia de prensa después de la Cumbre, el Presidente Trump habló profundamente sobre la transformación que está ocurriendo en el mundo entero. Empezó diciendo: “Estoy aquí ante ustedes como representante de Estados Unidos para entregar un mensaje de esperanza y visión, y un mensaje de paz”. Dijo que el éxito de la cumbre probaba que un “cambio real es en verdad posible”; que “el pasado no tiene que definir el futuro”; que “cualquiera puede hacer la guerra, pero solo los más valientes pueden hacer la paz”. Concluyó, correctamente, que “es un momento muy grande en la historia del mundo”.

Alrededor del mundo se ha notado que este acontecimiento histórico en Singapur y la reunión, igual de transformadora, de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS) que tuvo lugar el fin de semana en Qingdao, muestran un marcado contraste con el caos de la reunión del G7 en Quebec, en donde Trump declaró que Putin debería de formar parte de las discusiones, si se quisiera lograr algo productivo. El Primer Ministro de Italia, recientemente electo, Giuseppe Conte, respaldó totalmente a Trump, a la vez que Shinzo Abe de Japón se ha negado también a unirse al ataque a Rusia, y está trabajando estrechamente con el Presidente Putin en proyectos de desarrollo conjuntos. Lo que queda del G7 (Francia, Alemania, Canadá y el Reino Unido) pudiera terminar siendo el G4, si no rompen con la campaña desesperada del imperio británico para mantener la división del mundo entre Oriente y Occidente.

La historia se está haciendo en Asia, no en las decrépitas economías y culturas decadentes de Occidente. El aprecio que tiene Trump por China y Rusia refleja su reconocimiento de que, trabajando juntos, se pueden lograr grandes cambios en beneficio de la humanidad en su conjunto, y que el mismo Estados Unidos no va a poder recuperar su antigua grandeza a menos que formen parte del Espíritu de la Nueva Ruta de la Seda, como lo describió Helga Zepp-LaRouche. Este espíritu es contagioso, inspira un optimismo cultural, y muestra un marcado contraste al pesimismo cultural que ha venido infectando cada vez más a Europa y a Estados Unidos en los últimos cincuenta años.

La señora LaRouche, después de ver la conferencia de prensa de Trump en Singapur, observó que Trump se negó a caer en las provocaciones histéricas y bélicas de los medios de comunicación occidentales, y que por el contrario mostró una total confianza en que el nuevo paradigma por la paz a través del desarrollo, es tanto posible como necesario. Es por esto por lo que han estado luchando Lyndon LaRouche y este movimiento en los últimos cincuenta años. Es una era de transformaciones históricas, un cambio de fase en la topología del desarrollo humano, en donde las acciones de un solo individuo pueden cambiar el mundo. No es tiempo de sentarse a ver los toros desde las barreras. Debemos decirle a la población que es tiempo de unirse al movimiento de LaRouche, para llevar el espíritu de la Nueva Ruta de la Seda a toda la humanidad.