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El mundo está dispuesto en el umbral de un nuevo orden de paz y desarrollo

4 de junio de 2018
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El secretario de Estado de EU, Mike Pompeo, brinda con el vicepresidente del Comité Central de la República Democrática Popular de Corea, Kim Yong Chol, en una cena de trabajo en la Ciudad de Nueva York, el 30 de mayo de 2018 (Foto del Departamento de Estado / Dominio público).

4 de junio de 2018 -- Tenemos a la vista en este momento una transformación verdaderamente espectacular en la historia de la humanidad, en el futuro próximo, si los ciudadanos del mundo tienen el valor de aprovechar la oportunidad. Este momento nos recuerda el famoso epigrama de Federico Schiller titulado “El momento”, donde reflexiona sobre los resultados de la revolución francesa:

Una época trascendente había generado el siglo,
pero el gran momento se encontró con gente muy pequeña”
.

¿Puede la especie humana elevarse hoy a la grandeza del momento?

El Espíritu de la Nueva Ruta de la Seda, un proceso que iniciaron Lyndon y Helga LaRouche en la década de 1990 y que ha sido adoptado enérgicamente por el Presidente Xi Jinping de China desde hace cinco años, ha generado este gran momento, junto con la histórica revuelta de la población en Estados Unidos y en Europa en contra de la decadencia cultural y económica que engloba al mundo occidental. Esto se refleja en el Brexit, en la elección de Trump, en las recientes elecciones en Italia y revueltas similares en otras partes.

Hoy en día, la división del mundo en bloques geopolíticos (el meollo de la habilidad del imperio británico para mantener el poder de la oligarquía financiera de la City de Londres y Wall Street) se derrumba ante nuestros ojos. El Presidente Donald Trump ha iniciado un proceso de paz y desarrollo en la península coreana, en colaboración estrecha de China, Rusia y Japón. Luego, el embajador de Estados Unidos en Rusia, Jon Huntsman, anunció que la urgentemente necesaria cumbre entre Trump y el Presidente Vladimir Putin de Rusia, finalmente se ha comenzado a organizar, con un programa para resolver las zonas de conflicto que quedan por resolver en el Suroeste de Asia y en Europa oriental, en especial Siria y Ucrania. En todos esos puntos de conflicto, el éxito depende completamente de que todas las partes involucradas escuchen las sabias palabras de Lyndon LaRouche, de poner en marcha de inmediato un proceso de desarrollo, desde el comienzo, como condición necesaria para lograr cualquier acuerdo político. Esa es la premisa de la Nueva Ruta de la Seda, la convicción de que todos ganan, en las metas comunes y en los derechos comunes a todos los pueblos, creando la paz mediante el desarrollo.

En su discurso inaugural del Diálogo Sangri-La que se llevó a cabo en Singapur el pasado viernes 1º, el primer ministro de India Narendra Modi, dejó claro que India será parte de este enfoque de ganar-ganar, con su apasionado exhorto a las naciones de Asia, y a todas las naciones del mundo, a terminar con las “rivalidades entre las grandes potencias”, porque en sus palabras, “una Asia de rivalidad nos frenara. Una Asia de cooperación forjará este siglo”.

El embajador Huntsman le dijo al programa dominical “Fox and Friends”, cuando le preguntaron sobre los planes para la cumbre entre Putin y Trump, que “ambas partes la ven favorablemente para que suceda”, y que “es inconcebible que se piense que se puede resolver la situación del Medio Oriente sin que Estados Unidos y Rusia se encarguen de solucionar ese nido de avispas que es el problema llamado Siria. Y es inconcebible que se pueda abordar racionalmente la estabilidad estratégica y las armas nucleares cuando nuestros dos países poseen el 90% de las armas nucleares del mundo. El aislamiento no resuelve las cosas. Se resuelven reuniéndose”.

Trump está tomando medidas audaces. El fraude del Rusiagate se sigue desmoronando, en la medida en que la divulgación que ha hecho la organización de LaRouche sobre el papel británico en el intento de golpe contra el Presidente de Estados Unidos, es ahora un tema central incluso en la prensa vendida. Los actores cómplices de los británicos dentro de la comunidad de inteligencia del gobierno de Obama enfrentan ahora posibles imputaciones penales, y en su estado de pánico se exponen aún más ellos mismos. El director de Inteligencia Nacional de Obama, James Clapper, se jactó flagrantemente en el noticiero de Bloomberg News el sábado 2 de junio, de que él y otros “manipularon” elecciones en el extranjero y “derrocaron gobiernos” a cada rato, pero que eso estuvo muy bien hecho porque “se hizo tomando en cuenta el mejor de los intereses del pueblo de esos países, dada la tradicional reverencia por los derechos humanos”. La historia tomará en cuenta los “derechos humanos” que le ofreció la pandilla angloamericana al pueblo de Vietnam, al de Iraq, de Libia y de Siria, entre otros. Es precisamente esa mentalidad de “cambio de régimen” (el nuevo término que le da el imperio británico a su geopolítica) lo que ha rechazado Trump y lo cual es la causa principal del intento británico en pánico por destruirlo.

El nuevo paradigma que está naciendo enfrente el peligro del rápido deterioro del sistema financiero occidental. El sector europeo del sistema enfrenta la revuelta de Italia, donde su población se niega a seguirlo sosteniendo a costa de la austeridad genocida; enfrenta también la crisis del Deutsche Bank, cuyo desplome puede arrastrar a todos los demás; y enfrenta muchos otros detonantes que podrían desatar el desplome de la burbuja de los derivados financieros, que puede derribar a todo el edificio. En cuanto Trump se libere del complot británico para derrocarlo, debe actuar rápidamente para instrumentar una reforma hamiltoniana del sistema financiero, tal como lo proponen las Cuatro Leyes de LaRouche, para hacer posible que la nación participe y contribuya en el proceso de desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda, que se desenvuelve a través de todo el mundo.