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Putin asesta un nuevo shock “Sputnik”. “Ahora si nos van a escuchar”

5 de marzo de 2018
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El Presidente de Rusia, Vladimir Putin, en su informe a la nación ante la Asamblea Federal de Rusia, el 1 de marzo de 2018, Moscú (Foto: en.kremlin.ru).

5 de marzo de 2018 – El siguiente artículo de Helga Zepp-LaRouche se publicó en EIR esta semana.

En una atmosfera transatlántica cargada de histeria en contra de Rusia y China, que solo se puede entender como propaganda de preguerra, el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, dejó caer una bomba en su informe anual a la nación, con lo cual redefinió el equilibrio estratégico global.

Putin anunció que las fuerzas armadas rusas tienen armas que funcionan en base a nuevos principios físicos, entre ellas un nuevo misil balístico intercontinental “Avangard” que puede volar a 20 veces la velocidad del sonido y con una capacidad de maniobra excelente. Por lo tanto, puede superar tácticamente todos los sistemas de defensa antiaéreos y los sistemas antimisiles con lo cual los hace obsoletos.

Estos sistemas nuevos, como los misiles crucero con propulsión nuclear, drones submarinos rápidos y armas de láser, fue la respuesta de Rusia a la terminación unilateral que hizo Estados Unidos en 2002 del Tratado ABM (contra misiles balísticos) cuando inició la instalación de los sistemas globales de defensa antimisiles. Desde entonces, todas las negociaciones que intentó Rusia cayeron en oídos sordos. “No nos escucharon. ¡Ahora sí nos van a escuchar!”, señaló Putin.

La respuesta de los medios noticiosos y de los políticos occidentales ha sido muy diversa, desde tratar de ridiculizar las aseveraciones de Putin como algo imposible técnicamente, tachándolas de mera bravata electoral, hasta la manifestación de preocupación ante una nueva carrera armamentista; ¡como si no hubiera ya una carrera armamentista desde hace tiempo, debido a la expansión de la OTAN hacia el este!

Todas esas respuesta reflejan una vez más el hecho de que los adherentes al dogma neoliberal solo pueden ver al mundo a través de sus lentes geopolíticos cóncavos. Obviamente subestiman las capacidades científicas militares de Rusia, de la misma manera que subestimaron la dinámica de la Nueva Ruta de la Seda de China por años.

En realidad, lo que estamos viviendo es un cambio de época. El período de casi 600 años que va desde el Renacimiento Italiano y el surgimiento del Estado nacional soberano, durante el cual han convivido lado a lado formas de gobierno oligárquico junto a formas de gobierno comprometidas al bien común; esa época está llegando a su fin. El nuevo paradigma, una nueva fase en la evolución humana, ya es visible. La aproximación más cercana a esto es la visión de Ji Xinping de una comunidad de destino común, el concepto de que la idea de “una humanidad” engloba a todas las naciones. El equivalente económico de esta idea es la Nueva Ruta de la Seda, en la cual todas las naciones soberanas trabajan juntas sobre la base de una cooperación para el beneficio mutuo.

Lo que vivimos actualmente, con todas esas acusaciones sin pruebas de “hackeo ruso”, “interferencia en las elecciones democráticas”, de “hegemonía china”, “amenazas al sistema de democracia occidental y derechos humanos por parte de sistemas autoritarios”, etc., no son más que el último respiro de un sistema oligárquico moribundo. El próximo derrumbe financiero de este sistema —el cual ha abierto la brecha entre ricos y pobres y cuya política de guerra permanente nos ha traído la crisis de refugiados y la epidemia de violencia entre los jóvenes y en la mentada industria del entretenimiento— será mucho peor que el de 2008.

Ya es hora de que la gente racional, reflexione. Debemos aprovechar este nuevo shock tipo Sputnik y hacer lo que dijo Putin en su discurso: “Sentémonos en la mesa de negociaciones y trabajemos juntos para diseñar un nuevo sistema pertinente de seguridad internacional y desarrollo sostenido para toda la civilización humana”.

La especie humana es la única especie creativa que conozcamos. Lo que nos coloca aparte de todos los demás seres es la capacidad de la mente humana para descubrir de manera continua principios cualitativamente nuevos del universo físico y aplicarlos al proceso de producción, mejorando de este modo los niveles de vida, la productividad y la esperanza de vida de la humanidad. Hemos llegado a un punto de la historia en que podemos y debemos realizar nuestra identidad en tanto especie planetaria, que sea capaz colectivamente de garantizar su supervivencia en el largo plazo.