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La pelea para acabar con el Rusiagate, no es un espectáculo deportivo; tienes que intervenir para derrotarlo

6 de febrero de 2018
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El Presidente Donald J. Trump firma la H.R. 195 ( Federal Register Printing Savings Act of 2017, que incluye la Extensión de Asignaciones Continuas de 2018), 22 de enero de 2018 (Foto oficial de la Casa Blanca por Joyce N. Boghosian)

5 de febrero de 2018 — Estados Unidos se encuentra en un punto de inflexión en su batalla “interna” de décadas contra la utilización que hace la inteligencia británica de las agencias de inteligencia estadounidenses para controlar y chantajear a los Presidentes. También se encuentra en una encrucijada en su política exterior, que puede conducir al mundo hacia una guerra de confrontación termonuclear inminente, a hacia un nuevo paradigma de cooperación entre las grandes potencias para terminar con las guerras regionales, y para construir grandes obras de infraestructura para conquistar la pobreza y derrotar al terrorismo internacional.

Los dos puntos de inflexión tienen el mismo objetivo: combatir la geopolítica británica. El prolongado intento de golpe contra este Presidente estadounidense, el escándalo del “Rusiagate” –-en el que la ola podría voltearse— lo impuso en Washington el jefe de la inteligencia extranjera británica, MI6, hace ya casi dos años. Se desató con el infame “expediente” elaborado por los británicos, cuyo uso indebido ha quedado expuesto en el memorando de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes. Tenía el propósito de chantajear a Estados Unidos en la política exterior que se le permitiría ejecutar a su Presidente.

El 25 de enero, el Real Instituto de Asuntos Internacionales británico (RIIA, en sus siglas en inglés), emitió las instrucciones a Estados Unidos para “ver a Rusia como una amenaza”, y declaró que “hacer un gran pacto” de cooperación con Rusia, por ejemplo, en contra del terrorismo internacional, “significaría aceptar implícitamente que el actual orden mundial ya no es funcional”. El RIIA no lo podría haber puesto de manera más clara. El orden mundial geopolítico británico depende de la confrontación entre Estados Unidos y Rusia. El ultimátum al Presidente electo Donald Trump se lo dieron los jefes de las agencias de inteligencia de Obama en la reunión del 6 de enero de 2017 en la Torre Trump: Si no enfrentas y atacas a Rusia y a China, vamos a hacer de ti un escándalo con este expediente británico, y te vamos a sacar del cargo.

Ese es su acto criminal, realmente traidor, que ahora ha quedado expuesto. El mundo vive con sus consecuencias, sin embargo, en la amenaza creciente de una guerra termonuclear real, y vamos a vivir con eso, a menos que acabemos definitivamente con esa conspiración de inteligencia británica.

Algunos representantes del Congreso han pedido ahora el paso siguiente: una investigación penal y proceso judicial a los funcionarios de inteligencia que actuaron para bloquear y descalificar al Presidente Trump en la Presidencia, única y exclusivamente debido a su propuesta política hacia Rusia. El presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara, Devin Nunes, calificó la conspiración contra Trump como “algo que sucede en las repúblicas bananeras”.

Hace mucho tiempo que no hay realmente repúblicas bananeras en Sudamérica, sino solo repúblicas que cooperan con China y con el BRICS de manera exitosa para convertirse en repúblicas industriales y científicas. En otras palabras, transgreden el orden geopolítico mundial británico. Y los Presidentes y ex Presidentes de esas repúblicas — Lula da Silva y Dilma Rousseff de Brasil, Cristina Fernández de Kirchner de Argentina y Rafael Correa de Ecuador— han sido también objeto de golpes de Estado y de escándalos del mismo modo en que se pretende tumbar a Trump, y por la misma gente del FBI y de la CIA, encabezados por Robert Mueller, James Comey, y demás personajes.

Hace 30 años, cuando Robert Mueller era fiscal federal en Boston, dirigió la persecución ilegal para tratar de eliminar a Lyndon LaRouche como dirigente político. En 1984 LaRouche estaba desafiando al orden geopolítico mundial británico como nadie más. Había influido en Ronald Reagan para que le ofreciera a Rusia la cooperación en la defensa contra misiles en la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), y estaba promoviendo grandes proyectos de infraestructura y proponiendo bancos de desarrollo internacional para difundir las tecnologías revolucionarias de la IDE para la industria en todo el mundo.

Muchos dirigentes republicanos están combatiendo ahora el ataque contra el Presidente Trump, que se originó desde la inteligencia británica, pero al mismo tiempo están promoviendo el plan británico de provocar confrontaciones con Rusia y China. Como lo observó recientemente el presidente de la bien conocida Conferencia de Seguridad de Munich, el Congreso está obstaculizando al Presidente Trump para que mejore urgentemente las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.

El pueblo estadounidense, y sus dirigentes de base, tienen que intervenir para salvar a la nación, aprovechando las elecciones de 2018 para el Congreso.

Se necesita la reinstitución coordinada de la separación bancaria que regulaba la ley Glass-Steagall en Estados Unidos y en toda Europa, antes de que Londres y Wall Street lleven las economías transatlánticas a otro derrumbe peor que cualquier otro.

Se necesitan acuerdos internacionales para construir la nueva infraestructura fundamental en todo el mundo, y aceptar el liderato de China en la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Estados Unidos mismo tiene un déficit enorme en infraestructura económica urgente, y necesita crear instituciones nacionales de crédito para participar; una nueva Corporación Financiera de Reconstrucción como la de Roosevelt, o un nuevo Banco Nacional como el de Hamilton.

Y podemos llevar a cabo un acuerdo internacional para desarrollar nuevas tecnologías de defensa que sí funcionan en contra de los misiles termonucleares. Se ha confirmado recientemente [ver “The British Sabotaged the Second Try for an SDI with Russia” (Los británicos sabotearon el segundo intento de la IDE con Rusia) en el boletín diario EIR Daily Alert, del 23 de enero de 2018] que desde hace 25 años Rusia ha estado preparada para reanudar la IDE de Reagan, con Estados Unidos, para desarrollar verdaderas defensas contra misiles y nuevas tecnologías, pero Gran Bretaña se ha opuesto obcecadamente a ello.

La forma de intervenir es uniéndose a la movilización del Comité de Acción Política de LaRouche para que en las elecciones del 2018 se incorporen las “Cuatro Leyes Económicas”.