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El fraude del Rusiagate hace implosión pero los neoconservadores están empecinados en la guerra

24 de enero de 2018
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"Confabulados golpistas en acción". (La foto se tómo realmente después del bombazo de Boston bombings. Foto de la Casa Blanca).

24 de enero de 2018 — No debe malentenderse que de alguna manera los dos cursos contradictorio en los acontecimientos de lo que está sucediendo ahora en Estados Unidos, son solamente una mera coincidencia.

Por un lado, la campaña de dos años para detener a Donald Trump, el llamado “Rusiagate” orquestado por el agente de la inteligencia británica Christopher Steele y sus agentes dentro de la comunidad de inteligencia de Obama, está a punto de derrumbarse. Las acciones abiertamente criminales llevadas a cabo por esta camarilla de conspiradores están ahora al descubierto, y muchos de ellos podrían terminar en la cárcel. A Peter Strzok, quien encabezó buena parte de la investigación sobre Rusia en el FBI y fue parte del grupo operativo del “Rusiagate” de Robert Mueller, lo pescaron jactándose en mensajes de texto a su amante (y compañera en la agencia del FBI) sobre una “sociedad secreta” para derrocar a Trump, inmediatamente después de las elecciones. También quedó al descubierto que Strzok expresó su creencia de que las acusaciones sobre colusión con Rusa no tenían ningún fondo, incluso en el momento en el que se integraba a la cacería de brujas de Mueller.

Por otro lado, los halcones neoconservadores en ambas fracciones partidistas, y en Londres, e incluso dentro del círculo íntimo de Trump, han lanzado un grito estridente de preparativos de guerra en contra de las falaces “amenazas” de Rusia y China. Los chinos han tomado nota del peligro, en tanto que los rusos han tomado más que nota. Hay muchas advertencias provenientes de diversas partes de las instituciones rusas en el sentido de que parece que Occidente se ha vuelto loco, que a pesar de los llamados claros y constantes de Trump a favor de relaciones pacíficas y amistosas con Rusia, la campaña hacia una guerra se aproxima rápidamente al punto de no retorno.

En la Cumbre Económica Mundial Davos, que se inauguró ayer, Andrei Kostin, director ejecutivo del VTB, uno de los principales bancos de Rusia, le dijo al Financial Times que su mayor preocupación era la peligrosa situación creada por la concentración de armas de la OTAN en Europa, que arriesgaba que ocurriera “un accidente” entre fuerzas de la OTAN y de Rusia. “Estamos al inicio de una nueva carrera armamentista” dijo Kostin. “La OTAN está pidiendo más armamento y diseminando más armamento por toda Europa, y Rusia va a tomar represalias de la misma manera, absolutamente”. El ex Secretario de la Defensa de EU, William Perry, planteó lo mismo, que la postura de “lanzamiento a primera orden” y la concentración militar temeraria de Estados Unidos, tanto en Europa como en el Pacífico, han llevado al mundo más cerca de la guerra que nunca antes en el período de la Guerra Fría.

Kostin lanzó otra advertencia, en vista de las amenazas del Congreso de EU, de imponer más sanciones a Rusia: “Personalmente yo diría que cualquier sanción económica en contra de las instituciones, sería como una declaración de guerra. Yo no veo razón para que el embajador ruso se tuviera que quedar por más tiempo en Washington después de esto, o para que el embajador estadounidense se quedara a nadar en las aguas frías de Moscú. Yo creo que es una situación ‘peor que la guerra fría’ y eso es algo muy peligroso. Y yo creo que el Congreso está jugando con fuego, porque las relaciones van de mal en peor y nosotros no somos responsables de esto”.

Solo hay una forma de ponerle fin a esta locura. Tenemos que quitarle la venda de los ojos a las poblaciones estadounidense y europea y especialmente a sus dirigentes. El nuevo paradigma para la humanidad, propuesto hace tiempo por Lyndon y Helga LaRouche, ya no es solo una simple visión del futuro; está aquí, frente a nosotros, con la Nueva Ruta de la Seda que ya está transformando a la mayoría de las naciones del mundo, en Asia, en África, en Iberoamérica e incluso en partes de Europa y de Estados Unidos. Querer adjudicarle una intención maligna a esta transformación, que depende de una colaboración estrecha entre China y Rusia en asuntos tanto económicos como estratégicos, no es más que locura pura. No hay nada que le impida a las naciones occidentales participar plenamente de esta nueva organización de las relaciones mundiales, no para ser reemplazados por las potencias en ascenso como potencias dominantes (como lo ven los geopolíticos auténticos creyentes en un mundo unipolar), sino como socios con plenos derechos en una asociación de naciones soberanas comprometidas con una perspectiva común, a favor de un mejor destino para la humanidad.

La denuncia del Comité de Acción Política de LaRouche, de que el “Rusiagate” orquestado por los británicos es un intento de golpe en contra del gobierno de Estados Unidos, es ahora totalmente del dominio público, pero los señores financieros de la City de Londres y de Wall Street prefieren la guerra, antes de aceptar el fin de su dominio imperial. Esta pelea se puede ganar, pero la desesperación de la especie en extinción conocida como oligarquía, deja poco tiempo para lograr esta gran transformación. Es hora de que las almas buenas actúen.