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Trump enfrenta un crac financiero si no se une a la Nueva Ruta de la Seda

8 de enero de 2018
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El Presidente Donald J. Trump caminando por la columnata oeste de la Casa Blanca; 3 de enero de 2018.

8 de enero de 2018 — El gobierno del Presidente Donald Trump no puede perder más oportunidades, si quiere llevar a cabo el propósito por el cual, sobre todo lo demás, los estadounidenses lo eligieron: sacar a Estados Unidos de las guerras foráneas permanentes, y reconstruir la industria y la infraestructura del país.

Si el gran recorte fiscal que se le concedió a las grandes corporaciones es todo lo que tiene el gobierno de Trump como política económica, entonces el Presidente y la nación entera enfrentan un crac financiero próximo, y otra “Gran Recesión” —como le dicen luego— mucho peor que la última. La enorme burbuja de la deuda corporativa y n las acciones de la bolsa de valores que se ha creado ya con el dinero gratis que les entregó el banco central por décadas, ahora rodeada por lo que los observadores le llaman “la burbuja de todo”, de otras categorías de deuda a punto de estallar, no pueden soportar el mínimo aumento de las tasas de interés próximo. Los recortes en los impuestos a las corporaciones no las van a salvar, sino que las va a inflar más rápido hasta que estallen. Los megabancos de Wall Street y de Londres andan tratando de bursatilizar esa deuda para deshacerse de ella; andan haciendo paquetes de esas deudas individuales y luego las venden –-al que se deje— porque saben que son incobrables. La bursatilización de las deudas (deuda chatarra corporativa, deudas de consumo por compras de automóviles, deudas estudiantiles, tarjetas de crédito, etc.) de los bancos de Estados Unidos creció en $1.1 billones de dólares, o sea un 25%, tan solo en el año 2017.

La Casa Blanca y el Congreso, tienen que desafiar de plano todos los cuentos chismosos sobre la Ley Glass Steagall que difunde Wall Street, y reinstituir dicha ley de inmediato, para aislar a la banca comercial de este casino de especulación antes de estalle. Y poner el crédito federal productivo en las inversiones para nueva infraestructura y los motores científicos de la economía, para reconstruir la productividad y generar empleos productivos y bien pagados.

Pero hay un problema. Esta reunión presidencial del fin de semana pasado en Camp David con la dirigencia republicana, se suponía que estaría centrada en el plan de infraestructura por un billón de dólares, pero parece que hubo muy poca discusión y nada de avance. Lo que surgió fueron tonterías desesperadas, como esa necedad de utilizar los $2,000 millones de dólares de la ayuda que se le canceló a Pakistán, para construir caminos y puentes, lo cual más bien sugiere que la Casa Blanca no tiene ninguna idea en absoluto sobre como se podría generar un presupuesto de capital para infraestructura, o como financiarlo. Incluso la ayuda para la reconstrucción de los desastres ocurridos en los estados y territorios devastados por los huracanes (que implica la construcción de infraestructura fundamental para generación de energía y control de tormentas) se ha detenido sin hacer nada por casi tres meses.

Sin embargo, el gobernador de Virginia Occidental, cuando de su informe anual el próximo miércoles 10, va a tener mucho que decir sobre el compromiso de largo plazo por $80 mil millones de dólares en inversión industrial que tiene de una compañía china respaldada por un banco estatal de China. El gobernador de Maryland, también hablará del estudio de factibilidad para construir una línea de levitación magnética desde Baltimore a Washington, y para eso tiene un compromiso de Japón por $5 mil millones. ¿Cuál es el misterioso secreto?

No hay ninguno. Más bien, lo que hay es la invitación de China a Estados Unidos a participar en una cooperación en la que todos ganan en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, para emprender grandes proyectos de infraestructura; y también el propósito de Japón para “competir” cada vez más en el empleo de sus grandes capacidades de ingeniería para infraestructura dentro de su país y en otros países, en algunos casos junto con China. Para desarrollar reactores nucleares de tecnología de punta, Rusia y Corea del Sur están haciendo lo mismo.

Y tenemos los métodos del secretario del Tesoro Alexander Hamilton para generar crédito para nueva infraestructura y tecnología manufacturera, lo cual está planteada en la forma del siglo 21 por Lyndon LaRouche. Tanto China como Japón emplean estos métodos de crédito nacional. El ofrecimiento para unirse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta está ahí, echa por el buen amigo del Presidente Trump, el Presidente Xi Jinping de China. Esto se explica con todo el detalle necesario en el folleto de LaRouchePAC America’s Future on the New Silk Road (El futuro de Estados Unidos en la Nueva Ruta de la Seda), el folleto sobre las “Cuatro Leyes” económicas de LaRouche que se está distribuyendo en todo el Congreso de Estados Unidos.

El mensaje a la nación del Estado de la Unión que dará el Presidente el próximo 30 de enero, será la última oportunidad de este gobierno para que salga con está estrategia en que todos ganan; y en cualquier caso, el Congreso debe adoptarla y hacerla ley. Sin eso, y sin la Glass-Steagall, pueden quedarse observando a la expansión explosiva de la gigantesca burbuja de deuda de Wall Street y su “ingeniería financiera” durante las próximas semanas y meses more, hasta que reviente y aplaste a la economía estadounidense.