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Trump en Asia; la perspectiva del Nuevo Paradigma en juego

9 de noviembre de 2017
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El Presidente Donald J. Trump y la primera dama Melania Trump visitan Corea del Sur; 7 de noviembre de 2017 (Foto oficial de la Casa Blanca, por Shealah Craighead).

8 de noviembre de 2017 — A pesar de todos los esfuerzos de los republicanos neoconservadores, de los demócratas de Obama y Hillary, y sobre todo de las redes de inteligencia británica y de Obama para sabotear la histórica visita del Presidente Trump a Asia, la gira diplomática hasta ahora luce prometedora ante el contacto de Estados Unidos con el nuevo paradigma de la humanidad que define la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, y con la posibilidad abierta de que se una.

El asesino judicial Robert Mueller llegó al extremo no solo de encausar al ex director de la campaña electoral de Trump (por asuntos que no tienen nada que ver ni con Trump ni con Rusia) apenas unos días antes de la gira programada a Asia, y ahora está filtrando a la prensa que supuestamente tiene evidencias suficientes para encausar al general (ret.) Michael Flynn, lo cual podría suceder precisamente cuando Trump esté reunido con Xi Jinping, o cuando se reúna con Vladimir Putin en las márgenes de la cumbre de la APEC en Vietnam, este próximo fin de semana. Lo que si es cierto, es que los medios noticiosos controlados por los golpistas van a intentar enterrar la realidad de los acuerdos que haga Trump en Asia, y le van a echar encima una montaña de noticias fraudulentas hechas en Londres, sobre el Rusiagate.

Pero la realidad está apabullando a los cuentos de hadas británicos. Ayer estuvo Trump en Corea del Sur, en donde expresó su optimismo de que la solución a la crisis con Corea del Norte está empezando a tomar forma, como resultado directo de China, la cual, dijo Trump, “está empeñándose a fondo para resolver el problema”, así como del respaldo similar proveniente de Rusia. Seguramente que esto causó una histeria entre los promotores de Mueller en Estados Unidos.

En China, el nuevo embajador de Estados Unidos, Terry Branstad, le dijo a la agencia noticiosa china Xinhua que hay un gran entusiasmo en ambos lados del Pacífico por la visita de Trump, y sentimientos profundos de que “puede ser algo histórico y muy importante”. Señaló que hay la intención de “adelantar la cooperación económica y la prosperidad tanto en Estados Unidos como en China”.

Mientras tanto, en Estados Unidos ambos partidos políticos dominantes están en un proceso de desintegración, algo a lo que Lyndon LaRouche ya le ha dado su beneplácito desde hace tiempo, y lo ha fomentado, por ser algo necesario para que la población pueda liberarse de la camisa de fuerza ideológica de la política partidista, y actúe en base a la verdad nada más. Desde 2004 LaRouche planteó, en el ensayo “Hacia un segundo Tratado de Westfalia: El mundo eurasiático venidero”, lo siguiente:

“En una crisis existencial, tal como la situación mundial presente, que tiene los mismos atributos o similares a los de una amenazada desintegración general del sistema, el peligro viene principalmente de la dirigencia que no rompe con las tendencias preestablecidas para la formulación de la política, la imposibilidad de romper con lo preestablecido, de la manera en que lo hizo el Presidente Franklin Roosevelt en su campaña electoral de 1932, y en el viraje que le dio a la política de Estados Unidos comenzando las primeras horas en su gobierno... El gran dirigente para un momento de crisis es uno cuyas decisiones rompen con las reglas, esas reglas corruptas que son la expresión pertinente de la corrupción esencial”. (Ver EIR, 7 de enero de 2005.)

Este podría ser el caso, posiblemente, con Donald Trump, quien ciertamente está rompiendo con las reglas corruptas de los dos partidos políticos controlados por Wall Street, se ha enfrentado a la dirigencia corrupta del Partido Republicano de la misma manera que con los residuos de la pandilla de Obama y Hillary en el Partido Demócrata, pero al mismo tiempo se ha mostrado dispuesto a trabajar con los pocos elementos honestos de ambos partidos. Como señaló Helga Zepp-LaRouche: Si Trump se une de lleno a la Nueva Ruta de la Seda, podría resultar en uno de los más grandes Presidentes de Estados Unidos.

Helga Zepp-LaRouche llamó la atención ayer a la ironía que se expresa en la crisis del Partido Demócrata. Ahí está la gente que grita con alaridos para denunciar la “dictadura” en Rusia y en China, que despotrican que Xi Jinping es el nuevo Stalin que le niega a la gente sus derechos políticos, y que fue electo solo por las élites. Todo eso deja de lado, por supuesto, el hecho de que tanto Putin como Xi Jinping gozan de un respaldo masivo de la mayoría abrumadora de las poblaciones de sus países. Y ahora, todo el mundo sabe (en parte gracias al libro revelador de la ex presidente interina del Comité Nacional Demócrata, Donna Brazile) que las élites del no tan democrático Partido Demócrata habían elegido a su candidato presidencial, Hillary Clinton de Wall Street, desde hacía más de un año antes de que se realizaran las elecciones primarias del Partido Demócrata y su convención, en la cual se supone que “el pueblo” elija a su candidato. Y fueron estas mismas élites “demócratas” las que sabotearon a todos los demás oponentes de Clinton. Suficiente ya con esa “democracia” de burlas.

Vivimos un momento preñado de la historia, un cambio de fase, en el cual se desintegra el viejo orden, pero el nuevo paradigma no se ha establecido todavía de manera plena. Puede ser una nueva era global de paz y desarrollo, o puede ser el derrumbe hacia una depresión y guerra. Puede ser una comunidad con un futuro compartido, como lo caracteriza Xi Jinping, o una Nueva Era de Tinieblas. En gran medida, el resultado depende de cada individuo, cada cual que en un momento de cambio drástico, tiene el poder de mover la historia, si deciden actuar de acuerdo a su verdadera humanidad.