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Declaración del Comité de Acción Política LaRouche: No más Houstons. Lyndon LaRouche dice lo que tiene que suceder “ahora mismo”.

2 de septiembre de 2017
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Inundaciones causadas por el huracán Harvey cerca del centro de Houston. 27 de agosto de 2017 (Youtube Screengrab / Evan Mallett)

31 de agosto de 2017 — La catástrofe en Texas es un desastre provocado por el hombre, consecuencia de la negligencia criminal de los funcionarios electos de este país, quienes han seguido apoyando la economía especulativa y las ambiciones imperiales de Wall Street, alegando al mismo tiempo que la nación no puede darse el lujo de reconstruir y reemplazar su anticuada y deteriorada infraestructura económica. Por tercera vez desde el 2005, importantes ciudades estadounidenses se han visto inundadas y su población devastada porque se han ignorado y desechado los planes para construir nueva infraestructura para proteger a la población, para lo cual se necesita una inversión de decenas de miles de millones de dólares. El huracán Harvey ahora se perfila como el mayor desastre nacional en la historia del país y es un desastre que no debió haber ocurrido.

En el 2005, 2,000 personas perdieron la vida a causa del huracán Katrina que ocasionó pérdidas económicas de $130 mil millones de dólares. Solo después, lentamente, se comenzó a construir una nueva infraestructura para el control de inundaciones y compuertas de marea –-por fin— para Nueva Orleans, al un costo de una fracción del costo humano y del costo monetario del daño causado por la tormenta. ¿Cuántas muertes innecesarias y cuánto sufrimiento pudo haberse evitado con este Proyecto?

Cuatro años más tarde, la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles se reunió en Manhattan para hablar sobre varias opciones de diques de protección contra una tormenta para la región de la Ciudad de Nueva York. El estimado para la más grande de estas era de $9 mil millones de dólares. El gobierno decidió no hacer nada. Luego, en el 2012 la súper tormenta Sandy se tomó la vida de más de 100 personas y causó pérdidas económicas por $65 mil millones de dólares. Los residentes de la zona de Nueva York atraviesan ahora por un “Invierno infernal”, luego de que el centenario sistema de transporte regional, que se inundó y sufrió grandes daños hace cinco años, tampoco lo repararon ni lo sustituyeron en el tiempo necesario.

No se conoce todavía a cabalidad el enorme sufrimiento económico y humano causado por el huracán Harvey en la región del Golfo en Texas y Louisiana, y va a aumentar en magnitud en tanto las aguas retroceden; pero lo que sí se sabe desde hace muchos años es que las ciudades del Golfo de Texas son proclives a las inundaciones, y se han inundado muchas veces. Sin embargo, no se ha construido se ha construido infraestructura para control de inundaciones ni para protección de tormentas, desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. Se habían elaborado planes para un nuevo sistema para la zona de Houston, pero se llegó a la conclusión de que los $25 mil millones de dólares que costaba era “demasiado alto” para las agencias y nuestros funcionarios electos dominados por Wall Street. Ahora se han perdido cientos de miles de millones de dólares y vidas humanas preciosas.

Todas estas catástrofes, y otras del período reciente, se podían haber evitado con una fracción de su costo eventual en riqueza perdida, ni que decir sobre la pérdida de vidas. Los medios de comunicación le insisten a los estadounidenses que los desastres ocurridas a las ciudades son causa de de sus muy particulares hábitos económicos, el lugar que escogieron, sus disputas jurisdiccionales, el pasar por alto el cambio climático, o ¡por vivir demasiado cerca del agua! Todas estas son tonterías. No se debe permitir ya nunca más que Wall Street siga dictando la política económica de Estados Unidos, luego de haber sido subsidiados repetidamente con rescates de millones de millones de dólares, sin que hayan mostrado nada a cambio que no sea el empobrecimiento cada vez mayor del pueblo estadounidense.

“¡La nación pide acción, pero ya!”, según las palabras del Presidente Franklin Roosevelt. Durante su Presidencia, y a los largo de la década de 1940, la nueva infraestructura para prevenir tales “desastres naturales” –-como la Comisión del Valle del Tennessee (AVT)— se financió con crédito público, como el de la Corporación Financiera para la Reconstrucción y la Works Progress Authority (Comisión de fomento de obras).

La inundación de las ciudades del este de Texas a causa del huracán Harvey debería servir como alarma nacional que termine con 70 años en los que el país no haya tenido ninguna institución de crédito como esas.

Se necesita un cambio de rumbo

El 30 de agosto Lyndon LaRouche hizo un llamado para realizar “un cambio de rumbo” en la política, “pero ya”. Propuso la creación inmediata de una nueva institución de crédito nacional, para la inversión en nueva infraestructura de alta tecnología, como la que utilizó el Presidente Franklin Roosevelt cuando se construyó la inmensa mayoría de nuestra infraestructura actual. No hay alternativa a la creación de una institución de crédito nacional, como fue la que utilizó Alexander Hamilton y en consonancia con nuestra Constitución, para financiar los billones de dólares que es necesario invertir en nueva infraestructura.

También tienen que tomarse medidas para restablecer la separación bancaria que estipula la Ley Glass-Steagall de inmediato, en tanto que se avecina una nueva crisis financiera y continúa la especulación de Wall Street que impide que hayan inversiones verdaderamente productivas. El haberle permitido a Wall Street que eliminara la Ley Glass-Steagall en la década de 1990, nos llevó a un crac en el que se perdieron $10 billones de dólares en riqueza económica, y que causó un desempleo masivo, y la perdida y reducción incalculable de vidas humanas.

LaRouche insiste en que se deben implementar ya sus “Cuatro leyes económicas para salvar a la nación”, si es que el país va a recuperarse de la devastación ocasionada por el huracán Harvey y para evitar desastres similares, a consecuencia de nuestra descompuesta economía física que es hoy una bomba de tiempo:

· Restablecer la Ley Glass-Steagall para disolver a Wall Street y a su poder.

· Crear instituciones de crédito nacional basadas en la Corporación Financiera para la Reconstrucción de Franklin Roosevelt y los bancos nacionales de Alexander Hamilton.

· Invertir el crédito en nueva infraestructura de tecnologías de punta, como los ferrocarriles de alta velocidad, tecnología de energía de fisión de cuarta generación y de fusión, y protecciones modernas contra tormentas y sistemas de gestión de aguas;

· Adoptar un “programa de emergencia” de fusión termonuclear; llevar a cabo una gran expansión en la exploración espacial de NASA que de impulso a la productividad y al empleo productivo.

Se arraiga un nuevo paradigma

La Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, un programa internacional de nuevos “puentes terrestres” ferroviarios y grandes proyectos de desarrollo de infraestructura, ofrece una cooperación inmediata de emisión de crédito y construcción de una nueva infraestructura en Estados Unidos. Esta iniciativa está caminando ya con la construcción de grandes proyectos que desde hace mucho tiempo se han identificado como esenciales, tales como el Canal de Kra en el Sudeste de Asia y la recarga del lago Chad al sur del Sahara africano, proyectos que han sido impulsados por mucho tiempo Lyndon LaRouche y su esposa, Helga Zepp-LaRouche.

Helga y Lyndon LaRouche están liderando una movilización nacional que está centrada en llevar al Presidente Trump a que integre a Estados Unidos como parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, iniciada por China, para construir nueva infraestructura a nivel mundial. Esa iniciativa en la que “todos ganan”, y la participación de Estados Unidos en sus proyectos mundiales, al mismo tiempo que construye su propia infraestructura, significa el renacimiento de Estados Unidos como potencia industrial.

El 26 de agosto, Helga Zepp-LaRouche dio un discurso en Manhattan en una conferencia sobre el estado de emergencia de la infraestructura en Estados Unidos, en donde hizo esta propuesta:

“Solo piensen en el enorme potencial que se abre si Estados Unidos llega a cooperar con la Iniciativa de la Franja y la Ruta”, le dijo Zepp-Larouche a los presentes en la conferencia. “Creo que es realmente importante imaginar un sistema completamente diferente. Si Estados Unidos hiciera hoy lo que hizo Franklin D. Roosevelt —un Nuevo Trato, la Glass-Steagall, cooperación con China— Estados Unidos podría experimentar una revolución industrial mucho mayor que ninguna ocurrida durante toda su historia. La gente solo tiene que imaginarse que nos encontramos ya al final de un sistema, un sistema que no se puede salvar. Tenemos que reemplazarlo con un sistema completamente nuevo, y a la mayoría de las personas les es difícil imaginarse algo así, pero existen ejemplos de cambios como ese. Por ejemplo, el Plan Marshall en Europa fue uno de esos cambios, y la Restauración Meiji en Japón fue también otro ejemplo; lo que hizo el Presidente Franklin Roosevelt con el Nuevo Trato. Así que la gente solo tiene que pensar que hoy tales cambios dramáticos son absolutamente posibles”.

LaRouchePAC asumió la responsabilidad de llevar al Presidente Trump y al Congreso hacia esta dinámica. Sin embargo, esta es también la responsabilidad de todos los estadounidenses que se ven a sí mismos como ciudadanos; quienes de forma activa han venido respaldando al Presidente, o que han respaldado al senador Bernie Sanders; quienes asqueados de la manipulación y de la continua manipulación de las elecciones no le dieron su respaldo a ninguno, pero que han querido que haya un cambio drástico ante la desindustrialización y las políticas de especulación de Wall Street que reinan en este país; también quienes conocen personas que fueron asesinadas o que quedaron sin vivienda y empobrecidos por los “desastres naturales” inducidos por Wall Street. Todos deben actuar ya y hacer que sus voces sean escuchadas.

Porque ser testigo de lo que le está pasando a grandes ciudades de Estados Unidos, lleva a cualquier persona cuerda a la misma conclusión: no hay otra alternativa.

Llamado al Presidente Donald Trump: Investigue la subversión británica en Estados Unidos
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