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Un cuento de dos mundos

29 de agosto de 2017
Elementos de la Guardia Nacional de Texas rescatan a un residente con un bote durante la inundación causada por el huracán Harvey en Houston, 27 de agosto de 2017. Foto de la Guardia Nacional por el teniente Zachary West.
Elementos de la Guardia Nacional de Texas rescatan a un residente con un bote durante la inundación causada por el huracán Harvey en Houston, 27 de agosto de 2017. Foto de la Guardia Nacional por el teniente Zachary West.

29 de agosto de 2017 — Como escribía Charles Dickens en Un cuento de dos ciudades: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la era de la sabiduría, era la era de la necedad, fue la época de la creencia, fue la época de la incredulidad, fue la estación de la luz, fue la estación de la oscuridad, fue la primavera de la esperanza, fue el verano de la desolación”.

Hoy no se trata de dos ciudades, sino de dos visiones del futuro de la humanidad, y de la naturaleza fundamental del hombre.

El mundo observa la devastación en Houston, un desastre natural, por supuesto, pero que se encontró con “gente pequeña” (como decía Schiller de la población francesa en la época del cuento de Dickens), que ha permitido que se deteriore la infraestructura de la nación al punto del colapso. Houston es una ciudad que de manera notable no estaba preparada para enfrentar las inundaciones de las tormentas anuales regulares, mucho menos huracanes o la actual inundación de mil años. Ya en el 2012, la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles le había dado a la ciudad una calificación de “reprobada” en su informe sobre control de inundaciones. Las dos presas de control de inundaciones para Houston, ambas a punto de derramarse o de colapsar incluso en la tormenta actual, fueron construidas en la década de 1940 y ya hace 20 años que cumplieron su vida útil esperada.

Pero en esencia, Houston no es diferente a cualquier otra parte de estos Estados Unidos. La ciudad más grande, Nueva York, está pasando por una desintegración general en sus sistemas de transporte, saneamiento, agua y más, una realidad que abordó el 26 de agosto el foro del Instituto Schiller en Manhattan. El déficit de infraestructura ha creado un barril de pólvora debajo de todo el país, que solo necesita un chispita para hacerlo estallar, como lo vimos con el huracán Katrina en Nueva Orleans, con la supertormenta Sandy en la Ciudad de Nueva York, o con la sequía del suroeste.

Por otro lado, la visión de “la primavera de la esperanza” en el mundo se está convirtiendo en una realidad, en tanto que la Nueva Ruta de la Seda está llevando la infraestructura a gran escala por toda Asia, África e Iberoamérica, infraestructura que se les había negado durante toda la época colonial y postcolonial. En particular, dos de los Grandes Proyectos propuestos por Lyndon LaRouche durante las últimas décadas —el Canal de Kra en el sur de Tailandia, y el reabastecimiento del casi agotado Lago Chad en África mediante el desvío de agua desde el Congo— están ahora a punto de hacerse realidad. Estos proyectos tuvieron la feroz oposición de las antiguas potencias colonialistas, y todavía tienen oposición en occidente bajo las guisas fraudulentas del daño ambiental o de la nula rentabilidad. En ambos Grandes Proyectos, el papel de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, es la fuerza motriz fundamental, ya que no ve a la humanidad como súbditos de una oligarquía, sino como la razón de la existencia de los gobiernos.

¿Por qué no pueden Estados Unidos y Europa participar en este proceso de desarrollo que está cambiando al mundo? El único motivo es que se mantiene el poder del quebrado imperio financiero con centro en Londres y en Wall Street. La degeneración del sistema bancario occidental en un extenso casino de apuestas, que solo está dispuesto a “invertir” en orgías especulativas, ocasiona cada vez mayores daños a la economía física y a los niveles de vida del 90% de la población de menores ingresos. Esta es la realidad que condujo a la elección de Donald Trump. Esta es la realidad que sigue empujando el golpe de Estado en marcha contra él, dirigido por las potencias de Londres y de Wall Street y sus líderes políticos serviles que les pertenecen totalmente, así como los medios prostituidos. “No se debe permitir que Estados Unidos se una a la Nueva Ruta de la Seda”, braman los actuales Ozymandias del poema de Shelley. “El gobierno no debe interferir en Wall Street”, dicen estos. “Estados Unidos se debe preparar para la guerra con Rusia... Mi nombre es Ozymandias, Rey de Reyes; Ved mis obras, poderosos y desesperad!”

Houston debe servir como un llamado de atención. Por supuesto, el pueblo de Estados Unidos despertará de su letargo para ayudar a la gente de Houston en su desastre, pero también tienen que actuar, finalmente, para restaurar el Sistema Americano, para exigir que se ponga fin al casino mundial, y para exigir la creación de un sistema crediticio hamiltoniano, de inmediato, para generar el crédito necesario para reconstruir las ciudades al nivel moderno, las redes de transporte, los sistemas hidráulicos, la generación de energía, las escuelas y los hospitales. Como dijo Helga Zepp-LaRouche en el foro de Manhattan sobre la crisis de infraestructura este sábado 26, “¿Por qué no construir 50 ciudades nuevas?” China lo ha hecho, y lo está haciendo por todo el mundo a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Estados Unidos puede, y debe unirse.